Javier Cercas: «El ansia extrema de libertad puede llevar a acabar con la libertad de otro»

El escritor acaba de ganar el premio Planeta con una novela sobre un caso de asesinato llevado por un mosso d'esquadra en la que el procés es una presencia indirecta

Cercas, con el premio Planeta por su novela
Cercas, con el premio Planeta por su novela

Barcelona / Enviado especial

A las ocho de la mañana de este miércoles Javier Cercas (Ibahernando, Cáceres, 1962) apenas ha dormido dos horas y guarda discretamente el trofeo que le hace acreedor del premio Planeta 2019 en una bolsa de tela, pero la falta de sueño no le ha restado entusiasmo a la hora de hablar sobre Terra alta, un thriller protagonizado por un mosso d’esquadra.

-Usted suele decir que las novelas tratan de responder a una pregunta y que la respuesta es el propio libro. ¿Cuál es esa pregunta en este caso?

-Esa es una buena pregunta. En este caso es muy evidente porque estamos ante una novela típicamente policial, por lo que la pregunta tiene que ver con la resolución de un asesinato. La cuestión es qué hay involucrado, como ocurre siempre en mi visión de las novelas. Don Quijote está loco o no involucra muchas cosas. Josef K es culpable o no involucra muchas cosas. Yo creo que aquí lo que está involucrado fundamentalmente es la cuestión de la justicia. Una cosa que nunca me había salido de las tripas y que aquí ha salido. Tiene que ver con los límites de la justicia. El protagonista es un tipo sediento de justicia, hasta un punto extremo. ¿Cuándo una virtud deja de serlo y se convierte en un problema? Está relacionado con la legitimidad de la venganza, con el valor de la ley. Y la resolución del asesinato, de la pregunta anecdótica involucra todas estas cuestiones.

-Palabras hermosas como justicia pueden dar a otras más negativas, como justiciero.

-Absolutamente. Exacto. Lo bueno llevado al extremo puede acabar siendo malo. Y creo que eso es algo que aprende el protagonista, a su costa, en la novela. Es así. Hay un personaje que dice que «la justicia más absoluta puede ser la más absoluta de las injusticias». Y eso vale para todo. Los valores son así: el ansia de libertad puede acabar con la libertad del otro. Significa que no puedes apostarlo todo a una sola cosa porque entonces acabas destruyendo en eso que crees. Lo descubre el protagonista de la novela, por el que siento un afecto que nunca había sentido.

-¿Qué implica que sea un mosso y no policía o guardia civil?

-Bueno, es una elección que viene motivada no por mí, sino por la realidad. Que sea un mosso casi no se menciona en la novela, pero es importante. Me he molestado en conocerlos, no escribo sobre algo sin conocerlo lo mejor posible. Dado el hecho de que esos policías en Cataluña se han visto sometidos a unas brutales tensiones estos años, es un hecho importante. Este tipo se mete ahí porque es la primera oportunidad de ser policía, que es lo que quiere. La literatura, que le salva la vida, es lo que lo lleva a ser policía, a través de un libro concreto, Los miserables, que lee en la cárcel muy joven. Descubre su vocación y una sed salvaje de justicia. Las circunstancias históricas han llevado a que ese cuerpo de policía aquí tenga determinadas connotaciones. Pero también te puedo decir que esta gente ha sufrido mucho. Y está sufriendo.

-Ya ha dicho que no es una novela sobre el próces, ¿pero puede ser que haya colocado la historia a modo de espejo en un ángulo indirecto que nos da otra perspectiva de la realidad, más matizada que la imagen frontal?

-Lo que quería decir, y que todavía no sé explicar bien, es que era inevitable, que este libro tuviera que ver con esto, aunque no directamente, como tú muy bien has dicho. No es un libro que trata del procés como Anatomía de un instante trataba del 23F o la Transición. Aquí está abordado elípticamente. Las ficciones no son exactamente mentiras pero se les parecen bastante. A través de esas cosas que nunca ocurrieron podemos entrarle a la verdad por un ángulo distinto y tal vez más iluminador. Para eso sirve, entre otras cosas, la ficción. Cuando yo escribía el libro quería estar en una especie de cámara acorazada respecto a lo que ocurría fuera, pero, una vez lo acabé, me di cuenta de que no era así. El modo en que yo viví aquello está aquí, de forma indirecta.

 «La clave de la perdurabilidad de una obra es la ambigüedad»

Cercas compara una novela con una partitura en la que el autor pone una mitad que luego completa el lector con su interpretación personal.

-En tiempos de Bach, por ejemplo, las partituras eran anotaciones de trabajo, lo que ahora suscita debates sobre su interpretación, pero a partir del XIX los compositores cifran minuciosamente su obra y cómo debe ser ejecutada. ¿Le tienta ser igual de explícito o prefiere dar libertad para interpretar?

-Mi ignorancia musical no me permite hacer una comparación muy precisa. Lo que sí puedo decir es que la garantía de la perdurabilidad de una obra, de que se va a seguir leyendo en el tiempo, es su ambigüedad. Sin ella, no hay literatura, porque es el espacio que le entrega el autor al lector para que haga esa obra suya. Para que se meta ahí y, con su experiencia, la haga suya. Sin ambigüedad no hay gran literatura. un clásico es un libro que no ha dejado de decir lo que tiene que decir, dice Italo Calvino, que es una definición que me gusta mucho. Pero para eso es necesario que haya ambigüedad. Y Don Quijote está loco y está cuerdo, unas veces una cosa y otras veces otra. Y es ridículo y es heroico. Y Sancho, y Hamlet... Sin ambigüedad, las novelas están cerradas. Y si una novela está cerrada, se acabó, ya no la vuelves a leer. Entonces, el trabajo de un escritor consiste en construir ese espacio de ambigüedad, para que el lector pueda hacer suya la novela. Pero ambigüedad no significa indeterminación. El lector no interpreta lo que le da la gana, lo hace dentro de unas coordenadas que el escritor le da. Esto no me lo planteo cuando escribo, es algo posterior.

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