Un ruso enrolado en la División Azul

Núñez Seixas y Oleg Bedya editan las memorias de Vladímir Kovalevski, que ofrecen una perspectiva inédita sobre la campaña de los voluntarios españoles

Llegada de soldados de la División Azul a Madrid en 1943
Llegada de soldados de la División Azul a Madrid en 1943

redacción / la voz

Entre 1941 y 1943 cerca de 50.000 soldados de la España franquista se sumaron al Ejército alemán en su invasión de la Unión Soviética. Entre los voluntarios de lo que se conoció como la División Azul se encontraban algunos de los rusos blancos, exiliados tras el triunfo de la revolución de 1917, que habían combatido con los sublevados en la Guerra Civil. Era una oportunidad de regresar a su país y -creían- liberarlo de la tiranía soviética: algunos ya habían intentado alistarse con los alemanes, pero los nazis hicieron lo posible por rechazarlos, ya que temían que la caída de Stalin propiciase un resurgir de la antigua Rusia imperial. La División Azul, por tanto, les ofrecía esa posibilidad de combate que Alemania les negaba.

Uno de esos rusos fue Vladímir Kovalevski, que recogió su experiencia en unas memorias cuyo manuscrito apareció en el 2016 en la Hoover Institution de la Universidad de Stanford, y que ahora se pueden leer en español. El volumen Un ruso blanco en la División Azul (Galaxia Gutenberg) recoge la experiencia de Kovalevski, editado por Xosé Manoel Núñez Seixas y Oleg Beyda, quienes también firman el estudio introductorio y las notas al texto autobiográfico.

Las memorias de Kovalevski son una fuente privilegiada para abordar lo que fue la División Azul por diversos motivos. Como afirma Núñez Seixas, este tipo de «egodocumentos» son valiosos para entender las experiencias de guerra en sus propios protagonistas. Son escasos los testimonios del bando soviético, aún menos en el caso de rusos enrolados en la Wehrmacht: el de Kovalevski y otro más. Su condición de ruso que regresa tras veinte años abre otra perspectiva casi inédita. «Son un documento fascinante, non só polo que conta da División Azul, senón polo que conta verbo das súas impresións do país ao que volve», resume el historiador gallego.

Percibe as sutilezas que a moitos pasaban inadvertidas

Y hay un tercer factor que añade más interés todavía, el hecho de que Kovalevski, a diferencia de sus compañeros, se manejase en ruso, alemán y español: «Percibe as sutilezas que a moitos pasaban inadvertidas: o medo dos labregos rusos perante os ocupantes, a forzada convivencia de ocupados e ocupantes, como as rapazas rusas que cantaban cancións a pedimento dos ocupantes aproveitaban para expresar na letra desas cancións melancolía e tristura pola súa situación, mentres os soldados pensaban que lles falaban de amor e convivialidade, como os aldeáns rusos resolvían as súas lideiras anteriores, como a colectivización forzada, entre eles e denunciaban a antigos membros do Partido Comunista ou partisanos».

Este punto de vista se prolonga en el escepticismo que los avatares de la vida había ido imprimiendo en Kovalevski y que aflora en su escritura. «É un home derrotado, da guerra civil e da xermano-soviética, comesto polos seus remorsos por ter colaborado coas tropas invasoras do seu país, que sente dúbidas verbo da xustiza da súa causa, mais que non abandona o seu anticomunismo asemade. Non está integrado no país no que reside dende 1939, hai moitas cousas de España das que non gusta, mais non ten moitos máis lugares onde ir», enumera Núñez Seixas. De hecho, el historiador cree que Kovakevski debió de morir en torno a la segunda mitad de la década de los 50 del siglo pasado. En 1944 se le pierde la pista, sin saber si siguió viviendo en San Sebastián o se trasladó a Francia o incluso Estados Unidos: «Se ficou en San Sebastián, debeu de subsistir cunha paga moi xustiña -a pensión de sarxento de milicias de FET retirado e excombatente-, sen relacionarse moito co seu entorno. En memorias de franquistas donostiarras de posguerra non achei trazo del, tampouco os historiadores locais souberon darme razón».

Ficha de inscripción de Kovalevski en la División Azul
Ficha de inscripción de Kovalevski en la División Azul

Alto, ojos claros, bastante culto y con acreditado expediente militar

A falta de fotografías, el único documento que permitiría dibujar un retrato robot de Kovalevski es su ficha de inscripción en la División Azul, del 30 de junio de 1941. Tampoco hay testimonios de terceras personas. «Era alto para a época -1,80 metros-, ollos claros, acreditado expediente militar, experiencia en varios exércitos», describe Núñez Seixas. «E a maiores un home bastante culto, que sabía idiomas -francés, alemán, castelán, amais do ruso-. Non debía deixar indiferente a ninguén», añade el historiador.

Las memorias parecen basarse en un diario de guerra y Kovalevski debió de escribirlas unos diez años después de su paso por la División Azul. «Nalgún intre enviounas á editorial rusa Globus, de San Francisco, California, especializada en literatura nostálxica para os rusos brancos exiliados. Por que o editor decidiu non publicalas non o sabemos», explica Núñez Seixas. No existe correspondencia que pueda explicarlo. Un posible factor podría ser que el ruso de Kovalevski era peculiar, con errores, galicismos e hispanismos. Una consecuencia última de aquel envío ha sido, casi setenta años después, propiciar la colaboración entre Seixas y Beyda -este último hizo su doctorado sobre los rusos en la Wehrmacht- y que aún no se conocen en persona. Para el gallego, el libro resultante es «un produto, se se quere, da transnacionalización da historiografía na era dixital, mais tamén do azar e da sorte».

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