Antoni Nicolau: «Las piedras no hablan solas, se les deben hacer preguntas»

«Debemos decodificar el conocimiento científico para que las personas puedan acceder a él»


santiago / la voz

Abrindo vitrinas es el nombre e una jornada del Consello da Cultura que ha servido para presentar la colección de piezas de la Edad de Bronce de la USC que estudia Xosé-Lois Armada y que se podrá ver en la exposición Cinco, vidas, unha historia, en la que participa Antoni Nicolau, historiador y museólogo. 

-¿Cómo hay que abrir vitrinas?

-Supongo que una de las maneras de abrir la arqueología a la sociedad es construyendo un relato, o diversos relatos, o ayudando a que la población construya su relato de su propia identidad. El conocimiento del pasado, además de ser divertido si se hace bien [ríe] nos facilita tener conciencia crítica. Demasiado a menudo la arqueología ha sido presentada tal y como la investigamos. Y eso la hace un poco incomprensible. Debemos hacer justo lo contrario, decodificar el conocimiento científico para que las personas que tienen un nivel cultural medio la puedan entender y puedan acceder a él.

-La exposición habla de cinco vidas y una historia.

-Al contrario de lo que dice el refrán, las piedras no hablan solas, se les debe de preguntar. De esas preguntas nacen relatos que la población puede compartir, y es lo que hemos hecho en esta exposición. Tampoco estas hachas. Pero si uno preguntar a estos objetos empiezas a ver una serie de cosas, y por eso le hemos llamado las cinco vidas. Creemos que tan importante es el objeto como su biografía. El patrimonio cultural no existe. No hay nada que haya sido generado para ser patrimonio cultural, es una categoría social, algo que nosotros decidimos que es patrimonio. Pongo un ejemplo: en Helsinki, hace 15 años se hizo una suerte de encuesta entre los institutos y centros de enseñanza media sobre qué creían los jóvenes que era el patrimonio cultural que mejor los identificaba. ¿Sabes qué salió?

-¿Un móvil?

-Un Nokia. [Ríe]. ¿El móvil es patrimonio cultural? Como objeto seguramente no, pero como símbolo de una generación y con el que se rompieron muchos esquemas de comunicación, pues sí. Eso es lo interesante de lo que llamamos el proceso de apropiación del patrimonio, cuando la gente acaba considerando que una cosa es patrimonio. Por lo tanto es tan importante saber sobre ese objeto como del proceso que ha acabado convirtiéndolo en patrimonio.

-¿Esas vidas cuáles son?

-Primero su fabricación; una segunda vida es que alguien ocultó esas hachas. Una tercera vida es que muchos años más tarde, a finales de XIX inicios del XX son encontradas, y unos primeros coleccionistas e investigadores las empiezan a tratar. Finalmente, esto acaba siendo una colección universitaria, de la USC, que es la cuarta vida. Y la quinta vida: Lois Armada y su gente del CSIC vuelven a hacer un estudio sobre estas hachas ya con tecnologías de alto nivel: se restauran se conservan y se hace una nueva interpretación. Probablemente tendrá más (ríe).

-Europa ha premiado la restauración del Pórtico: la Catedral eclipsa al resto, como esta colección de la Edad de Bronce. ¿Es un error?

-Es un hecho [ríe]. Eso nos dice una vez más ese carácter social que tiene el patrimonio, que hasta que no es valorado por un número mínimo del cuerpo social, no se pone en valor. Y no solo eso, otra vida sería que este patrimonio tiene una explotación turística en el patrimonio. ¿Es malo? No, tampoco bueno. Depende. Tenemos que ver cuáles son los listones de sostenibilidad, hasta que punto la sociedad de Santiago se va a hartar.

-Yo diría que empieza.

-Yo lo digo porque soy barcelonés, así que ya hace rato que nos hartamos de ese turismo que consume territorio, recursos, que consume todo. Consume en el sentido peor de la palabra. En eso, socialmente tenemos que estar muy alerta.

-Pero a veces parece que el equilibrio es imposible.

-En algunos casos se logra, probablemente, pero efectivamente es difícil. Uno no acaba de entender como es que la propia industria turística no establece mecanismos de continuidad a medio y largo plazo, porque cuando acabas destruyendo el patrimonio, puedes acabar destruyendo la razón de ser de la propia industria turística.

«La tasa turística existe en casi todo el mundo y en España aún hay quien la ve mal»

El equilibro es difícil entre turismo y patrimonio. A veces parece que se da incluso una actitud un poco caníbal.

-Hay que entender que buena parte del turismo se basa en las cualidades de nuestro patrimonio, sea natural o cultural. Por lo tanto, sería lógico que del propio turismo se nutra económicamente el patrimonio para ser conservado. Y estoy hablando claramente de tasa turística, una cosa que existe en casi todo el mundo y que en España en ciertos sectores todavía lo ven mal.

-Más Pórtico. Creo que es de la opinión de que hay que cobrar.

-Soy de la opinión de que hay que cobrar, pero también soy muy sensible a argumentos que dicen que una cosa es cobrar y otra dar un sablazo. Una vez más, deberíamos lograr el equilibrio. En el caso del pórtico me cuesta tener una opinión clara. Por un lado veo que es necesario establecer mecanismos de control de la sostenibilidad y la cantidad de público que va a los sitios. Por otro lado creo que los usufructuarios de este tipo de servicios tienen que contribuir a su financiación porque es cara.

-También me pregunto si ver un monumento 10 minutos sirve para aprender y comprender o solo para hacerse la foto.

-Es lo que decía de consumir territorio y cultura o compartir territorio y cultura. No queramos terminar todo de golpe: si vas al Louvre no estés más de una hora u hora y media y ve a ver algunas cosas con las que disfrutes mucho. No pretendas entrar por el inicio, coger la guía y hacer aquellos pasillos para verlo todo. Primero porque los japoneses no te van a dejar ver según qué [ríe] y segundo porque en el fondo no ves nada. En realidad no disfrutas de nada, quizá ves muchas cosas pero no disfrutas de nada.

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