La Voz ofrece este domingo «Viva Mi Dueño», de Valle-Inclán

En esta obra, que el periódico ofrece a sus lectores por 2,95 euros, un Valle-Inclán maduro y ambicioso critica la corrupción en la corte de Isabel II, dardos que, con su genio, se convierten en una visión atemporal

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redacción / la voz

Viva Mi Dueño fue la segunda novela del ciclo El Ruedo Ibérico de Valle-Inclán, un proyecto literario que, a juicio, por ejemplo, de Pedro Salinas, figura entre lo mejor de una trayectoria excelsa en su conjunto. «Se trata de su última obra y la muestra más madura de su prosa esperpéntica, que precisamente en Viva Mi Dueño creo que alcanza un nivel estilístico extraordinario», explica Adriana Abalo Gómez, a cuyo cuidado ha estado el texto del libro que la Cátedra Valle-Inclán y La Voz ofrecen este domingo a sus lectores por 2,95 euros más el lomo en el cupón del diario.

Se trata de una obra que, además, encarna como pocas el alto nivel literario que alcanzó Valle. «A la luz del estudio de los manuscritos que se conservan de la escritura de El Ruedo Ibérico, que yo misma he analizado en mi tesis doctoral, se podría decir que Viva Mi Dueño constituye un ejemplo paradigmático del proceso de creación, depuración y composición que Valle-Inclán llevo a cabo en sus obras», expone la investigadora. «No solo existen numerosos estado textuales de un mismo asunto, desde las notas más incipientes hasta la sucesión de varias puestas en limpio, incluso traslados de Josefina Blanco, esposa del escritor, en las que Valle-Inclán trabaja para mejorar la redacción, sino que, además, y esto resulta muy particular de su modus operandi, se han hallado redacciones alternativas de un mismo asunto con soluciones finales incompatibles o versiones breves y en extenso para dar salida a una determinada anécdota», añade.

Viva Mi Dueño constituye una crítica a la corrupción en la corte de Isabel II y una visión anticlerical. «La crítica al estamento clerical está presente en toda la obra mediante la actuación de dos personajes históricos, Sor Patrocinio y el Padre Claret, principales artífices de la camarilla de Isabel II. Además, también funcionan como cadena de transmisión y manos ejecutoras de la política vaticana que tanta influencia ejerció en la corte isabelina. Pero, además, en Viva Mi Dueño podríamos decir que se acentúa la crítica anticlerical porque la visión demiúrgica alcanza personajes tan secundarios como el Vicario de los Verdes, para mostrar la inmoralidad de esta clase social». 

Pese a esta contextualización tan marcada en el espacio y en el tiempo, el genio del escritor las convierte en atemporales. Según Abalo, «fijan la lupa en comportamientos demasiado humanos que, por desgracia, pero forzosamente, perviven en nuestro presente». Este tono dificultó en a publicación de El Ruedo Ibérico en España, ya que la editorial Renacimiento se negó a esa crítica a la abuela del rey actual, Alfonso XIII. «Si en los años 20 y 30 la obra pudo resultar más ofensiva por la cercanía del período que ficcionaliza, no ha dejado de serlo porque las críticas son extensibles a cualquier momento y época de la historia de España. El Ruedo Ibérico retrata un comportamiento endémico de nuestra sociedad», concluye Abalo.

Carmen Vílchez (izquierda) y Adriana Abalo, del Grupo de Investigación Valle-Inclán de la Universidade de Santiago
Carmen Vílchez (izquierda) y Adriana Abalo, del Grupo de Investigación Valle-Inclán de la Universidade de Santiago

Valle-Inclán concibió originalmente El Ruedo Ibérico como un ambicioso proyecto de tres trilogías, pero solo pudo publicar la primera por diversas causas que influyeron en el proceso. ¿Cómo habría sido la serie de haberse publicado completa? «Precisamente esta es una de las preguntas que motivó mi proyecto de tesis, pero probablemente nunca la podamos responder con certeza, si bien la existencia de los manuscritos del autor, y concretamente las más de 3.000 hojas que se conservan relacionadas con el proceso de escritura de El Ruedo Ibérico, nos ha permitido alcanzar nuevas conclusiones», detalla Adriana Abalo. «Las circunstancias personales de Valle-Inclán (su cargo como director de la Academia de Bellas Artes de España en Roma, el divorcio con Josefina Blanco, el cuidado de sus hijos, o el agravamiento de su enfermedad), además de la propia dificultad y amplitud de la serie, como el propio autor declaró en varias ocasiones, claramente ralentizaron la escritura y publicación de la obra, pero ahora sabemos que Valle-Inclán no abandonó su redacción, pues se conservan manuscritos que prueban, ciertamente, que el escritor continuó su labor hasta sus últimos días, es más, llegó a redactar episodios ambientados en Roma o Londres, protagonizados por Pío IX y su camarilla, o los emigrados revolucionarios, respectivamente, que como él mismo manifestó en sus últimas declaraciones, iban a ser espacios y anécdotas continuadoras de Baza de Espadas, la tercera y última novela que quedó inacabada a su muerte». Precisamente este tomo forma parte de la colección del autor, que La Voz ofrecerá a sus lectores el próximo 18 de agosto.

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