Abraham Boba: «Quizá es algo esóterico y pasado de moda, pero yo aún creo que la música te puede salvar»

El vigués lidera León Benavente, una de las bandas clave del rock alternativo nacional. Acaban de editar «Vamos a volvernos locos», un tercer disco que canta a la soledad urbana y la insatisfacción crónica de toda una generación

LEÓN BENAVENTE
LEÓN BENAVENTE

redacción / la voz

León Benavente son una anomalía. Un grupo español que bebe de fuentes como Neu!, The Cure o Lagartija Nick no apunta normalmente a la viabilidad comercial. Pero aquí ha ocurrido. «Nosotros no hacemos música experimental ni de vanguardia, pero no creemos que sea accesible. Yo siempre pienso en Radio Futura. Eran un grupo muy arriesgado y tuvo mucho éxito. Todo se debe a canciones que transmiten», explica su vocalista Abraham Boba (Vigo, 1975). Acaban de lanzar Vamos a volvernos locos, su tercer álbum. Lo presentarán en Galicia a finales de año (A Coruña, Teatro Colón, 19 diciembre).

-¿Después de tres discos con un sonido consolidado, podríamos decir que León Benavente es un grupo con fórmula?

-Más que fórmula me gustaría llamarlo personalidad o identidad, porque las fórmulas en la música no funcionan nunca. Además, uno de los objetivos que teníamos al hacer este disco era no tirar de fórmulas o de tipos de canción que ya habíamos usado en otros momentos. Prefiero puntualizarlo. 

-No es algo negativo. Los Ramones también eran un grupo con fórmula.

-Sí, un sonido propio y una personalidad. Prefiero decirlo así 

 -Dice que tenían ganas de cambio. ¿Qué buscaban? ¿Variar el sonido? ¿Tratar otros temas en las letras?

 -Un poco todo. Avanzar en definitiva. Los trabajos los solemos exprimir bastante. El disco anterior, por ejemplo, nos sirvió para girar más de dos años con él. Cuando paras para vaciar y volver a hacer algo, siempre quieres recorrer caminos nuevos e intentar sorprenderte en cada momento que estás en el proceso creativo. Esta era la manera: mantener un discurso coherente respecto a de dónde veninos, pero también con nuevos planteamientos, tanto a nivel musical como a nivel lírico. Buscábamos mayor concreción y creo que este disco es más concreto que los dos anteriores. 

 -En las letras resulta obvio: ¿cree que son más fáciles de etender ahora que antes?

 -Puede ser. Hay canciones como Como la piedra que flota, que tienen un lenguaje más poético. Pero en el fondo siempre está la idea de no rebuscar demasiado en las palabras e intentar que sí, que se entienda a la primera.

-¿Querían quizá tratar en este disco la soledad urbana?

-Sí, hablar sobre todo la insatisfacción de los tiempos que vivimos. No es un disco que trate sobre un concepto, pero sí que hay un hilo de fondo que tiene que ver con esa idea: ese desasosiego de puertas para dentro.

-Seguramente, la música que escuchaba a los 20 años hablaba de la angustia. ¿Veinte años después todo sigue igual?

-No me gusta mucho remitirme a las frases del disco, pero hay una que dice: «Esto que nos han vendido no sabemos lo que es». Tiene que ver con las esperanzas que uno va generando y cómo ve que el tiempo pasa buscando algo que ni siquiera sabes lo qué es. Es aquello que decía John Lennon: «La vida es eso que pasa cuando haces planes».

-Y todo ello retransmitido por las redes sociales con una careta de una falsa felicidad.

-Claro, la idea de las nuevas formas de comunicación sobrevuela el disco. O de incomunicación, mejor disco. Es una especie de placebo de este siglo.

-¿Qué papel tiene la música ahí? ¿Otro placebo o algo real?

-A mí la música me ha servido para tantas cosas... Haciéndola y como oyente. En este segundo papel intento no perder la capacidad de emocionarme cuando escucho disco que me gusta y cuando descubro gente nueva. Es algo casi esotérico y quizá pasado de moda, pero yo creo que la música te puede salvar en muchas ocasiones. Ahora dudo que pueda transformar cosas pero, desde luego, a nivel interno nos sirve para muchas cosas, para crecer y poder vivir.

-En el disco anterior se preguntaba si aún sentía cosas escuchando a The Smiths o The Velvet Underground. ¿Se sigue haciendo esa pregunta?

-Sí, claro. Las sensaciones que me genera la música me lleva a tiempos y a emociones pasadas. Parece que, con el transcurso del tiempo, tu razón se va enfriando. Hay que estar atentos a eso, porque es algo que se debe mantener para seguir viviendo.

-En «La canción del daño» habla de un sensación curiosa: esa especie de placer que generan algunos temas que, en realidad, hablan de lo mal que te sientes.

-Buscaba eso. A veces hay cierta forma de regocijo en el dolor que creo que también es una forma de sentirse vivo. Pienso que no hay que perderlo, un poco en contraposición a eso que decías, de que hoy en día todo tiene que ser felicidad, aunque sea impostada. La manera que muchas veces tienen las canciones de acercarse a esa sensación de que te pueden saltar las lágrimas en cualquier momento a mí me ha llegado. En momentos bajos escuchas determinadas canciones que, lejos de alegrarte el día, te lo van a oscurecer más. Y te hacen sentir vivo.

-¿Y esa canción del daño existe?

-Existen muchas de ese tipo, no una concreta. Unas cuantas de Leonard Cohen, por ejemplo.

-Van a tocar en Galicia a finales de diciembre en un teatro. Es un espacio en principio extraño para su arrebato. ¿Sienten esa misma extrañeza?

-En la gira anterior hicimos algunos conciertos en teatro y, bueno, es una sensación distinta. Aunque también es cierto que, en cuanto empezábamos a tocar, la gente se levantaba y ya prácticamente no ocupaban las butacas en ningún momento. Eso también es bonito. Pero en el caso concreto de esta gira, que sigue el repertorio del nuevo disco, sí que da para que siga ese componente salvaje del escenario de León Benavente, aunque dentro de una montaña rusa de diferentes emociones. Dentro de un teatro y sentado, creo que puede ser toda una experiencia.

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