Festival de Cannes: Quentin Tarantino reescribe como fábula la historia más negra del Hollywood Babilonia

«Érase una vez en Hollywood» es una brillante ucronía en torno a Sharon Tate y un ídolo de barro de la televisión,
encarnado por Leonardo DiCaprio


cannes / e. la voz

Tarantino agigantó su leyenda en Cannes, iniciada con Pulp Fiction hace 15 años, con la brillantez apabullante de su festín titulado Érase una vez en Hollywood. En ella, reescribe la historia de aquella edad de oro finiquitada una noche macabra en la casa donde Charles Manson y su secta asesinaron a Sharon Tate y trazaron un parteaguas sangriento que mudó el California Dream de las celebridades para virar la percepción moral de Hollywood hacia el miedo y la paranoia.

Se sustenta el poderosísimo guion que nuclea esta película en una ucronía que sería delito revelar aquí. En ella vemos entrecruzados los caminos de una Tate divinizada, encarnada por Margot Robbie, y dos perdedores -una estrella de televisión acabada y su especialista y hombre para todo, interpretados por Leo DiCaprio y Brad Pitt-. Esas dos líneas se cruzan por primera vez en una secuencia prodigiosa, de lo mejor de toda la filmografía tarantiana -la visita casual de Pitt a un campamento en el desierto donde moran Manson y sus enajenados- y luego se vuelven a divorciar para confluir en una encrucijada que se atreve a licencias que permiten virar hacia el cuento de seres providenciales, en un azar que da pleno sentido al título del filme como historia de hadas o de desastrados loosers devenidos accidentales deus exmachina de un Hollywood donde toda metamorfosis se nos sirve como posible.

En esa ruta hacia lo nunca visto, Tarantino alardea de una puesta en escena que pasa por un cúmulo de iconos de ese 1969: del cine de espías hortera de Dean Martin al spaguetti western, pasando por un Bruce Lee desmitificado, las azafatas de Pan Am o la serie Mannix. Todo ese escenario de devoción nostálgica encierra dentro algo más: esa detonación en forma de ucronía, esa disrupción en donde se nos hace ver que en una pantalla cualquiera reversión cabe. Porque como fábrica de sueños, Érase una vez en Hollywood se revela como insuperable acto de amor al cine y a la vida. Y te hace salir de la sala con euforia y más ganas de soñar resurrecciones.

Festival de Cannes: Oliver Laxe hace crepitar el corazón del bosque en «O que arde»

josé luis losa

Es la primera vez que se proyecta en la sección oficial de Cannes un filme en gallego

En un presente en el cual, más que nunca, la narrativa cinematográfica parece abocada a responder con gratuidad y maniqueísmo a los conflictos, como si el drama y sus concausas fuesen un pimpampum, asistimos este martes a un acto creativo de nobilísimo armisticio alejado de estos garrotazos que exigen a la pantalla devenir cadalso. No nos sorprende que la mirada de Oliver Laxe sobre la tierra quemada de O que arde posea esa limpieza innata que le permite desmochar trampas argumentales propias del cine condescendiente. Y así crece y se enraíza esta película en la estirpe de las obras eminentes cuya estatura moral evita el juicio sumarísimo o populachero.

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