Luis Landero: «A veces la mentira o el silencio es mejor que sacar los trapos sucios»

El autor extremeño hace aflorar en su novela «Lluvia fina» los demonios íntimos de una familia

Landero, a la derecha, durante una de las presentaciones de «Lluvia fina»
Landero, a la derecha, durante una de las presentaciones de «Lluvia fina»

Gabriel decide llamar a sus dos hermanas y reunir a toda la familia para celebrar el 80.º cumpleaños de su madre y tratar de reparar los antiguos rencores que los han separado durante años. A partir de ahí los viejos demonios familiares afloran en seis días de vértigo. Este es el argumento de Lluvia fina (Tusquets), la última novela de Luis Landero.

-¿Cómo surge esta novela?

-La idea me la dio una noticia muy breve que leí en un periódico sobre un encuentro familiar que había terminado muy mal, con muertos y heridos. De pronto algo ocurrió, algo se debió activar en algún rincón remoto de mi conciencia. Vi que ahí había una novela que prácticamente estaba escrita, porque tenía muy claros los personajes y los conflictos. Fue como una revelación. Dejé un proyecto que tenía entre manos y me puse con este.

-En su novela todos los personajes son desgraciados.

-Es la parte sombría de la familia. La novela transcurre en seis días en los que todos sacan sus reproches y sus agravios. Son seis días de destrucción. Desde el principio vi que aquello era una tragedia doméstica. Tenía que ser una novela muy enérgica, que se concentrara en un período corto de tiempo y sin contemplaciones, había que ir al meollo del asunto, que es la liberación de todos los demonios reprimidos que hay dentro de cada uno y esa especie de catarsis que acaba malamente. Hay familias que se guardan sus agravios y saben perdonar, pero en este caso han fraguado en realidades muy fuertes y exigen de algún modo reparación, venganza. A veces en la familia es mejor no hablar de esas cosas.

-¿A veces es mejor la mentira que decir la verdad?

-Sí, la mentira o el silencio es mejor que sacar los trapos sucios.

-Muestra cómo el relato no solo se basa en hechos, sino que se inventa, se maquilla, se exagera.

-Todos creamos realidades de papel. Ahí está don Quijote, que se crea una realidad, o el celoso, ya sea Otelo o en la vida real, que hace otro tanto. Ahí están ciertos nacionalismos que se crean sus realidades alternativas. La memoria tiene mucha imaginación, no es una verdad histórica, tiene mucho de ficción. Sobre todo lo relacionado con la infancia. Con el tiempo vamos fabulando nuestro pasado, añadiendo y quitando cosas, haciendo un pasado a nuestra medida. Si a eso le añadimos el victimismo es un relato a favor de obra, donde los malos son los demás y uno es el bueno.

-Esto sucede también con el relato de España.

-Sí. Hay un relato de la España heroica y otro de la España negra, que están falseados. Y podríamos hablar también de Cataluña, de cómo se han inventado un relato a su gusto. Esas cosas acaba creyéndoselas, convirtiéndose en convicciones. Oliver Sacks decía que los que creen haber sido abducidos por extraterrestres no mienten, creen que fue así. Contra una verdad de la imaginación no hay argumento para desmontarla.

-En la novela se entrecruzan los distintos puntos de vista de los personajes hasta el punto de que no sabemos cuál es la verdad.

-Eso lo tuve también muy claro desde el inicio, no tenía que haber un narrador árbitro, que estuviera por encima de los personajes, sino que todos los episodios debían estar vistos desde el punto de vista de los personajes, de manera que nadie supiera, incluso ni el narrador, quién tiene o no razón. Se puede más o menos intuir, tomar partido, pero tan válido es lo que dice uno como otro.

-Aurora, la mujer de Gabriel, es la que escucha las quejas y versiones de los demás. ¿Es un «alter ego» del escritor?

-Efectivamente, yo delego en Aurora, ese personaje fue la clave de la novela, me sirvió para que cada episodio esté contemplado desde todos los puntos de vista. Hay muchos lectores, pero sobre todo lectoras, que me han dicho yo soy Aurora, porque todos me cuentan sus problemas y se desahogan conmigo. Hay personas así, que saben escuchar y comprender, que no juzgan y entienden que en el fondo todos tienen razón, porque cuentan la historia según les ha ido en la vida. Pero ella misma cae en la trampa de la invención tóxica de relatos.

-El único momento en que los personajes son felices es la infancia.

-Muchos recordamos la infancia como el paraíso perdido, la mejor época de nuestra vida, porque no existe el pasado ni te angustias con el futuro, vives en el presente. En la infancia todavía no hemos conocido el fracaso. La edad adulta es la consumación del fracaso de los sueños. En ese momento empiezas a buscar culpables del fracaso, que inevitablemente están en la familia.

«El español es un poco masoquista, le encanta torturarse»

El autor de novelas como Juegos de la edad tardía, premios de la Crítica y Nacional de Narrativa, Absolución y El balcón en invierno asegura: «Todos tenemos nuestro mundo, una parte oscura, y no tenemos por qué contar nuestras pequeñas maldades».

-Tengo entendido que mientras pensaba esta novela seguía usted muy de cerca el «procés».

-Lo viví, como tantos españoles, en un estado de taquicardia, expectación y angustia. Dedicaba hasta 12 horas a informarme. Me alimentaba del procés. Dejé la novela y dejé todo. Luego la retomé.

-¿Los seres humanos tenemos una propensión al rencor, el odio y la venganza?

-Creo que sí, el ser humano tiene una parte mala, que muy a menudo domina la buena. Es egoísta, rencoroso y envidioso. Eso está a flor de piel. No hay más que leer la historia o abrir un periódico, ver cómo nos estamos cargando el planeta. Para contrarrestarlo está la civilización, la cultura, la educación, la convivencia. De nosotros depende dignificar la condición humana con sentimientos nobles y una actitud bondadosa respecto al prójimo para apaciguar esa tendencia hacia el mal.

-En España hay una tendencia a poner en cuestión hasta nuestros logros, como la Transición.

-El español es bastante acomplejado, no valora lo que tiene, creo que vivimos en un país que no está nada mal. Vivimos un momento estelar de la historia de España: prosperidad, paz, buen clima y muchas cosas para estar contentos, pero no estimamos lo nuestro. Somos un poco papanatas y paletos, admiramos cualquier cosa que viene de fuera, pero somos incapaces de valorar lo nuestro. Esto pasa a nivel personal, que uno no se estima a sí mismo y envidia a los demás. Y también a España, que es históricamente acomplejada y tiene sentimiento de culpabilidad. El español es un poco masoquista, le encanta torturarse. En la historia española hay cosas realmente lamentables, de su pasado y de ahora, que no me gustan, que rechazo por completo, pero hay otras magníficas. Todos los países tienen una parte sombría en su historia.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
1 votos
Tags
Comentarios

Luis Landero: «A veces la mentira o el silencio es mejor que sacar los trapos sucios»