Los Nobel a Tokarczuk y Handke cierran el «annus horribilis» de la academia sueca

La autora polaca y el escritor austríaco se alzan con los premios de los años 2018 y 2019, en una designación que busca la igualdad de género

Peter Handke y Olga Tokarczuk
Peter Handke y Olga Tokarczuk FACUNDO ARRIZABALGA | Efe

La escritora polaca Olga Tokarczuk (Sulechów, 1962) y el escritor austríaco Peter Handke (Griffen, 1942) se alzaron ayer con los dos premios Nobel de Literatura que se concedían este año, respectivamente los del 2018 y el 2019. Se había hablado mucho de que en tiempos del #MeToo —y después de la catástrofe mediática que supuso que se descubriese que había un abusador y violador manejando asuntos internos de la Academia Sueca, Jean-Claude Arnault, esposo entonces de una académica— lo adecuado era que los dos premios a otorgar fueran para sendas mujeres escritoras.

Al final la designación del jurado confirma su sentido de la mesura y el respeto a la igualdad de género, de paso que ofrece de nuevo la idea de que una institución tan venerable como esta no se casa con nadie. Y da lo mismo si se ha renovado el comité de elección, dando entrada a personas ajenas a la entidad y, de paso, se incorpora alguna mujer más.

El veredicto replica el mecanismo de funcionamiento que ha hecho impenetrables las decisiones de la Academia Sueca —salvo por las filtraciones interesadas del señor Arnault—, que ha combinado y alternado la rotación de los grandes idiomas con la selección de autores de culto, de lenguas minoritarias, y de nombres más populares y consagrados y de figuras de demostrada carga política. Quizá por razones similares evitó la Academia el universo anglosajón, que aportaba nombres clave como Richard Ford, Barnes, Anne Carson, DeLillo o Atwood, entre otros favoritos. La cuota estaba saturada en cuanto que los últimos galardones otorgados eran los de Dylan (2016) e Ishiguro (2017).

La Academia Sueca da carpetazo así a su «annus horribilis» con dos creadores que asumen el marchamo del autor ya clásico, en el caso de Handke, con una literatura para gourmets, no siempre accesible para el lector que no esté dispuesto a un cierto compromiso, ya que sus textos exigen inclinación a la reflexión —con el lápiz en la mano— y ganas de penetrar un mundo muy personal, a veces abstruso, neblinoso, germánico, vamos. Y en la otra banda, Tokarczuk, una escritora más joven de la que —pese a haber ganado el Man Booker International y ser finalista del National Book Award en la categoría de libros traducidos— solo consta un libro publicado en español, Sobre los huesos de los muertos, una obra que además fue llevada al cine en el 2017 por Agnieszka Holland.

«¿Quiere que hablemos sobre los libros de la señora Tokarczuk? Pues he intentado leerla, pero nunca he terminado». Así valoraba su candidatura al Nobel hace unos días el ex viceprimer ministro y ministro de Cultura polaco, Piotr Glinski, lo que —dado el signo ultraconservador del Gobierno y sus ideas sobre la Justicia— es un signo esperanzador en lo literario y apuntala un argumento político en la designación de la Academia, que sabe de la posición contestataria de Tokarczuk y los problemas que esto le acarreó en su país, donde ya la acusaron de antipatriota. ¿Quién sabe? Ojalá termine siendo una nueva Szymborska.

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