«Divinas Palabras», el domingo 16 de junio con La Voz de Galicia

El cine visita con cierta frecuencia a Valle-Inclán y quizá «Divinas Palabras» sea su concreción más popular. La Voz ofrece mañana, por 2,95 euros más el cupón del lomo del diario, un texto que, para el autor arousano, fue puerta de acceso al esperpento


Divinas Palabras es uno de los hitos del vínculo que literatura y cine mantienen en Valle-Inclán, que se concretó en varias adaptaciones desde que en 1959 Bardem rodó Sonatas. El idilio audiovisual se cerró en el 2008 con la miniserie Martes de Carnaval, filmada por José Luis García Sánchez, convencido valleinclanista que ya había realizado versiones de Tirano Banderas (1993) y, precisamente, Divinas palabras (1987), y fue realimentado en el 2011 con el mediometraje documental De tertulia con Valle-Inclán, con Xerardo Pardo de Vera vistiendo al escritor.

Un total de ocho ficciones supusieron un desafío para sus guionistas y desigual acogida crítica ante el reto de llevar a imágenes la dramaturgia y el universo plástico y narrativo del padre del esperpento. Valle está considerado como uno de los intelectuales de su época más interesados por el séptimo arte, hasta usar recursos del naciente medio de expresión, en particular del período silente.

Incluso opinó sobre el cine y su relación con el teatro. En 1933, cuando ya se consolidaba el sonoro, en el periódico Luz, diario de la República reprochaba al teatro «de camilla casera» que no siguiera «el ejemplo del cine actual, que, sin palabras y sin tono, únicamente valiéndose del dinamismo y la variedad de imágenes, de escenarios, ha sabido triunfar en todo el mundo…». No sería hasta 1959, en coproducción con México, cuando Bardem adaptó las Sonatas de Otoño y de Estío con Fernando Rey, Paco Rabal, María Félix y Aurora Bautista. Rodada en buena medida en A Lanzada y el pazo de Oca, en suelo azteca tuvo a Carlos Velo como consejero de producción. La siguiente será Flor de santidad (1972), filmada en Galicia y única película dirigida por el actor y dramaturgo Adolfo Marsillach. Ambientada en la carlistada de mitad del siglo XIX, según el cineasta, «fue amputada, pisoteada y violada» por la censura: a modo de ejemplo, mudaron la frase de Ismael Merlo «¡Pobre España!» por «¡Pobre santiña!»… Eliana de Santis, Francisco Balcells, el coruñés Antonio Casas y Marsillach completaban el reparto con tomas en Mondoñedo, Carboeiro, Compostela y Tui.

Le siguió la insatisfactoria Beatriz a cargo de Gonzalo Suárez, adaptando el cuento homónimo y Mi hermana Antonia. Ambientada en el pazo de Tor, ocurren allí hechos singulares cuando llega un misterioso fraile encarnado por Jorge Rivero, a quien acompañaban José Sacristán y Carmen Sevilla junto a Nadiuska y la malograda Sandra Mozarowsky, ambas musas del producto S de entonces. Ya en 1985, en pleno cambio de rumbo cualitativo en el cine español, con Pilar Miró al frente, Luces de bohemia, de Miguel Ángel Díez sobre guion de Camus, levantó una fallida expectación con Rabal como Max Estrella y Agustín González como su acompañante Don Latino por la noche madrileña, recreada en estudios.

La siguiente fue Divinas Palabras (años antes, en 1977, el mexicano Juan Ibáñez rodó otra versión) a cargo de García Sánchez, con secuencias en Santiago, Padrón, A Lanzada, O Grove y A Illa. La Galicia invernal de 1920, con la peripecia de Pedro Galio, Mari Gaila, Séptimo Miau y los demás, que interpretaron Rabal, Ana Belén, Imanol Arias, Echanove y Esperanza Roy junto a varios secundarios gallegos, además de Milladoiro en la música y Xoán Piñón en la foto-fija. En adelante será García Sánchez el que regrese al universo valleinclanesco. En 1993 guionizó Tirano Banderas en coproducción con Cuba y México -de nuevo, Belén en el cartel-, con el italiano Gian Maria Volonté como el asediado dictador Santos Banderas. Ya en el 2008 se filmó la miniserie Martes de Carnaval para TVE, que recreó a Valle en numerosos dramáticos a lo largo de su historia. Juan Diego y Juan Luis Galiardo encabezan el reparto.

Rosario Mascato, editora del libro «Divinas Palabras»: «Valle deixa atrás a idea de representar»

«Divinas Palabras é o primeiro ensaio que Valle fai desvinculado xa da idea de representar os seus textos», explica la profesora Rosario Mascato, que sitúa en 1915 la ruptura del autor con las compañías teatrales. Asume que sus obras son para «unha noite en Madrid e nada máis». Él participa en las discusiones de la época sobre la necesidad de reformar la escena teatral española, exige una mayor profesionalización, una mejor dotación de los espacios escénicos y la educación del público. Ya la versión de la obra que apareció en prensa hubo de ser mutilada, y no se conoció íntegra hasta cobrar forma de libro al año siguiente, en 1920. No solo pesa el carácter experimental del texto, sino también el lenguaje y la baja extracción social de los personajes. «Valle busca o truculento e afasta toda empatía, impide esa comuñón que o espectador clásico tiña con respecto das grandes traxedias», anota Mascato, que incide en que Divinas Palabras coloca al público burgués ante su propio afán depredador, ante sus vicios, ante las debilidades humanas. Y eso, claro, no es una posición cómoda.

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