Juan Gabriel Vásquez: «La literatura puede ser el antídoto contra las mentiras de la posverdad»

El autor colombiano vuelve al cuento con nueve relatos en los que reflexiona sobre la violencia y la presencia del pasado

El escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez
El escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez

Juan Gabriel Vásquez (Bogotá, 1973) regresa al cuento en Canciones para el incendio (Alfaguara), diecisiete años después de Los amantes de Todos los Santos. «Sentí la necesidad de cambiar de mirada y sensibilidad y eso es lo que te da el cuento». Eligió cuatro que ya había escrito y añadió otros cinco «para ponerlos a dialogar entre sí, para que exploraran las mismas obsesiones».

-¿Cuál es esa mirada diferente que aporta el cuento?

-Para mí la novela y el cuento no tienen ninguna relación más allá de que sean ficción en prosa, funcionan de una manera muy distinta. Esa máquina que llamamos cuento, que tal y como yo la entiendo es bastante reciente, porque arranca con Melville, Chéjov o Maupassant, es capaz de capturar emociones, movimientos de nuestra sensibilidad muy importantes pero pequeños y efímeros y que si no se escaparían. La novela no se puede ocupar de estas cosas, sería como cazar mosquitos con un cazamariposas.

-En este libro rompe algunas reglas del cuento.

-He escrito con total libertad, con un cierto conocimiento del cuento adquirido en 17 años de leer y estudiar a los autores que más me gustan, lo que me ha permitido violar las reglas y convenciones del cuento clásico. Disfruté con la libertad de distorsionar las reglas del género.

-El libro tiene un hilo conductor, la violencia y la presencia del pasado, que siempre vuelve.

-Las pregunta de por qué nos hacemos daño, cómo nos hacemos daño, por qué los ciclos de violencia se reproducen, las distintas formas de violencia, la política y las privadas, todo esto forma parte de los intereses de este libro. Hay un momento en que la violencia te toca de cerca o de lejos, te trastorna la vida, o le toca a otro y te afecta. Son mecanismos que me interesaba explorar, cómo la violencia que le sucede a otro acaba contaminándote de alguna manera indirecta.

-En un cuento titulado «Los muchachos» se observan claramente esas dos violencias, la política y la privada, entre los chicos que pelean en la calle.

-Es una metáfora de mi generación. Yo soy uno de esos chicos, era inevitable, mamábamos violencia en los telediarios, en las conversaciones de nuestros padres, en la calle y eso acaba saliendo por alguna parte. Es uno de los rasgos más insidiosos de esos años del narco-terrorismo. Crecimos en un ambiente que nos empujaba a desfogar la violencia de cualquier manera.

-En el libro usted aparece como personaje.

-En algunos cuentos el narrador se llama Juan Gabriel Vásquez y tiene mi biografía más o menos, son cuentos que tratan de explorar una vivencia real, por ejemplo ser extra de Polanski, irme de gira por España con una banda de corridos mexicanos. Esas vivencias, en la superficie banalidades, me provocaron una incomodidad y en los cuentos exploro por qué.

-¿La literatura cumple una función social, puede cambiar cosas?

-La literatura cambia conciencias, nos cambia a nivel individual y nuestra manera de entender el mundo. El contacto con las mejores ficciones nos hace más capaces de entender al otro y admirar las contradicciones y ambigüedades del ser humano. Las mejores ficciones son ejercicios de tolerancia. Nunca he creído que una novela pueda cambiar el mundo, pero sí conciencias individuales y a partir de ahí ejercer cambios lentos, pero decisivos, en las sociedades.

-¿Tiene futuro la literatura en la era de lo digital y la inmediatez de las redes sociales?

-Hay dos maneras de ver esto. O bien piensas que el clima predominante de nuestra sociedad es el de las redes sociales, cuyos valores son completamente opuestos a los de la literatura, y, por tanto, esta queda arrinconada y cada vez tiene menos influencia. O bien admites que el predominio de la redes sociales nos ha convertido en una sociedad narcisista, exhibicionista, distraída, dispersa y la literatura se vuelve el único lugar donde puedes ir a buscar lo contrario, la concentración, la empatía, el interés en el destino de una persona a lo largo de 400 páginas. Y en ese sentido la literatura quedaría revalorizada y se volvería una especie de oasis.

-Las redes sociales también son transmisoras de «fake news».

-Nunca hemos sido tan manipulables, nunca ha sido tan difícil distinguir la verdad de la mentira. La literatura, las novelas y los cuentos, esos relatos que nunca sucedieron, paradójicamente pueden servir de antídoto contra las mentiras de lo que llamamos la posverdad, porque en ellos está la verdad humana, son una reivindicación de la verdad de la palabra.

«La intervención de EE.UU. en Venezuela sería lo más dañino»

«Todos llevamos una historia de violencia con nosotros en Colombia, hemos tocado la violencia de cerca o de lejos o la violencia nos ha tocado a nosotros. No he conocido a ningún colombiano que no pueda contar a mí me pasó esto», afirma Vásquez.

-¿Cómo ve la situación en Colombia?

-Con pesimismo. La derecha y la extrema derecha están poniendo muchos obstáculos para implementar los acuerdos de paz, que están teniendo consecuencias muy negativas. El presidente Iván Duque ha sido cómplice de los esfuerzos más radicales para entorpecerlos. Esto crea una situación de incertidumbre, los guerrilleros ven que el Estado no cumple su palabra y muchos han vuelto a la ilegalidad.

-Usted ha sido muy crítico con el chavismo. ¿Ve alguna salida al conflicto venezolano?

-Hace doce años cuando yo escribía una columna contra Chávez recibía ataques violentísimos y, a la semana, escribía otra contra Uribe y pasaba exactamente igual. Empecé a notar esa especie de rara simetría entre los populistas de derecha y de izquierda en Latinoamérica, igualmente dañinos, autoritarios e irrespetuosos de las reglas elementales de la vida en democracia. Y ahora lo que vemos con Bolsonaro de un lado y Maduro de otro es lo mismo. Ese parece ser el triste destino de América Latina. Lo de Guaidó ha sido un fracaso tristemente porque era una salida pacífica a la tragedia que ha significado el régimen de Maduro. No creo que su salida del poder pueda llevarse a cabo sin un enfrentamiento violento. Pero una intervención de EE. UU., sería lo más traumático, indeseable y dañino que podría suceder en América Latina, no lo podemos permitir.

-¿Cómo valora lo que pasa en Cataluña, teniendo en cuenta que vivió muchos años en Barcelona?

-Lo que lamento es el profundo enfrentamiento de la sociedad catalana, se han roto las reglas de la convivencia. La que yo conocí fue una sociedad en la que convivían dos culturas, dos lenguas, con un naturalidad increíble y eso se ha roto.

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