Álex Cooper: «Cuando tienes la sensación de ser de otra época creo que lo mejor es dejarlo»

El leonés, que se halla en una gira de despedida validando su condición de referente pop nacional, dará el próximo sábado su último concierto en Galicia


redacción / la voz

Ha llegado el momento del adiós. Tras un pase en Marín este verano, Alejandro Díez -el músico que lideró Los Flechazos entre los ochenta y noventa y Cooper en lo que va de siglo XXI- da esta semana su último concierto en Galicia. Será el 5 de octubre en la sala Pantalán de A Coruña dentro de Vibra Mahou. Es su particular cuenta atrás que concluye el 9 de noviembre en Madrid.

-Revisando las últimas entrevistas percibo en usted un tono un poco triste, dando a entender que que ya no había sitio para Cooper y que asumía que se tenía que detener el proyecto. ¿Es un momento malo?

-Yo estoy muy contento. Atravieso un momento muy feliz y no siento esa tristeza. Lo que pasa es que cuando me preguntan cuáles son las razones de parar y retirarme, esas razones no son divertidas. Es decir, no dejo la música porque me haya tocado la lotería o algo así [risas], sino porque se termina una etapa. Siempre que se acaba algo queda un poco de tristeza, pero yo no tengo ninguna amargura ni nada. Todo lo contrario. Yo ahora siento agradecimiento e ilusión por las cosas que van a venir en adelante. Pero hay que explicar qué es lo que pasa.

 -¿Y qué es lo pasa?

-Que llevo 35 años actuando, grabando discos y tocando. Son demasiados. No hace falta más. Podría seguir, como tanta otra gente, pero no quiero eso para mí. Pero esto me lo he planteado como una celebración. Cada concierto es una fiesta y no tengo sensación de tristeza. Lo único que hay flotando en el ambiente es la sensación de que este grupo hubiera merecido otra suerte. Eso sí que es verdad, no te lo voy a negar. Por el trabajo, la ilusión y la categoría de la obra que ha quedado pienso que debería haber tenido otra trascendencia. Pero eso ya no está en tu mano. ¿No ha pasado? Pues no ha pasado. Vamos a recuperar todo lo bueno que sí ha pasado, que ha sido muchísimo. 

-Cuando uno toma esas decisiones suele notar un gran desahogo. 

-Si recuerdas, en el documental El regalo yo decía que me estaba haciendo un regalo en el final de mi carrera. Hace ocho años de aquello. He alargado mucho esto y he sentido que estaba jugando la prórroga mucho tiempo. En mis compañeros de generación veo cosas que no quiero ver en mí mismo. No me apetece hacer lo que hacen los demás, nunca lo he hecho. Tuve la sensación de que se había terminado todo con Mi universo. Luego, surgió la oportunidad de hacer un minielepé y fuimos adelante. Después nos liamos para este último disco, Tiempo, temperatura, agitación [2018]. En cierto modo, fue decepcionante. Y entonces no tenía sentido seguir. Pero todo de una manera natural. 

 -En el documental que cita expresaba dudas sobre si la gente entendía lo que hacía, si iba a tener recorrido… Parecía que ahí se estaba haciendo un punto de inflexión. ¿Estaba pensando ya en la retirada?

-Sí, pero al celebrar los 30 años de Viviendo en la era pop y ver la reacción de la gente me ilusioné más de la cuenta. Había la idea de que me podía reenganchar un poco más. Entonces hice este disco, que tenía mucho que ver con lo que se había vividio en la gira del 2016, utilizando teclados y metales con la idea de alargar la fiesta. Y no funcionó como yo hubiera pensando. De todas formas, mi sensación no es solo musical, sino vital. Salgo a la calle y no veo a mucha gente vestida como yo. Tampoco pensando como yo. Antes sí que lo veía. Antes me sentía más integrado de la realidad que me acogía. Me sentía partícipe y con capacidad incluso de modificarla. También me ocurre lo mismo en los festivales y las revistas, donde cada vez salen menos grupos que me interesen. Siento que lo mío es más de otra época y, cuando tienes esa sensación, creo que lo mejor es dejarlo. La otra opción sería acoplarme a lo que hay ahora, a ver si cojo la ola que me podría llevar a la orilla. No tengo ganas. No me apetece.

-Ese desencanto se intuía en «Mi universo» de un modo más solemne. También en la canción «Hipsters» con un toque de humor. ¿Se veía como una rara avis que cada vez era más rara?

-Sí, aunque desde que tengo 16 años siempre me vi así. Quizá antes me pesaba menos y ahora se mezcla con la falta de ambición a la hora de encarar el trabajo de un músico. Hay una sensación de deja vu que es importante. Busco cosas nuevas y esas cosas nuevas no están dentro de hacer canciones. Las mejores ya las he hecho. Hay que ser consciente de cuando has dado lo mejor para no volverte loco reverdeciendo laureles que nunca van a volver a reverdecer. Todo el mundo a mi alrededor dice que no, que aún quedan cosas por hacer. Pero la última canción que hice fue Telarañas para cerrar el disco y fue hace año y medio. Desde entonces no compongo, ni ganas que tengo.  

 -¿Cuándo nota que el pop de este momento no es el suyo?

-El año pasado había un grupo, que ahora lo está petando, probando sonido en un festival. Con la mejor de las intenciones y mi actitud más positiva me puse en el escenario a escuchar su prueba, para encontrarle la gracia a un repertorio que a mí no me decía gran cosa. Entonces el cantante probó la voz con una canción de la Pantoja. Dije: «¿Qué es esto? ¡A la mierda! Yo me vuelvo a mis discos de los Kinks» [risas]. No voy a desperdiciar ni un minuto más en intentar entender esta bazofia. No tiene sentido. Me da igual que le guste a todo el mundo.

-Dice que su último disco ha sido una decepción. ¿Qué ha pasado?

-Tiene canciones que son de las más potentes del repertorio Cooper en tiempo, pero han quedado veladas por cómo han llegado a la gente. No estoy de acuerdo con la producción. Cuando estás metido en la vorágine de que el disco sale en tal fecha y que hay que tocar porque la gira está preparada, es muy difícil echar atrás y volver a grabarlo. Era un disco correcto, las canciones estaban bien y podía pasar. Las críticas fueron buenas, pero pasó como un disco más. Yo había puesto mucho de mí en esa grabación pero fue decepcionante el resultado técnico y su difusión. Hicimos una presentación en Madrid y no vino ningún medio de comunicación. Eso indica claramente que la gente tiene la atención fijada en otras cosas.

-Voy a plantearle algunos supuestos «errores» que ha cometido en su carrera. Hay quien piensa que, de no ligar tanto Los Flechazos a lo mod y exponerse como un grupo pop sin más, quizá podrían haber tenido una proyección mucho mayor. Como la de Los Sencillos, por ejemplo. ¿Qué piensa?

-Ya, pero es que soy lo que soy. He sido mod toda mi vida y Los Flechazos nacieron con esa intención y con mucho orgullo. No me parece un error. De hecho, creo que una de las razones por las que la música de Los Flechazos ha sobrevivido con buena salud al paso del tiempo es por haber pertenecido al ideario mod.

-¿No fue otro supuesto error no abrazarse al «brit-pop», dándole a Los Flechazos más desaliño «indie»?

-Ummm… Cuando fue la explosión del brit-pop nos metimos de cabeza. Elena y yo fuimos al primer concierto de los Charlatans en Madrid y el público nos decía que qué pintábamos allí. Estuvimos en el primer concierto en España de Ocean Colour Scene y el primero de Paul Weller. Tocamos com Supergrass y Echobelly en el primer FIB. Estuvimos en primer línea de todo eso. De hecho, cuando grabamos y editamos Días grises [1996] teníamos muy claro que era nuestro momento. Después de mucho tiempo la música que se escuchaba a nivel mundial tenía mucho que ver con lo que hacíamos nosotros. Por eso editamos a toda velocidad un minielepé. Aparte de que nos gustaba mucho el formato, que me recordaba mucho a mi juventud y el disco quería expresar ideas muy juveniles, también era porque solo teníamos seis canciones y no queríamos desaprovechar el momento en el que estaban sonando los Bluetones, Suede y todo aquello. Si no suena más a eso es porque no supimos hacerlo más cercano. Yo recuerdo ir a Track con discos de referencia para el técnico de sonido y decirle que no queríamos sonar a ochentas. El decía que no entendía. Y le puse Getting Better de Shed Seven.

-¿Y qué dijo?

 -«Ajá, ahora entiendo que dices». Pero luego no había manera de sonar así. Pero Días grises tiene que ver con grupos acelerados del brit-pop como los Weekenders. Era lo que intentábamos hacer. Otra cosa es que la nueva escena alternativa que surgía en aquel momento en España nos aceptase. Era tan pro británica pero, a la vez, tan contraria a todo lo que había habido en el país antes, que no entenía que nosotros teníamos ese sitio. Estoy seguro de que muchos de ellos nos veían como un grupo del pasado y no fueron capaces de relacionarnos con lo que estaba pasando. Hasta que Luis Calvo tomó la iniciativa y nos presentó como tal. Consiguió que tocáramos en el FIB, a pesar de las críticas que tuvo que recibir por ello. Si ves las revisiones que de esa época hace la gente que estuvo en esa época nunca hablan de nosotros. Somos transparentes. En los libros de Victor Lenore, en los recopilatorios... No existimos. Y no es algo generacional, porque hablan de Surfin Bichos, por ejemplo. O hablan de Felipe de Los Fresones, que es mayor que yo. Pero no sé si es por ser muy mod o qué, pero con nosotros no ocurre. 

 -En aquel ambiente «indie» de mediados de los noventa a Los Flechazos se les veía como un grupo retro del estilo de la revista «Ruta 66» y no de «Spiral». Aunque luego entre Ocean Colour Scene y ustedes no hubiese mucha diferencia en cuanto a modernidad. 

 -De hecho, yo creo que nosotros somos bastante más modernos que ellos [risas]. El tiempo lo ha demostrado. Recuerdo a un importante crítico musical francés que empezó a fijarse en el sello Elefant en aquellos años y para explicarle a Luis Calvo quiénes eran Kula Shaker le dijo: «Kula Shaker son como Los Flechazos tuyos».

 -¿Sí?

 -Claro. Es que yo conocía a los de Kula Shaker. Su teclista venía de otras bandas de garage. Ocurre que, en España, tenemos mucho complejo y yo nunca he tenido ninguno. Eso entiendo que a la gente le descoloque. Me he visto mano a mano con Supergrass, con Menswear... con esas bandas. Pero no pasó. ¿Por qué?  España siempre ha sido un país de tribus urbanas, de pequeños guetos y de pequeñas revoluciones. Y las revoluciones consisten en barrer todo lo que ha habido antes. Yo vengo de una tradición de respeto a las músicas antiguas y donde todo tiene una línea argumental que se desarrolla a lo largo de los años. Con esa base, lo otro me importa poco. No entro en esa categoría. Entonces es normal que a la gente le desconcierte.

 -Luego está su gran error, asumido por usted: lanzar los temas sueltos en lugar de un elepé tras el primer disco de Cooper. 

 -Fue un error, en el sentido de que perjudicó muchísimo a la evolución de Cooper. En ese momento iba en una dirección muy potente. Eso nos hizo perder el tren. Pero yo pensaba que la gente era más moderna [risas]. Pensé que en un mundo donde se vende tanto una actitud moderna y revolucionaria, una actitud así iba a ser bienvenida. Al final, resulta que todos son mucho más conservadores de lo que soy yo. Me pasó también en con la gira virtual de Mi universo.

 -Bueno, salvando la música urbana y el «mainstream» nivel Enrique Iglesias, la verdad es que en el pop aún sigue mandando el elepé. Si en mis manos estuviera la carrera de un grupo con pretensiones de ser masivo, nunca tiraría por ahí. 

-Tienes razón, pero a mí no me interesaba ser masivo. Yo lo que quería era encontrar un sistema con el que estuviera a gusto, me lo pasase bien y pudiera desarrollar mi creatividad de una manera positiva. Y no con una presión que me iba ser perjudicial. Entonces, creé ese escenario que acabó siendo una gran piedra en el camino de nuestra popularidad. Pero bueno, con ella hemos lidiado y tampoco nos ha ido tan mal. Nunca hemos estado en la primera división de los grupos alternativo, pero siempre hemos estado ahí.

 -Muchos promotores me han comentado que no usar el nombre Los Flechazos en la gira en la que revisaba sus temas fue un tremendo error comercial. ¿Está de acuerdo?

-Ya, pero volvemos a lo de siempre: yo no hago las cosas como las hace todo el mundo. Yo no sé decir mentiras. No serían Los Flechazos. Eso perjudica el resultado comercial de las campañas, pero beneficia la credibilidad y la confianza en el personaje. Es decir, la gente sabe a qué atenerse conmigo. De ese error y de los otros de los que hemos hablado estoy bastante orgulloso [risas].

-Lo imaginaba.

-Es que hubo mánagers que me han dicho: «Lo que tenías que hacer en esa gira es esto». Pero es que yo soy un señor muy mayor como para que me digan lo que tengo que hacer. Por eso yo no le echo la culpa a nadie de que la trascendencia de la gira de aniversario no fuera más grande de lo que fue. Yo cargo con eso que podíamos llamar error. El compromiso que yo tenía con el público lo cumplí al 100%. Hicimos una serie de conciertos en lo que la mayoría del repertorio era de Los Flechazos. La gente se lo pasó bomba. Fue tan verdadero y auténtico que incluso llegamos a tener críticas negativas de periodistas que pensaban que yo llevaba 30 años haciendo el mismo tipo de música. De hecho, hubo una muy dura que decía: «No se puede estar 30 años hablando de chicas y de verano». Y yo no he hecho eso. Pero el contrato que había firmado con los seguidores es que iba a hablar de chicas y de verano, como en la época de Los Flechazos, una vez más como regalo para ellos. Eso fue la demostración de que se hizo lo que se tenía que hacer. ¿Llamarle a eso Los Flechazos? No, Los Flechazos eran mucho más que un grupo.

-Por eso el subterfugio hubiera sido decir «el espíritu de Los Flechazos», usar la marca para llegar al público. Un par de días después de su concierto en A Coruña coincidí en un parque con una chica que me decía: «Si me hubiera enterado que estuvo el de Los Flechazos hubiera ido».

-Ya pero es que a mí esa gente no me importa [risas]. Yo no puedo estar preocupándome de esas cosas. Tienes que entender que yo soy un artista, que pretendo hacer canciones que pervivan en el tiempo y no puedo estar agarrándome a un recuerdo para ganar dinero. No me importa eso. Lo que quiero hacer es un concierto que la gente recuerde para siempre, no preocuparme si vienen muchos o pocos. Es que me da igual, eso no está en mi cabeza. Igual soy un poco soberbio, pero a los artistas no se nos puede pedir que ese tipo de estrategias marquen nuestro camino.

-Buff, pues no sé si eso le hará sentir más fuera de juego aún, pero en este «indie» con aspiraciones masivas actual uno se encuentra con artistas que son así 24 horas al día: mitad músico, mitad funambulista del marketing. 

 -Por eso yo me quiero ir de aquí. Es que es muy feo. Esto no es como debería ser. Se han olvidado de lo que es importante. No quiero estar aquí. Estoy muy a disgusto. A mí me mola mogollón el indie, porque la escena indie española era una escena pop. Entonces el indie era muy fácil de explicar: el pop cuando la variable del dinero no se tiene en cuenta, cuando el dinero no tiene voz en la ecuación. Las cosas no se hacen para ganar dinero. El dinero es muy feo. El dinero huele mal. Todos hemos querido trascender y hemos querido que la música que a nosotros nos gusta sea la que más se escuche, pero a mí me da igual lo que escuche la mayoría. Me ha dado igual siempre, ¿no me va a dar igual ahora? No tiene sentido.

-Pasamos de los errores a los aciertos que, fundamentalmente, son hacer grandes canciones. ¿Ahora que está revisando todo hay alguna canción con la que se siente especialmente apegado? Dígame una de Los Flechazos y otra de Cooper. 

-Estoy revisando mucho por las entrevistas que estoy haciendo y porque hay una chica que está preparando un libro sobre Los Flechazos, Ana Conejo. Tenemos que recordar las motivaciones de las canciones, de dónde vienen y eso. Por un lado es agotador, pero por otro es satisfactorio porque ves que el Álex de 18 años no se avergonzaría del Álex de 52. Somos personas distintas, pero ahí hay un carril por el que siempre he ido. De Los Flechazos elegiría Quiero regresar, porque tiene la energía y la potencia de la adolescencia, pero a la vez tiene una cierta poética otoñal que sintoniza bien con como estoy yo ahora. De Cooper, muchas veces elijo canciones que casi no toco en directo. Hay una del primer elepé que se llama En el parque, que tiene un desarrollo instrumental largo y una cualidad que a mi me divierte. Es lo contrario de la mayoría de las canciones, que intentan sintetizar en tres minutos algo que podría durar tres años o tres meses. Aquí ocurre al revés: intenta desarrollar las sensaciones que se desarrollan en un segundo. Es un ejercicio que hice de manera consciente y me gusta el resultado. 

 -Confieso que pensé que me iba a decir «A toda velocidad» y «Mi universo». ¿No son dos estandartes totales? 

-Sí, A toda velocidad fue una canción que llegó al estudio de grabación sin letra. Teníamos todas las canciones menos esa. Tuve que hacer la letra la noche antes de grabar las voces. Fue una canción de oficio y, como siempre hago en esos casos, hablé de las cosas que más me apasionan. Es el modo más fácil de que salgan las palabras. Salió esa especie de himno que se ha convertido en una marca y que, desde luego, ejemplifica muy bien lo que son Los Flechazos. Pero, bueno, ya sabes que yo siempre voy a la cara b y esta es claramente una cara a. Mi universo es una canción que sintoniza como el que para mí es el momento más brillante de Cooper, pero seguramente no es la canción favorita de los seguidores. Es un tema especial, que a mí también me gusta mucho. Pero hay canciones como Carrusel, que las siento más importantes.

 -Dice que hay gente que lo está conociendo ahora. ¿Cómo se siente uno cuando ve que ocurre esto en su gira de despedida?

-Me parece natural y me hace ilusión. Demuestra que queda recorrido, que mi música va a seguir sonando, que los discos van a tener movimiento y que mis canciones dirán algo. He tenido una carrera coherente de 35 años y hay que hacer un esfuerzo para que no se pierda el legado. Que las canciones sigan estando disponibles, porque yo creo que todo eso tiene mucho valor. Si me ha tocado ser un artista de culto, que no es algo que yo persiguiera, vamos a intentar que el culto siga vivo. 

-Para preservar ese legado está creando una fundación. No sé si hay un artista pop en España que haya hecho algo así. Quizá en el mundo anglosajón es más común. En todo caso, es algo chocante.

-Ese comentario que me acabas de decir ahora es significativo. Te lo digo sin ninguna acritud. En España creo que no hay ningún artista, es cierto. Yo no conozco a nadie, pero ni en el mundo anglosajón ni en China. No es algo que haya copiado de nadie. Cuando hicimos la gira Virtual también ocurrió lo mismo, la gente se puso a buscar de dónde lo habíamos copiado y no lo habíamos copiado de ningún lado. Esto es similar, no lo ha hecho nadie. ¿Pero por qué la hija de Villota, que es una conductora de coches de Fórmula, puede tener una fundación? ¿O un escultor o periodista sí y un músico de pop no? De hecho, está tan poco valorada la cultura popular que creo que es más necesario este tipo de fundaciones que muchas otras. No solo para preservar mi legado, Los Flechazos, el Purple Weekend, Ediciones Chelsea y los discos de Cooper, sino para colaborar en darle categoría al estudio de la cultura pop. Que se pueda investigar y entender a nivel social lo que ha aportado el pop, que exista una vía abierta. A mí me parece apasionante trabajar en ese sentido y es algo que creo que puedo hacer. Por eso me he lanzado a la Fundación Club 45.

 -Da la sensación de que con pasos así entramos en otra fase. En las dos últimas décadas el pop salió de los garitos sudorosos y se asentó en la comodidad del teatro. Ahora, además, se pueden ver exposiciones en museos sobre Kylie Minogue o David Bowie, por ejemplo. Y cada vez hay más libros sobre ello y menos revistas. Que artistas de culto como usted exploren la vía de una fundación semeja un paso más que confirma el pop ya ha ocupado el lugar que en su momento tuvo el jazz: parte de esa cultura oficial que mira a un pasado ideal, mientras el presente es cada vez menos excitante.

-Desde mi perspectiva creo que sería equivocado plantearlo así. Mi intención es estudiar la época dorada del pop, que para mí son los años sesenta, una etapa que domino, de la que tengo bibliografía y una gran colección. Primero, quiero preservar los fondos de todo eso y que no se pierda la información. La  segunda parte es estudiarlo, para entender qué es lo que pasó y poder desentrañar las partes importantes de toda la explosión beat, que fue una especie de vanguardia cultural que influyó a todos los niveles. Pero después hay una tercera parte importantísima: utilizarlo para crear cosas nuevas. Si no, no tendría sentido. Si no sería algo, como lo que tú dices, en vía muerta y aquí de lo que se trata es que el pop siga siendo importante. Para ello tenemos que entender qué es lo que mola del pop y qué es lo que no mola. A ver si a base del conocimiento y la memoria conseguimos revertir este camino hacía no se sabe dónde, para intentar darle otra dirección a todo esto. Entendiendo por qué fue importante en un momento dado, a lo mejor lo conseguimos.   

-Dice que se está preparando un libro sobre Los Flechazos. Va a ser inevitable que, cuando salga, la gente pida que toque esas canciones. 

-Yo creo que todos me conocen. Cuando yo digo que no es no. Yo creo que ya no lo pedirán. Esa deuda creo que ya se saldó en la gira del aniversario.

-No creo que, en el eventual caso de que decida volverse a atrás, los fans le reciminen la incoherencia.

-Ya [risas]. Pero eso no va a pasar. 

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