Arranca la Mostra con un abrumador puente aéreo entre Hollywood y Venecia

El festival aguarda a Brad Pitt, Meryl Streep, De Niro, Scarlett Johansson y Johnny Depp


Venecia / E. La Voz

Es una tendencia exponencial de los últimos años. Pero a cada paso se hace más ostentosa la manera en la que Hollywood ha optado por Venecia como festival amigo y se ha olvidado de Cannes. A duras penas, la presencia este año en la Croisette de un Quentin Tarantino que ocupa espacio como por diez trató de paliar ese abandono. Pero es una certeza que las relaciones de la industria californiana con Cannes son peores que las de Trump con China. Y de ahí el dumping de estrellas en el Lido, clarificador de que la Mostra es zona franca del cine norteamericano.

Esta 76.ª edición exhibirá películas que suenan para los Óscar como The Laundromat, el filme de Steven Soderbergh sobre los Panama papers, con Meryl Streep, Gary Oldman y Antonio Banderas; la revisión tan esperada de la némesis de Batman, Joker, un tour de force entre Joaquin Phoenix y Robert De Niro; el drama de ruptura familiar de Noah Baumbach A Marriage Story, protagonizado por una reaparecida Scarlett Johanson junto a Adam Driver y Laura Dern; o la ciencia ficción autoral de Ad Astra, con la firma del autor de culto James Gray y con Brad Pitt viajando más allá del sistema solar.

Lo que queda del moribundo star-system -una vez revelado que el actor más cotizado mundialmente es La Roca- arriba a la Mostra: Johnny Depp y Robert Pattinson protagonizan Waiting the Barbarians, demarraje internacional del colombiano Ciro Guerra con una adaptación de J. M. Coetzee. Y en el año de la devoción por Sharon Tate, en Venecia verá la luz la esperada película sobre Jean Seberg, otra tragedia de Hollywood, esta vez oscurecida por el papel que el FBI de Hoover pudo jugar en el acoso a la actriz ante su colaboración con el Black Power. Y en su muerte vidriosa nunca del todo aclarada. Kristen Stewart puja también para los grandes premios por su mímesis de la figura fascinante y mártir de Seberg.

Y, si todo sale bien, en la clausura de estos once días en los que el Lido se reivindica como renacido Sunset Boulevard, Mick Jagger acudirá al festival para presentar The Burnt Orange Heresy, donde el cantante retoma su errática y caprichosa relación con el cine.

 Las firmas de prestigio

El certamen no descuida las firmas de prestigio. Además de los citados Soderbergh y Gray, el concurso se nutre de firmas; así, el francés Olivier Assayas, que aborda en Wasp Network el caso real de cinco agentes cubanos retenidos en los EE.UU., con Penélope Cruz al frente de un reparto de latinos all stars; el chileno Pablo Larraín con Ema. Y el sueco Roy Andersson y sus cuadros de humor del absurdo que ya le valió el León de Oro en el 2014. Roman Polanski presenta a sus 83 años Yo acuso, su acercamiento al caso Dreyfus como epítome de la psicosis y el linchamiento de una sociedad persecutoria. Seguro que algún apunte autobiográfico polanskiano se deslizará a favor de obra. Y, en esa nómina de veteranos, hay que sumar al marsellés Robert Guédiguian y su universo de comunistas sentimentales conservados en ámbar. Y al icónico Costa-Gavras, que adapta a Yanis Varufakis para extender su filmografía que testimonia los latigazos del poder sobre los oprimidos del último siglo.

Hoy mismo, abre fuego la insospechada traición del japonés Hirokazu Koreeda a sus sempiternos infantes japoneses de arrabal para echarse en los brazos del francés oropel de Catherine Deneuve y Juliette Binoche.

Por parte española, Rodrigo Sorogoyen participa en la sección Orizzonti con su thriller psicológico Madre. Que el que pasa por ser director español del momento acepte jugar aquí en segunda división da idea de lo alto que cotiza el bitcoin veneciano.

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josé luis losa

Los hermanos Coen hacen trizas la iconografía del Far West en la película «La balada de Buster Scruggs»

Venían los hermanos Coen de un serio batacazo no solo comercial sino artístico. En la medida en que su anterior Hail, Caesar! era una farsa de humor desigual, que podría haber indicado señas de agotamiento. Por eso La balada de Buster Scruggs, en lo que tiene de recuperación del tono poderoso de los Coen en su demolición altamente creativa de toda la sagrada iconografía del wéstern, fue recibida con euforia en esta Mostra en donde ya el año pasado no se llevaron ambos autores todo el mérito, que era realmente suyo, con la vitriólica diatriba política Suburbicon, cuyo guion y espíritu era cien por cien Coen pero la firma final era la de su colega de tantas ocasiones George Clooney.

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