«Mascotas 2», summertime in the city

El realizador Chris Renaud y los estudios Illumination sirven la segunda entrega de un exitoso filme que no han logrado mejorar y del que se echa de menos su frescura

Fotograma del filme «Mascotas 2»
Fotograma del filme «Mascotas 2»

Tres años después del estreno de Mascotas, el director y animador Chris Renaud y el guionista Brian Lynch regresan con la inevitable secuela, pero ya sin la baza del elemento sorpresa que supuso la primera parte. Esta nueva entrega es una amortiguada decepción, en general diseñada a piñón fijo sobre bases seguras, perdida ya la frescura que nos conquistó hace tres veranos. Y es que, últimamente, los prometedores estudios Illumination -por un momento, fueron alternativa real a Pixar- están flojeando con sus franquicias, agotando filones tan valiosos como Gru o los Minion.

Afortunadamente, Max, el terrier urbanita protagonista, sigue siendo un gran personaje con vida propia que, aun en medio del adocenamiento, nos brinda momentos cargados de delicado ingenio; aunque son gags de disfrute rápido y más raudo olvido. Incluso la animación, comandada ahora por Jonathan del Val -artista francés, formado en la productora-, está perezosamente trabajada, a pesar de que -es obvio- la calidad industrial del dibujo americano está siempre a alturas estratosféricas.

Mascotas 2 comienza con una introducción donde oímos la desesperanzada voz en off de Max, durante un paseo por Central Park: «Una vez que los humanos llevan un niño a casa, tu vida ya no es la misma». Y, poco después, el perrito resbala sobre la panza preñada de su amita y cae al suelo. Rey destronado.

Si en la primera parte vivíamos en un Nueva York otoñal arrasado de lindos ocres, ahora la luz de un florido verano, bajo deslumbrantes cielos azules, nos dibuja un Manhattan adorable que disfrutaría Woody Allen. Por cierto -ya lo pensamos viendo la primera parte-, en muchos momentos, la música de Alexandre Desplat nos remite a George Gershwin y el pequeño Max, lleno de paranoias, se nos antoja un remedo de Woody.

Los miedos y neuras de Max, -«¡el mundo es aterrador!»- más que las gracietas del conejito blanco destroyer, son la parte del león de esta película. El terrier le teme a todo, a los coches, a los relámpagos, a la noche misma. Y esa tierna fragilidad tiene gran colofón en una nueva visita al veterinario, donde el pequeño héroe neurótico se encuentra con otras mascotas estresadas del barrio. La secuencia es un homenaje a una temprana y pequeña película de Tex Avery, el primer gran psicólogo de animales del mundo de la animación.

«THE SECRET LIFE OF PETS 2»

Estados Unidos, 2019.

Directores: Chris Renaud y Jonathan del Val.

Guion: Brian Lynch.

Música: Alexandre Desplat.

Animación.

87 minutos.

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