Leopoldo Rodríguez Rocha: «Percorrín Galicia pintando altares»

Es el último imaginero compostelano. Por sus manos, con medio siglo de experiencia en el oficio, pasaron obras de toda Galicia para su restauración y salieron numerosas esculturas

Leopoldo Rodríguez talló el Cristo de la Misericordia que está en la iglesia de As Orfas
Leopoldo Rodríguez talló el Cristo de la Misericordia que está en la iglesia de As Orfas

Santiago / La Voz

«Levo cincuenta anos no oficio. Nunca te aburres porque é moi completo: decoración, dourados, escultura... Ten moitas técnicas», asegura Leopoldo Rodríguez Rocha (Santiago, 1952). Esa es la razón para mantener la ilusión durante cinco décadas convirtiéndose, además, en el último imaginero compostelano. Fue su abuelo, Ángel Rodríguez Moure -reconocido escultor imaginero- el que lo introdujo en la profesión con 17 años, después de regresar de América. «Como de pequeno debuxaba bastante ben, quíxome ensinar o oficio», explica. Y en su taller estuvo hasta el año 1982, cuando decidió independizarse y montar su propio negocio.

En sus primeros años trabajando, Leopoldo Rodríguez se centraba principalmente en la restauración, tanto imágenes como retablos: «Percorrín Galicia enteira pintando altares». Aunque el estado en el que se encontraban las obras era muy diferente, «todo o que me veu arranxeino, aínda que algunhas estaban moi deterioradas». Su objetivo siempre era devolverle, en la medida de la posible, su aspecto original. Sin embargo, esta faceta como restaurador se vio truncada hace cinco años. «Case quedei sen traballo cando máis tiña que ter, porque case non queda xente que de dedique a isto», dice. La razón es la exigencia de tener un título acreditativo como restaurador por parte de Patrimonio para actuar sobre ciertas obras.

Si Leopoldo continuó con su taller tras este revés es, principalmente, porque también llevaba dos décadas tallando sus propias esculturas. La primera fue un Sagrado Corazón de 1,20 metros de alto. «Facer as imaxes é coma se debuxaras coa ferramenta. O debuxo é a base deste oficio», asegura el artista de formación autodidacta, que también acudió por las noches, durante cuatro años, a la Escola de Artes. «Os oficios apréndense nos talleres», sostiene.

Sus obras no solo están repartidas por Galicia, sino que también llegaron a otros países, como Uruguay o Alemania. «En proporción, para Santiago é para onde menos traballei, aínda que tamén restaurei algunha figura na catedral, en San Lázaro..., pero nas aldeas é de onde máis encargos recibín, é coma se a igrexa fose dos veciños e quérena ter ben».

Obras de Leopoldo Rodríguez recorren calles gallegas por Semana Santa. Es autor del paso de la Resurrección de Viveiro. «Foi o de maior tamaño que fixen. O Cristo mide 2,30 metros», asegura, al mismo tiempo que confiesa que no le gusta acudir a las procesiones para ir a verlos. Detrás de este conjunto escultórico están más de tres meses de trabajo. Además, en Santiago, la Cofradía de los Estudiantes le encargó el Cristo de la Misericordia. «A expresión da cara é o que di todo», detalla Leopoldo Rodríguez, que realiza el proceso íntegro «desde a escultura á pintura» y se fija especialmente en artistas del siglo XVIII, «como Gambino e Ferreiro».

Leopoldo rememora cómo su abuelo acudió al taller hasta los 94 años. ¿Seguirá la saga familiar? «Aos meus netos por agora non lles gusta. Para isto hai que nacer. Eu sempre fun encantado a traballar», afirma.

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