Leopoldo María Panero, el reposo astorgano del maldito

Tras cinco años retenidas por el juez, las cenizas del indómito poeta descansan en el panteón familiar


Madrid / Colpisa

Leopoldo María Panero Blanc descansa, al fin, en paz. Más de cinco años después de su muerte, las cenizas del maldito y excelente poeta reposan ya en el panteón familiar de su Astorga natal, junto a los de su padre y su hermano menor, Michi. La ceremonia, celebrada en la iglesia de Santa Marta, y el posterior sepelio sacaron sus restos del limbo judicial en el que se sumieron tras su repentina muerte, el 6 de marzo del 2014, en el psiquiátrico de Las Palmas en el que estaba recluido y en el que pasó casi dos decenios.

Desde entonces la familia reclamaba la urna, pero el juez no autorizó su entrega hasta el año pasado. La retuvo junto a varias cajas con documentos, un montaña de libros y manuscritos inéditos, reconocimientos, premios y sus máquinas de escribir. Eran las pertenencias que dejó en el Hospital Rey Juan Carlos I, «el manicomio del doctor Rafael Inglot», como él llamaba al sanatorio en el que ingresó voluntariamente y que tenía encomendada su tutela.

No dejó instrucciones

Charo Alonso Panero, prima del escritor, relató las tribulaciones judiciales para hacerse cargo de sus restos y rescatarlos del depósito del psiquiátrico. Fueron incinerados sin el consentimiento de la familia, que supo de la muerte a través de su editor. No pudieron recoger las cenizas ni las pertenencias, dado que el finado nunca especificó qué hacer, ni dejó instrucción alguna. Hubo que esperar a que el juez determinara quiénes eran sus herederos legales, proceso que se alargó un lustro, hasta que designó a cuatro primos, entre ellos Charo. Ya se inició el proceso de clasificación de los textos y manuscritos para su edición. Los originales se donarán a la Asociación de Amigos Casa Panero de Astorga, que se convertirá en museo en el 2020 y que acogió tras el funeral un homenaje al poeta.

«Vivió para escribir, con la poesía como única vía de escape, y soportó calificativos despectivos, como “maldito” o “loco”», lamenta la prima de este apóstol de la incorrección que alumbró el grueso de su obra en las instituciones psiquiátricas en las que pasó la mayor parte de su vida.

Poeta torrencial y autodestructivo, paradigma de genio transgresor y brillante, eligió vivir en la locura. Último de una estirpe de poetas, huyó de las inclemencias de la cordura sin que su inestabilidad emocional y mental le impidiera armar una obra singular, potente y lúcida. A pesar de su tormentoso y esquizofrénico carácter, sus paranoias y su impredecible y volcánico comportamiento, era «cercano y tierno», según sus editores y amigos Antonio Huerga y Charo Fierro.

Nacido en Madrid el 16 de junio de 1948, hijo del poeta astorgano Leopoldo Panero y la escritora y actriz Felicidad Blanc, y sobrino del también poeta Juan Panero, creció en un ambiente letraherido e insano, marcado por el aliento poético de su autoritario padre, falangista y alcohólico, cima de la poesía de posguerra y afín al régimen de Franco.

La poesía fue una vocación casi infantil a la que se entregó mientras estudiaba bachillerato en el Liceo Italiano de Madrid, Filosofía y Letras en la Universidad Complutense y Filología Francesa en la Central de Barcelona. Ni las normas académicas ni las sociales regían para un irreverente e iconoclasta que condenó sin paliativos el «conocimiento formal» y se adentró por su cuenta en las fuentes más ricas y hondas de la poesía francesa y anglosajona.

Antifranquista furibundo, faltón y pendenciero, antes de los 20 años sufrió varias detenciones, antesala de las largas etapas de reclusión en centros especializados. Como poeta se ganó pronto la etiqueta de maldito que lo acompañó hasta el final. Por el camino de Swan (1968) fue su brillante debut, un poemario deslumbrante al que siguieron Así se fundó Carnaby Street (1970) o Teoría (1973). El editor Josep María Castellet incluyó sus versos en su mítica antología Nueve novísimos poetas españoles (1970) junto a Vázquez Montalbán, Martínez Sarrión, José María Álvarez, Azúa, Gimferrer, Guillermo Carnero o Ana María Moix. Tras una estancia en París publicó su celebrado Narciso en el acorde último de las flautas. Halló en Eduardo Haro Ibars un alma gemela en el exceso y las rarezas literarias y para un descenso a los infiernos de la heroína a la que en 1992 dedicó una espeluznante colección de poemas.

Rimbaud y Baudelaire

Capaz de memorizar toda la poesía de Rimbaud y Baudelaire, dueño de una displicente y mordaz inteligencia, traductor excelso -como prueba su versión de Matemática demente, los cuentos humorísticos de Lewis Carroll- y acerado ensayista, el tabaco, el alcohol y las drogas fueron eternos compañeros de viaje.

Incapaz de socializar, y enfrentado a su familia en una relación tóxica -de la que dio cuenta la película El desencanto, de Jaime Chávarri-, pasó la mayor parte de su vida adulta en psiquiátricos como el de Mondragón (Guipúzcoa), donde permaneció casi quince años y alumbró algunos de sus poemas más divulgados. Sobrevivió a sus hermanos también poetas: José Moisés Santiago, Michi, fallecido en el 2004, y Juan Luis, el mayor, en el 2013.

Muere el poeta Leopoldo María Panero

Efe
Leopoldo María Panero, en Lugo en una foto del 2003
Leopoldo María Panero, en Lugo en una foto del 2003

Hijo del gran poeta astorgano Leopoldo Panero, era exponente de la poesía transgresora

El poeta, actor y escritor madrileño Leopoldo María Panero, exponente de la poesía transgresora, ha fallecido hoy en Las Palmas, según el mensaje de condolencia que su editorial Huerga y Fierro ha colgado en Facebook.

Nacido en Madrid, el 16 de junio de 1948, e hijo del gran poeta astorgano Leopoldo Panero, una de las mejores voces líricas de postguerra, y la escritora y actriz Felicidad Blanc, era hermano del también poeta Juan Luis Panero, que falleció en septiembre, y de «Michi» Panero.

Escritor desde su más tierna infancia, parte de la vida de Leopoldo María Panero ha transcurrido en distintos hospitales psiquiátricos de la Península y Canarias.

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