Fernández Flórez, piedra de toque de la renovación del cine español de posguerra

La revista «Volvoreta» vindica «El malvado Carabel» (1931), novela que supuso un hito de fama y ventas para el autor gallego


Redacción / La Voz

Wenceslao Fernández Flórez (A Coruña, 1885-Madrid, 1964) fue un hombre sin fortuna política, pese a moverse en cada ocasión con la pericia del superviviente, la de un progresista liberal conservador. Quizá por eso fue denostado por los dos bandos durante la Guerra Civil, como tampoco hoy goza de celebraciones en cuanto que supo manejarse con naturalidad con el régimen franquista. ¡Como tantos otros! Su figura y su obra, desgraciadamente, precisan de defensores con capacidad didáctica y paciencia. Y a la cabeza de la tarea -enarbolando la bandera del escritor gallego- está la Fundación Wenceslao Fernández Flórez, que tiene su máxima expresión en la cuidada y rigurosa revista Volvoreta. Su segundo número está monográficamente dedicado a la novela El malvado Carabel, que, publicada en 1931, fue un hito de popularidad y ventas para el autor de El bosque animado (1943), cuya carrera como narrador y periodista, por otra parte, fue un ejemplo de fama, éxito y holgura económica.

Tanta repercusión pública tuvo la novela -incrementada por la afortunada adaptación al teatro de 1932- que en la calle, en Madrid, cuando a alguien le iba mal en el trabajo o en la vida le decían: «Tú eres un carabel».

La revista reivindica, a través de El malvado Carabel, la importancia de Fernández Flórez en la renovación del cine español de posguerra. El profesor José Luis Castro de Paz, presidente de la fundación, recuerda que esta novela sirve de soporte a dos películas trascendentales -dirigidas respectivamente por Edgar Neville (1935) y Fernando Fernán-Gómez (1955)- y «actúa como puente entre el mejor cine popular de la época republicana y la mirada sutilmente crispada ante el horror franquista que ostentaban los realizadores más rebeldes de los años cincuenta». Son filmes, agrega, que se muestran capaces de referirse de manera más o menos metafórica y discreta, pero en ocasiones con deslumbrante densidad formal y no menor profundidad semántica, a su vinculación con la República, así como al «exilio interior» -al que están condenados no solo los creadores- y sus devastadoras consecuencias psíquicas «y, en cualquier, caso, al lastimoso presente que les tocaba vivir».

Los especialistas que aportan su visión en Volvoreta tratan de iluminar el modo en que la literatura de Fernández Flórez es piedra de toque de un cine español capaz de ofrecer un retrato oscuro de la triste y gris cotidianidad en que transita el país. El inteligente tono humorístico de Fernández Flórez eleva el costumbrismo hacia esa especie de neorrealismo español que detectaba y elogiaba Fernán-Gómez. «Gracias a esa finura se decían en la posguerra cosas que en realidad no se podían decir», incide Castro de Paz. La riqueza antropológica de su literatura procura un material de partida apto para hablar de los padecimientos de las clases populares y trabajadoras. La figura del sufriente Amaro Carabel, españolito medio de la época, «proletario de cuello duro», oficinista, es una plasmación sociológica perfecta.

Neville critica en el 35 aspectos de la República impensables desde la óptica de la izquierda y Fernán-Gómez, en el 55, la existencia opresiva bajo la dictadura de Franco. Es el aliento de la reformulación llevada a cabo en los años 50 por los directores más arriesgados a partir del humus del costumbrismo y el sainete en los que se inspirara el cine nacional-popular republicano. Gracias a ese humorismo gallego, el camino que se recorre con Fernández Flórez es en cierta medida el de la intelectualización del sainete, en un proceso similar al que protagonizó Valle-Inclán con su esperpento, si se parte de Arniches.

La digitalización de los 86 tomos de la obra periodística

Volvoreta virará en su tercer número hacia un formato de revista más tradicional, evitando el carácter monográfico para abordar asuntos como los vínculos de Wenceslao Fernández Flórez con los escritores gallegos en lengua castellana, conocer el discurso del autor de El hombre que se quiso matar sobre el Quijote y acercarse a su colección de caricaturas. La cuarta entrega ya trabaja para publicar el guion que elaboró Rafael Azcona sobre El bosque animado para José Luis Cuerda.

La labor de la fundación es callada pero no ceja, y de hecho está inmersa en el proceso de digitalización (con el apoyo de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes) de los 86 tomos de la obra periodística del escritor gallego, para ponerla a disposición de los investigadores. Solo las dificultades económicas y la escasez de respaldo de las Administraciones públicas impiden imprimir mayor celeridad a estos proyectos.

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