Belcantismo para «baritenor»


Amigos de la Ópera, en su tercera función, presentó al tenor americano Michael Spyres (1980), con Mathieu Pordoy al piano, como el baritenor del momento. Voz de gran riqueza tímbrica, caudalosa, extensa y con centro amplio y graves audibles.

Históricamente, el tenor baritonaleggiante aparece como solista al principio del XVI, con tesitura central y grave, con ascensos esporádicos a las primeras notas agudas, si bien no emitidas a plena voz. En el clasicismo se va configurando otro tipo de tenor, hasta llegar a los baritenores rossinianos, como Manuel García, y contraltinos, como Giovanni David, que al pasar la nota sol3 emitían con un mixto o falsete reforzado que llamaban falsetone. En 1833 el francés Duprez emitió tales notas con la voz natural apoyándose en la respiración abdominal. Nació el do di petto, que abría otro camino.

Spyre -mirando al mar- unió a la extensión su capacidad para la agilidad, mas cambiando la emisión: sonidos hermosos al lado de otros rayanos en el feísmo, para perplejidad de los presentes. En el barroco, según Celletti, había el gusto por los timbres estilizados, por lo que las voces comunes o vulgares -en este caso, sonidos puntuales- «o podían ser demasiado apreciadas». Arias de Haendel y Mozart, connotadas con el aria di tempesta, la épica del Rossini de Otello y Zelmira, con tiratas y saltos que dieron lugar a sonidos ásperos y aterciopelados y agudos poco proyectados. Gustó el fragmento de Il Pirata, de Bellini, y L’Esule (El exilio), de Verdi. Todo ello cantado en italiano, propenso a la emisión abierta.

Las tres primeras obras de la segunda parte eran en francés. La voz se redondeó, por obra y gracia del idioma y ganó en belleza en La Africana, La muette de portici y en Los Pescadores de Perlas. En esta, bien delineada, apareció el recurso de aquellos baritenores: subida al aguda con el falsetone, muy bien realizado. Volvió a cantar en italiano Un ballo in maschera y el Cielo e mar, de La Gioconda, mejorables en sonido y estilo y otro L’Esule, este de Rossini. La propina, sí encandiló al público: la romanza de La Tabernera del Puerto, con buen castellano y aceptable estilo. Pordoy fue buen acompañante. Con los bravos acabó la velada.

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