«Angry Birds 2, la película», bien como secuela, poco más

Una cosa se hace evidente en esta cinta de animación: el abuso de las segundas y terceras entregas puede acabar matando la gallina de los huevos de oro

Fotograma del filme «Angry Birds 2: la película»
Fotograma del filme «Angry Birds 2: la película»

Tres años antes, Sony Pictures Animation lo intentó con el videojuego homónimo y ande yo caliente y ríase la gente, que diría don Quevedo, pues la crítica recibió Angry Birds, la película con más pitos que aplausos, pero en caja les fue como para dar botes. Si en aquella pájaros y cerdos verdes rivalizaban desde sus respectivas islas, aquí deberán enfrentarse a la villana Zeta, que les bombardea bolas de hielo desde un gran cañón, logrando que ambos enemigos hagan piña en su contra.

Lo que después acontece en la trama a pocos sorprenderá, pero tampoco parecen aspirar a hacer historia en la animación, aunque sí a repetir taquilla, que 65 millones invertidos en el filme tampoco parecen irrecuperables. De hecho, a estas alturas ya casi los habrán amortizado en el mercado global. Si pretendemos ir a la calidad del dibujo, nada que no hayamos visto. Si por el contrario nos basta con hora y media de ritmo endiablado y una peripecia entretenida, esta es la buena, pues menos da un pedrusco.

Es el humor, por momentos transgresor, lo que evita que la secuela se vaya directa al desagüe. Se hace evidente su renuncia a ser políticamente correcto con las motivaciones de los personajes, que no se andan con chiquitas, aunque realmente distan bastante de un redondeo emocional. Cuando ya el desenlace se aproxima, descubrimos que todo el lío es consecuencia de un desengaño de años atrás, o algo así; tampoco hagamos spoiler.

La estructura del guion no difiere gran cosa de cualquier otra con villanos a los que derribar, pero convengamos que en los últimos minutos todo se reblandece lo suficiente como para alegrar al personal. Todo ello no pueda evitarnos la sensación de que ya las hemos visto bastante mejores, y no necesariamente en casa Pixar, aunque reluzca ingenio por momentos, con secuencias hilarantes. Una cosa es evidente: el abuso de las secuelas puede acabar matando a la gallina de los huevos de oro.

La obsesión por convencer por igual a los niños y a los padres quizá no sea la mejor idea. Uno espera algo más, por mucho que abunden las bromas y el dominio del ritmo impida el bostezo.

«THE ANGRY BIRDS MOVIE 2»

EE. UU., 2019.

Directores: Thurop van Orman y John Rice.

Guion: Peter Ackerman, Eyal Podell y Jonathon E. Stewart (con la colaboración de Jon Vitti).

Música: Heitor Pereira.

Animación.

96 minutos.

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