Relato sobre el Alcácer de Japón

El autor hispanobritánico Nicolás Obregón investiga en la novela «La luz azul de Yokohama» el asesinato de la familia Miyazawa

El escritor hispanobritánico Nicolás Obregón (1984)
El escritor hispanobritánico Nicolás Obregón (1984)

madrid / colpisa

Japón tiene una de las tasas de criminalidad más bajas del mundo y las muertes violentas son allí sucesos extrañísimos. Por eso, la memoria colectiva del país no puede olvidar lo que ocurrió en Tokio el 30 de diciembre del 2000. Ese día, los cuatro miembros de la familia Miyazawa fueron asesinados por un desconocido que entró en su casa y acabó con sus vida, uno por uno.

Lo más sorprendente del caso, sin embargo, es que la investigación policial descubrió que el asaltante permaneció varias horas en la vivienda, utilizó el ordenador de la familia, se sentó durante un buen rato en el sofá del salón y hasta comió helado y melón. Todo eso se supo al analizar las heces del asesino, que también defecó en el baño de la casa. Sin embargo, a la mañana siguiente el criminal desapareció y su rastro se perdió para siempre, pese a que la policía japonesa dedicó decenas de agentes e incontables recursos a tratar de resolver el misterio y evitar la psicosis colectiva.

En este escalofriante suceso se ha inspirado el escritor hispanobritánico Nicolás Obregón (1984) para su primera novela, La luz azul de Yokohama (Salamandra), que se publica ahora en España, aunque en el mercado anglosajón ya se ha convertido en una trilogía. Obregón conoció el caso la primera vez que viajó a Japón y se quedó atrapado en él. «Para los japoneses es su Alcácer. Todavía hoy, después de todos estos años, se pueden encontrar carteles en la calle en los que se pide ayuda para poder encontrar al asesino», cuenta.

El autor recuerda que los investigadores de la policía recogieron más de 12.000 pruebas y llegaron bastante lejos durante la investigación. De hecho, realizaron un perfil preciso del criminal, dentro de las posibilidades que les ofrecía la situación. «A través del ADN que encontraron en la casa descubrieron que era un hombre de padre japonés y madre latina, que medía alrededor de 1,75 y que, si había sido capaz de matar de manera tan salvaje, quizá no fuera la primera vez que lo hacía», afirma. Sin embargo, no hallaron un móvil que explicara los asesinatos. «Pensaron que podía ser un skater con el que el padre había discutido el día anterior o que las muertes pudieran tener alguna relación con el hecho de que el hijo menor fuera al psiquiatra, pero nada más», anota.

¿Cómo pudo esfumarse el culpable de un crimen así sin dejar rastro? Ante esta pregunta clave tampoco hay certezas, solamente diferentes hipótesis sobre lo que pudo haber ocurrido con el asesino. «Se piensa que podría haber cogido un avión a primera hora de la mañana o haber tomado un ferri en dirección a Corea del Sur», apunta el escritor, que creó al inspector Kosuke Iwata para continuar con un caso grabado a fuego en la policía nipona.

Los policías piden perdón

«Todavía hoy, cada año, cuando se cumple el aniversario de este asesinato, los agentes que lo han investigado se acercan a la casa donde se produjeron las muertes para pedir perdón», relata Nicolás Obregón. El autor explica que él descubrió Japón gracias a su primer trabajo como escritor de viajes. Ahora trabaja en la ciudad de Los Ángeles como guionista, con el horizonte puesto en que la saga del detective Kosuke Iwata pueda convertirse en una serie de televisión.

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