Eduardo Chamorro agita los fantasmas

A los diez años de la muerte del escritor, se publica su novela póstuma, con la costa gallega como escenario

Eduardo Chamorro, retratado en Santiago en el año 2000
Eduardo Chamorro, retratado en Santiago en el año 2000

redacción / la voz

Pocas figuras hay más literarias que los fantasmas, quizá porque su sustento es el mismo que el de las buenas historias: la invención y la fantasía. Se cumplen ahora diez años de la muerte de Eduardo Chamorro (Madrid, 1946-2009), cuyo espíritu regresa ahora en forma de libro y, además, con un fantasma en el título. Las aguas del fantasma (Ediciones del Viento) es la novela póstuma del escritor y periodista, colaborador de La Voz, y que tanto tiene de esas vacaciones que él pasaba en O Grove.

Porque Las aguas del fantasma, que se pone hoy a la venta, transcurre en un pueblo de la costa gallega, donde un grupo de jubilados reniegan de los encuentros habituales de los de su condición y montan su propia reunión en un hotel. Es fácil entender su motivación una vez se conocen sus perfiles: un japonés exluchador de sumo, un antiguo comedor de gatos casado con una tejedora inglesa, un ebanista accionista de navieras y del Canal de Suez, cuya esposa es una cantante de jazz alemana. Y un fantasma, claro.

«Es un universo familiar que me gusta mucho», explica el editor del libro, Eduardo Riestra, quien sabe que hasta en el pueblo más remoto de Galicia se pueden dar los encuentro más inusuales, entre locales, emigrantes y sus descendientes, nómadas despistados y seres que quizá vengan del más allá. Con este escenario, no es casual que al editor la lectura de Las aguas del fantasma evoque otras grandes encrucijadas galaicas entre lo real y lo imaginario: La saga/fuga de J.B., de Torrente Ballester; el Simbad de Cunqueiro; o Mazurca para dos muertos, de Cela.

Además, en este libro Chamorro proyecta también sus gustos y obsesiones literarias. «Hay un retrato de él a través de sus lecturas», describe Eduardo Riestra, quien cita como especialmente prominentes los grandes clásicos, como Shakespeare, Cervantes y el Quijote, el poeta Rilke.

Precisamente el afloramiento de esta novela póstuma e inédita tiene su razón de ser en otra causa literaria. Cuando Ediciones del Viento publicó el ensayo de Rafael García Maldonado Benet. La ambición y el estilo, la viuda de Chamorro acudió a la presentación, ya que el escritor formaba parte del círculo de amistades literarias del autor de Volverás a Región. Allí comentó con Riestra la existencia del manuscrito de Las aguas del fantasma, guardado en un cajón y del que ahora emerge, agitando las imágenes de los espíritus, el del título y el de su autor.

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