Sylvester Stallone: «No dejo salir a mis hijas sin una flota de guardaespaldas»

Estrena a sus 73 años la cinta «Last Blood», la quinta entrega de la saga Rambo; pero el héroe de acción siempre pierde en casa: «Es imposible estar rodeado de cinco mujeres y no entender que vas a perder cada vez que abras la boca»

EFE

Colpisa / Los Ángeles

Sylvester Stallone es un actor incombustible. A los 73 años continúa rodando películas de acción. Dispuesto a estirar la historia de Rambo hasta su verdadera jubilación, Stallone estrenaahora Last Blood, la quinta entrega de una saga que empezó en los ochenta con Acorralado. Lanzada en 1982, la primera cinta presentaba un exsoldado de las fuerzas especiales marcado por sus experiencias en la guerra de Vietnam, que termina librando una enorme batalla de un solo hombre contra las autoridades en un pequeño pueblo al norte de California. La película fue un éxito de taquilla, recaudando 125 millones de dólares y conduciendo a una secuela en 1985, Rambo II. Después llegaría Rambo III en 1988. Tuvieron que pasar veinte años para que el director, actor y guionista retomara el personaje en John Rambo, una película tan violenta como divertida. Ahora llega «Last Blood», que presenta al personaje de Sly enfrentándose con los carteles mexicanos después del secuestro de su sobrina.

-Acorralado contaba, en realidad, la historia de muchos veteranos de Vietnam, que regresaban a casa con síndrome postraumático y no acababan de encontrar su lugar. Desde entonces han sido muchas las guerras que se han librado en el mundo. ¿Cree que Rambo representa a todos los exsoldados?

-Obviamente él representa a los veteranos de Vietnam y, en aquel entonces, su enfermedad no se tomaba demasiado en serio. Imagina como volvieron los soldados de la Primera Guerra Mundial. Creo que Rambo representa a todos los jóvenes soldados. Es algo de lo que he hablado a menudo en el pasado y creo que debemos seguir hablando de ello.

-Tras el secuestro de su sobrina, por primera vez vemos a un Rambo con las emociones a flor de piel. ¿Cómo llegó a esa idea en el guion?

-La verdad es que John no tiene capacidad ni para cuidar de una mascota. No puede concentrarse en nada que no sea él. Por eso esta historia es tan profunda: es la primera vez que vemos al personaje abrirse, preocuparse por otra persona y mostrar un poco de amor. Siempre pensé que Rambo en su adolescencia, y me encantaría que alguien hiciera una precuela, era la mejor persona que podías encontrar: el capitán de su equipo, el más popular del colegio, un súper atleta, pero la guerra lo cambia. Lo hemos visto antes, el tipo perfecto que, cuando regresa de la guerra, no puede ni cuidar de si mismo y mucho menos de alguien más. Eso molesta.

-¿Por qué decidió volver a rodar otra entrega de Rambo?

-He intentado incorporar lo que otras personas sienten por el personaje. No sé de dónde surge, pero es impresionante la relación del público con Rambo. Cuando no queda nada y has arrancado por completo el corazón de un hombre, nos enfrentamos a alguien que se deja llevar por sus impulsos primitivos y por su rabia. Sin embargo, entendemos que realmente lo que desea es ser amado. Creo que ahí nace gran parte de la importancia de un personaje que ha estado fuera de combate durante décadas y regresa despertando la curiosidad de la audiencia. Es algo realmente sorprendente, pero esa dinámica entre los instintos primitivos y su deseo por ser amado atrapa a la audiencia.

-La película vuelve a ser muy violenta, como la anterior entrega. ¿Hubo que poner algún límite?

-Cuando te enfrentas a situaciones de este tipo en el rodaje muchas personas pueden resultar heridas y normalmente soy yo. Creo que un día voy a tener una sala personal en el hospital Cedars Sinai por la cantidad de ocasiones que acabo en urgencias. La llamarán el Ala de Rambo (ríe). Pero hablemos de la violencia. Hay violencia hollywoodiense, que es la que aparece en anuncios de Budweiser y luego está la violencia real. Si la estudias, como he hecho yo, y ves lo que viven día a día los policías arriesgando su propia vida frente a alguien que quiere dispararlos, entiendes de lo que hablo. Es terrible. Lo que ves en este filme es real: un disparo con un arma del calibre 50 no deja nada, por ejemplo. Queríamos mostrar las secuelas de la guerra y la realidad de estos soldados que nunca superan el trauma de haberse comprometido con la guerra, porque viven condenados por esa promesa. Es horrible, pero no quiero mentir sobre esta realidad. Si vas a ver una película de Rambo, debes esperar que sea incómoda cuando se trata de mostrar asesinatos. Hacen falta nueve balas para matar a alguien, no es fácil matar a quien está luchando por su vida. He intentado mostrar la guerra tal y como es.

-Se mantiene en una forma increíble, ¿Cuál es su preparación física?

-En mi dieta hay toneladas de helado, aunque no me creas. Trato de comer lo mismo cada día. Lo llamo la mentalidad del jinete de carreras, porque cuando ellos entrenan buscan velocidad y energía, no músculo. Trato de ingerir la misma cantidad cada día para mantener el cuerpo en su punto de energía. Pero no lo recomiendo porque se me ve muy bien pero no es nada divertido.

-¿Cómo se consigue el equilibrio entre el miedo y la admiración que despierta Rambo?

-El no se ve como un héroe, es un tipo que reacciona ante los ataques. Es una máquina de matar que no necesita nada y no se preocupa de su estado físico, lo único que no quiere es morir y eso le vuelve increíblemente peligroso. Pero él no genera la pelea, no busca luchar, prefiere quedarse en una esquina apartado. Yo creo que el personaje sigue dando vueltas por su complejidad, si fuera simplemente un tipo duro ya habría aburrido al publico.

-Volviendo al primer Rambo, ¿alguna vez pensó que iba a convertirse en un icono?

-No, para nada. Esa película me pareció tan mala cuando la rodamos que quise comprarla. No es una broma. Nadie creía en un personaje que atacaba su propio país. Una vez que estuvo terminada, cortamos el metraje original de tres horas a una hora y treinta y cinco minutos porque creo que las películas de Rambo deben ser cortas. Lo que hice fue editar 20 minutos y meterme a presentarlos en una habitación llena de extraños en un último intento de que algún distribuidor la comprase. Fue un acto de fe porque era un actor arruinado. De pronto, ante ellos, descubrí que la película funcionaba y eso fue el principio de la historia. Un principio terrible, pero esa es la historia de mi vida, todo lo que empieza bien termina mal y lo que no empieza bien termina genial.

-¿Cuánto de su propia vida ha incluido en el filme? ¿Alguna vez ha intimidado a los amigos de sus hijas como hace con su sobrina?

-Sí, por supuesto. Les intimido todo el tiempo. A veces, sin querer, me quedo mirándoles y alguna de mis hijas me tiene que dar un codazo enfadada. Luego me preguntan que por qué lo hago y no sé que decirles. Creen que soy malvado, pero no puedo evitarlo (ríe). Hago una cosa que es «la prueba de estrujarles la mano». Les saludo y les doy la mano apretando muy fuerte. Puedo ver su cara cambiando de color, y ellos, que quieren ser perros alfa, tratan de aguantar. Me divierto mucho haciendo eso. Cuando tienes hijas vives con temor por ellas, es algo constante y veo mi actitud como una forma de locura pasajera, mientras están creciendo.

-Ahora sus hijas están abandonando el nido para ir a estudiar a la universidad, al igual que le pasa a Rambo con su sobrina.

-Rambo nunca ha tenido un nido, por eso enfrentar el sentimiento de la marcha de su sobrina es muy extraño para él. No quiere que ella se vaya al mundo real, preferiría que se quedara en el rancho a su lado. Ningún padre quiere que sus hijos se marchen porque no saben lo que puede ocurrir con ellos. Hay muchos peligros ahí fuera. Lo veo en mis hijas, no las dejo salir sin linternas, sin cuerdas y sin una flota de guardaespaldas. Es terrible.

-¿Cómo puede un hombre de acción vivir rodeado de mujeres en casa?

-No es fácil. Me he dado cuenta que si ellas tuvieran más músculos, estaría en problemas. Pierdo todos las discusiones, nunca tengo razón, cada mueble que elijo es el peor, es muy curioso y muy divertido (ríe). Es imposible estar rodeado de cinco mujeres y no entender que vas a perder cada vez que abras la boca. Me he dado cuenta de que soy un perdedor cuando estoy con ellas.

-Esta es una película que le toca muy cerca. ¿Pensó en algún momento en contratar a alguna de sus hijas?

-Ellas siempre han querido estar en mis películas, pero les he dicho que en este caso era imposible porque se parecen demasiado a mí. No sería justo con el personaje. Les he dicho que si quieren ser actrices, deben estar preparadas porque es una decisión difícil. A esta carrera no puedes entrar a medias. Este es un trabajo a tiempo completo. Tienes que dar todo de ti. Tu corazón se va a romper muchas, muchas veces, porque es una industria muy particular. Si un abogado tiene un mal día con un juez no importa tanto que si alguien viene a decirte a la cara que eres un fracasado. En esta profesión tu eres la mercancía. Te van a decir que no eres bueno, que no vales lo suficiente y cada vez que te lo dicen duele. A mí me lo han dicho en muchas ocasiones y sigue doliendo. Aunque te vaya medio bien no hay garantías. Todos los actores deben estar preparados para pasar temporadas en el infierno. Yo les dije en este rodaje que se fueran a montar a caballo y se divirtieran. Ellas siguen pensando en ser actrices, pero yo no se lo recomiendo a menos que no puedan controlar su pasión por la interpretación.

Ricardo Darín: «En Noruega quizá están contentos de pagar impuestos, pero allí un maestro gana más que un diputado»

EFE

El actor protagoniza junto a su hijo «La odisea de los giles», una película sobre el corralito que en Argentina ha batido en taquilla a Tarantino

Ricardo Darín (Buenos Aires, 1957) cuenta que «gil» en argot lunfardo es un término que se utiliza con ironía y que vendría a ser algo parecido a nuestro «pardillo», alguien ingenuo, confiado, que cree que jamás le van a hacer daño. La odisea de los giles, que en Argentina ha batido en taquilla a Tarantino, está ambientada en el 2001, cuando el corralito acabó con los ahorros de los ciudadanos, giles que tuvieron que quedarse de brazos cruzados. La venganza llega de manos de los habitantes de un poblacho de mala muerte, que reúnen dinero entre los vecinos para montar una cooperativa y el banco se lo birla. Cuando averiguan que sus dólares han caído en manos de un abogado que los esconde en una cámara secreta, emprenden la tarea de recuperarlos robando al ladrón. La película, programada en la sección oficial fuera de concurso, le permite a Darín trabajar por primera vez con su hijo, Chino, el más perseguido en San Sebastián estos días junto a su novia, la actriz Ursula Corberó.

Seguir leyendo

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
4 votos
Tags
Comentarios

Sylvester Stallone: «No dejo salir a mis hijas sin una flota de guardaespaldas»