Juan Ignacio Vidarte: «No llegué a entender bien cuáles eran los objetivos de la Cidade da Cultura»

El museo diseñado por Frank Gehry simboliza un cambio, el efecto Guggenheim, que sigue siendo el modelo a imitar

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Juan Ignacio Vidarte: «No llegué a entender bien cuáles eran los objetivos de la Cidade da Cultura» El museo diseñado por Frank Gehry simboliza un cambio, el efecto Guggenheim, que sigue siendo el modelo a imitar

enviada especial a bilbao

El director del Guggenheim reivindica el envoltorio y los contenidos museo a partes iguales. Juan Ignacio Vidarte (Bilbao, 1956) está vinculado a la historia de la instalación catalizadora de la transformación de Bilbao desde sus inicios.

-¿Puede un museo salvar una ciudad?

-No, tiene que estar inmerso en una estrategia más amplia. Aisladamente, no se puede conseguir un milagro. En Bilbao, sin el esfuerzo en mejorar el medio ambiente con el saneamiento de la ría y el sistema de comunicación metropolitana, el Guggenheim no sería lo que es.

-Es la imagen de la ciudad.

-El cambio de Bilbao no se hubiera entendido sin él. Sería una ciudad muy distinta. No es solo una institución cultural que nos proyecta en el mundo. En su ADN está ser un revulsivo social.

-¿Se puede exportar el modelo?

-Es un error pensar que hay soluciones que sirven para todos.

-¿Fue una sorpresa?

-Relativa. El museo ha cumplido los objetivos para los que se ideó. Están escritos y publicados.

-Es importante cumplir lo que se promete...

-Hay que ser realistas, tener los objetivos claros. Hacer un análisis frío de lo que se pretende con los recursos disponibles. Estos proyectos requieren liderazgo, no son de legislatura. Para que fuera rentable calculamos que tenía que tener 400.000 visitantes al año. Desde su inauguración, en 1997, estamos dos o tres veces por encima de esa cifra cada año. Cerramos el 2018 con 1.300.000 visitantes. El 70 % extranjeros, una quinta parte de Francia. Además, se estima que hubo 30.000 noticias relacionadas con el museo el año pasado en la prensa internacional. 

-Al principio, en el año 1991, nadie quería el Guggenheim...

-Fue recibido con escepticismo, crítica y polémica. Incluso lo censuró el sector cultural. Lo veían como un gasto, no como una inversión. Bilbao vivía una crisis de identidad con un paro que rozaba el 40 % en la margen izquierda de la ría. Era un proyecto disruptivo sin referentes. No cabía esperar otra cosa.

Fue recibido con escepticismo, crítica y polémica. Incluso lo censuró el sector cultural
vidarte.Vidarte es también director general de Estrategia Global de la Solomon R. Guggenheim Foundation
Vidarte es también director general de Estrategia Global de la Solomon R. Guggenheim Foundation

-¿Cuál ha sido el mayor éxito?

-Demostrar que las instituciones culturales pueden jugar un papel muy importante en la transformación de una ciudad. Lo que no quiere decir que toda actuación cultural deba tener este objetivo o lo vaya a conseguir.

-¿Por qué el Guggenheim triunfó y no así la Cidade da Cultura?

-No me atrevo a hacer un diagnóstico sobre la Cidade da Cultura. Eso sí, nunca llegué a entender bien cuáles eran sus objetivos. ¿Había un plan más amplio de propósitos y gestión?

-Ambas instalaciones ficharon a un arquitecto de renombre.

-Muchas veces se da una excesiva importancia al aspecto arquitectónico. Sin duda, lo tiene, pero hay que entenderlo como una parte de la ecuación. No debe responder a un capricho intelectual, sino a unas necesidades de programa específicas. No digo que Peter Eisenman no lo hiciera, pero no conozco esa conexión en Santiago.

-El exterior no lo es todo.

-Garantizar la experiencia de la visita es nuestra responsabilidad. Un edificio vacío, sin contenidos, hubiera tenido un efecto importante al principio, pero poco sostenido en el tiempo. Todo esto hay que soportado en un modelo de gestión sostenible.

-¿El Guggenheim es rentable?

-En el 2018 se calcula que generó 540 millones de euros de actividad económica adicional, más de 75 millones son ingresos fiscales. Solo esta cifra multiplica por ocho las subvenciones recibidas.

-¿Quién lo mantiene?

-Una tercera parte son aportaciones públicas del Gobierno Vasco, la Diputación Foral y el Ayuntamiento. Dos terceras partes vienen de los recursos que genera el museo. Visitantes y aportaciones privadas. Tenemos un colectivo de amigos de más de 20.000 personas y 130 empresas colaboran en su funcionamiento.

-El Guggenheim tiene casi la misma edad que el Aquarium Finisterrae de A Coruña, que esta semana cumple 20 años. Es el espacio museístico más visitado de la ciudad, ¿debería aspirar a ser un reclamo internacional?

-No tiene por qué. Los museos científicos de A Coruña tienen un elemento didáctico y de acercamiento de la cultura científica a la ciudadanía de un enorme valor. Nosotros somos internacionales gracias a que tenemos a la Guggenheim Foundation detrás.

 Muchas veces se da una excesiva importancia al aspecto arquitectónico

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