Alejandro Amenábar: «Hice pública mi orientación sexual para no decir años después 'perdonen, es que yo era maricón'»

El cineasta, que estrena «Mientras dure la guerra», una película sobre el inicio de la Guerra Civil, asegura que «Franco sigue presente» como un fantasma

EFE

Colpisa / San Sebastián

Alejandro Amenábar (Santiago de Chile, 1972) sostiene que no existe ningún espírituo de revancha en Mientras dure la guerra, su mirada al inicio de la Guerra Civil a través de las figuras de Unamuno y Franco. El ganador de un Óscar y nueve Goyas compite por la Concha de Oro en San Sebastián y estrenará su séptimo largometraje el próximo viernes.

-Cuando plantea a sus productores hacer una película sobre un filósofo ambientada en la Guerra Civil le dirían si estaba loco.

-No tuve ese tipo de reacción con Fernando Bovaira, que es mi socio y productor. De hecho, él ha sido el que me ha impulsado, me decía que tenía que hacer esta película. Sí es verdad que a la hora de la financiación nos ha resultado más complicado, hasta dejé el guion aparcado en un cajón. La hemos podido hacer gracias a Movistar. Supongo que planeaba la sombra del Generalísimo. Su figura generaba incomodidad.

-¿Por qué?

-Porque Franco sigue presente. Da miedo cómo se va a abordar. Y gran parte de la película está dedicada a él.

-El protagonista cambia de ideales, toma conciencia de una realidad.

-Unamuno decía: no cambio yo, cambian ellos. Esa honestidad consigo mismo le llevaba a asumir unas cosas y a desestimar por completo otras. Cuando siente que la República no es aquello por lo que había luchado enseguida lo denuncia. Al ver que la supuesta vuelta al orden no tenía nada de romántico y racional, sino que era un auténtico suicidio y una sangría lo dice.

-La escena en la que discute con su amigo profesor parece mostrar que en España estamos condenados a no entendernos.

-Tengo un amigo inglés que le encanta España, se quiere quedar a vivir aquí. Cuando le pregunto qué no le gusta me responde: gritáis mucho y no dejáis hablar. Esa escena la puse tras vivir algo parecido en el campo, con unos amigos. Sacamos el tema de la gestación subrogada y en cinco minutos y con cuatro vinos aquello era un polvorín. Y pensé en alejarme de aquello y quedarme con mi música. En la escena, Unamuno y su amigo se apaciguan y siguen caminando. Eso era importante para mí. Muestro las dos Españas y doy argumentos sólidos a una y a otra. Podemos ser pasionales, pero mañana te veo por la calle y te hablo. Lo malo es cuando la discusión se envenena y acaba en un enfrentamiento civil.

-¿Ha hecho una película sobre 1936 o sobre el presente?

-Sobre las dos cosas. A veces la mejor manera de hablar sobre el presente es fijarse en el pasado. Hay diálogos literales de los personajes que remiten a problemas actuales, como la integridad territorial del país.

-¿Qué ha sentido estos días de fallida formación de Gobierno y convocatoria de nuevas elecciones?

-Si me preguntas como ciudadano, una profunda decepción y un gran bochorno. La ciudadanía ha hablado y hay que respetar su decisión. Los que deben intentar llegar a un acuerdo son los políticos. Si me preguntas por la película, hay un punto de conexión con esa izquierda que no se entiende entre sí.

-Por primera vez en el cine no retrata a Franco de manera caricaturesca.

-He querido mostrar al Franco mas realista visto hasta ahora, porque si no se me caía la película. Hay Francos muy buenos en cine, como el de Juan Diego en Dragón Rapide. La Guerra Civil es muchas veces el telón de fondo, pero yo quería ver lo que tramaba Franco y dar con el alma del personaje. Descubrí que sabía muy poco de él. Era un tipo impenetrable, frío. Con un tesón en el que se mezclaba la fuerza gallega. Aparentemente era de todos los generales el más retraído, el que tenía menos lenguaje corporal de mando, pero fue el que consiguió hacerse con las riendas del país. Me resulta casi shakesperiano.

-Millán Astray mantiene un diálogo en casa de Unamuno que hoy aplaudiría un votante de Vox.

-Bueno, hay una asociación que se nos ha enfrentado por su retrato. Y eso que solo ha visto el tráiler. Quería dar aristas a los personajes. Millán-Astray era un tipo muy leído, no era ningún idiota. Es como una partida de ajedrez, en la que Millán-Astray le plantea un jaque mate a Unamuno. Cada uno recibirá la película a su manera, yo he intentado hacerla inclusiva, no por un cálculo comercial, sino porque planea un espíritu de convivencia. Tenemos que entender que en el espacio común de la democracia conviven ideas diferentes. Para que tú existas tiene que existir alguien que no vota lo mismo que tú. Se trata de respetar al diferente.

-Alguien verá un ánimo revanchista en reivindicar la figura de Unamuno.

-Me extraña que un episodio marcado por la épica, tan revelador de la realidad española, no se haya tratado antes en el cine. Insisto: cada uno recibirá la película como quiera. También quería jugar con los símbolos. Confrontar a los espectadores con nuestra propia identidad, porque tenemos un problema con la simbología: la bandera, el himno. Tengo curiosidad por saber si hay aplausos en el Kursaal al final de la proyección, porque estarán aplaudiendo la bandera española. Ha sido un empeño personal mío que ese sea el cartel de la película.

-Tiene un punto provocador.

-Sí. No deja de ser curioso que mostrar la propia insignia del país suscite controversia.

-Le hablaba de Vox, que en el Congreso de los Diputados ha citado el «venceréis pero no convenceréis» de Unamuno.

-La propia contradicción de Unamuno da pie a que partidos de ideologías opuestas lo utilicen. Cuando habló de civilizacion cristiana occidental, ese término fue usado por el bando nacional. Santiago Abascal se apropia ideológicamente del discurso de Unamuno, cuando precisamente su autor le estaba cantando las cuarenta a los reunidos en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, que encajan más en el bando de Vox. Hay mucha mitología en torno a ese discurso y se ha utilizado como arma arrojadiza, así que he intentado ser muy riguroso averiguando qué se dijo. La película no es exactamente fiel a la letra porque es una reconstrucción dramática, pero sí al espíritu. Y Unamuno decía: Aquellos no con sus desmanes, y estos menos.

-¿Qué piensa del protagonismo de la política en la vida cotidiana, la sobredosis de información a todas horas?

-Forma parte del progreso de los medios de comunicación. Todo se exagera, hay que conseguir más clics, más audiencia. Es una corriente que viene de Estados Unidos, donde todo se convierte en espectáculo. Los ánimos crispados en el hemiciclo no se corresponden con la realidad de la gente, y pienso en esa imagen de Rivera e Iglesias juntos el otro día. Por eso es tan importante rebajar el tono, hablar de ideas y no de sentimientos.

-Hace unos años habló de su orientación sexual sin tapujos. ¿Se ha arrepentido alguna vez o ha sido positivo?

-Cuando lo hice público era para no arrepentirme años después y decir, perdonen señores, es que yo era maricón. Fui consecuente con algo que forma parte de mi vida y que no hace daño a nadie. Soy muy protector de mi vida privada, pero declarar públicamente mi condición sexual contribuye a la normalidad y en algún caso siento que he ayudado a gente a decírselo a sus padres. No me arrepiento en absoluto.

«Mientras dure la guerra», de Amenábar: Franco y Carmen Polo expulsan de la pantalla a Unamuno

José Luis Losa
Amenábar, con actores de «Mientras dure la guerra» en San Sebastián
Amenábar, con actores de «Mientras dure la guerra» en San Sebastián EFE

El personaje principal del largometraje queda relegado por el guion del largometraje a poco más que un huraño señor de casino de pueblo

Acompañaba al pase de prensa de Mientras dure la guerra un ambientillo bien connotado de morbo escénico. Íbamos a ver en escena al teatro del poder y del africanismo de guerra de Franco y Millán Astray en una película que, en principio, versa sobre los últimos meses de Unamuno y el dantesco «mueran los intelectuales» del fundador de la Legión en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca. La realidad es que el largometraje de Amenábar muy pronto se descubre quebrado, porque en él habitan dos películas. Y la parte del león se la llevan las intrigas de los generales, mientras que el Unamuno de Karra Elejalde queda relegado por el guion -no por la interpretación del actor vasco, estimable- a poco más que el perfil de un huraño señor de casino de pueblo, un boticario discutidor o por ahí.

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