«Oliver Laxe no pertenece a lo humano; si me lo pide él, hasta haría otra película»

maría guntín LUGO / LA VOZ

CULTURA

ALBERTO LÓPEZ

Protagonista de «O que arde», esta mujer de 83 años, que no sabe de fronteras, recibió el viernes la Medalla Castelao

30 ene 2020 . Actualizado a las 10:27 h.

Benedicta Sánchez Vila desprende libertad. Tiene 83 años y vive en Manán, en O Corgo, a diez kilómetros de Lugo. Desde la N-VI se puede vislumbrar a una mujer de pelo blanco con mandil y botas de goma, que destaca en el medio de lo que parece una huerta. Es Benedicta. Libre. Imparable. De bailar una muñeira en Cannes tras el rodaje del filme O que arde a quitar las silvas de su finca. Y sin pestañear. Vive sola en su casa y no tiene miedo, porque tenerlo implicaría «falta de curiosidad», explica. Ella es una mujer con historia y sin tabúes. Una adelantada a su época, una pionera, una visionaria. Nunca se había puesto delante de una cámara, pero lo hizo sin dudar. Y triunfó. Ganó la Medalla Castelao el año en el que todas las premiadas son mujeres. No pudo ser casualidad porque Benedicta es una luchadora nata.

-¿Cuál es su historia?

-Yo nací a un kilómetro de aquí, en San Pedro Félix [O Corgo]. A los cinco años nos vinimos a esta casa. Mis padres emigraron a Cuba por la guerra, y luego regresaron. Yo iba a la escuela a Manán. Por problemas políticos, a mi padre lo llevaron preso y estuvo en la cárcel cuando yo quería estudiar. Mi madre se quedó sola con mi hermano y conmigo y yo tuve que quedarme con las ovejas. A los 14 años mi maestra le dijo a mi padre que yo tenía que estudiar, y me llevó un año para su casa. Después me fui a una pensión y conocí al que se convirtió en mi marido. Nos casamos en San Pedro a las siete de la mañana porque no había dinero. En los años 60 nos marchamos a Brasil y yo regresé en el 79. Volví separada, aunque no legalmente, y con una niña.

-¿A qué se dedicó y cómo surgió su incorporación al cine?

-Trabajé de autónoma haciendo fotografía social. A mi hija le gustaba filmar y un día me dijo que había un casting en Navia y que buscaban a una mujer mayor. Yo me fui a conocer Os Ancares porque nunca había estado allí. Vi que Oliver se asomaba y me miraba, conectó conmigo porque tengo lengua de trapo, y dijo que me escogía si me dejaba el pelo largo. Fue su única condición. La grabación fue muy bonita. Para mí, Oliver no pertenece a lo humano, va más allá.

-¿Cómo fue su regreso a España?

-Volví sola con la niña y la registré como soltera cuando ella tenía ocho años. No quería que su padre la reconociese porque me negaba a aceptar que mandaría en las dos. Yo necesitaba el permiso de mi marido para todo y no quería que eso continuara. Me negué a aceptarlo.

-Tuvo que ser una niña rebelde.

-De pequeña me rebelaba contra todo y mucha gente me decía que parecía un niño. No podía ir a nadar o andar en bicicleta porque decían que eso dañaría mi virginidad. Había muchas cosas que no podía hacer por ser una niña. Lo más triste es que los chicos me aceptaban y respetaban, me veían como a uno más y las que me criticaban eran las otras niñas. Yo estaba enfadada con el mundo. Me dejaba el pelo corto, parecido al de un hombre, y me daba igual.

-Usted no come carne desde hace mucho tiempo.

-Ahora soy vegana porque ya nada es como era y ya no se trata de mi vaca ni de mi leche. Un día les dije a mis padres que no llevaba más chorizos para Lugo y les pedí dinero para comprar naranjas. Y desde entonces.

-¿Diría que sí a una futura película?

-Estoy al servicio de Oliver Laxe, a él le diría que sí. Por eso no dejé que me tocaran el pelo aunque a mí me guste tenerlo corto porque es más práctico.

-Bailó una muiñeira en Cannes.

-A mí me salió así. Como también me salió descalzarme cuando me dolían los pies, y no fui la única que lo hizo. Nunca me habría imaginado en un festival.