Alejandro Amenábar: «Hice pública mi orientación sexual para no decir años después 'perdonen, es que yo era maricón'»

Oskar Belategui COLPISA / SAN SEBASTIÁN

CULTURA

Juan Herrero

El cineasta, que estrena «Mientras dure la guerra», una película sobre el inicio de la Guerra Civil, asegura que «Franco sigue presente» como un fantasma

23 sep 2019 . Actualizado a las 23:45 h.

Alejandro Amenábar (Santiago de Chile, 1972) sostiene que no existe ningún espírituo de revancha en Mientras dure la guerra, su mirada al inicio de la Guerra Civil a través de las figuras de Unamuno y Franco. El ganador de un Óscar y nueve Goyas compite por la Concha de Oro en San Sebastián y estrenará su séptimo largometraje el próximo viernes.

-Cuando plantea a sus productores hacer una película sobre un filósofo ambientada en la Guerra Civil le dirían si estaba loco.

-No tuve ese tipo de reacción con Fernando Bovaira, que es mi socio y productor. De hecho, él ha sido el que me ha impulsado, me decía que tenía que hacer esta película. Sí es verdad que a la hora de la financiación nos ha resultado más complicado, hasta dejé el guion aparcado en un cajón. La hemos podido hacer gracias a Movistar. Supongo que planeaba la sombra del Generalísimo. Su figura generaba incomodidad.

-¿Por qué?

-Porque Franco sigue presente. Da miedo cómo se va a abordar. Y gran parte de la película está dedicada a él.

-El protagonista cambia de ideales, toma conciencia de una realidad.

-Unamuno decía: no cambio yo, cambian ellos. Esa honestidad consigo mismo le llevaba a asumir unas cosas y a desestimar por completo otras. Cuando siente que la República no es aquello por lo que había luchado enseguida lo denuncia. Al ver que la supuesta vuelta al orden no tenía nada de romántico y racional, sino que era un auténtico suicidio y una sangría lo dice.

-La escena en la que discute con su amigo profesor parece mostrar que en España estamos condenados a no entendernos.

-Tengo un amigo inglés que le encanta España, se quiere quedar a vivir aquí. Cuando le pregunto qué no le gusta me responde: gritáis mucho y no dejáis hablar. Esa escena la puse tras vivir algo parecido en el campo, con unos amigos. Sacamos el tema de la gestación subrogada y en cinco minutos y con cuatro vinos aquello era un polvorín. Y pensé en alejarme de aquello y quedarme con mi música. En la escena, Unamuno y su amigo se apaciguan y siguen caminando. Eso era importante para mí. Muestro las dos Españas y doy argumentos sólidos a una y a otra. Podemos ser pasionales, pero mañana te veo por la calle y te hablo. Lo malo es cuando la discusión se envenena y acaba en un enfrentamiento civil.

-¿Ha hecho una película sobre 1936 o sobre el presente?

-Sobre las dos cosas. A veces la mejor manera de hablar sobre el presente es fijarse en el pasado. Hay diálogos literales de los personajes que remiten a problemas actuales, como la integridad territorial del país.