Ana Vallés: «Lo raro es que se siga haciendo en muchos casos un teatro decimonónico»

Es la primera gallega en optar a ser mejor directora en los Premios Max, que hoy celebran la gala final

Ana Valles fundó en 1986 junto a Baltasar Patiño la compañía Matarile Teatro en Santiago
Ana Valles fundó en 1986 junto a Baltasar Patiño la compañía Matarile Teatro en Santiago

Santiago / la voz

Es la primera vez que un gallego o gallega opta a llevarse el galardón a la mejor dirección en los Premios Max de Artes Escénicas. Se trata de Ana Vallés (Ferrol, 1959), que junto a Baltasar Patiño fundó en 1986 la compañía Matarile Teatro en Santiago. Aspira a la distinción en la gala que se celebra este lunes en Valladolid por el trabajo Circo de pulgas. Los otros dos finalistas son Xavier Albertí, nominado por la pieza Temps Salvatge, y Silvia Munt, por La Resposta.

-¿Cómo afronta la gala? ¿Hay más nervios que en otros premios?

-Es verdad que la relevancia es mayor porque tiene trascendencia a nivel estatal. Ante los premios siempre tengo una sensación un poco extraña porque son una comparación con otros trabajos y no me gusta la idea de competir. Por otra parte, me parece muy bonito que hayamos sido seleccionados -teníamos inicialmente candidaturas en cinco categorías-. Pienso que es un reconocimiento no solo a mí, sino al trabajo que llevamos haciendo durante más de treinta años con la compañía.

-Es la primera vez que una directora o director gallego es finalista en los Max.

-Independientemente de que se dé o no el premio, me parece que haber llegado hasta aquí es importante porque la competición es a nivel estatal y se presentan todo tipo de géneros. Haciendo un teatro tan particular y específico como hacemos nosotros, me parece ya un premio estar ahí. Estoy muy contenta con esto porque creo que para Matarile es muy bueno.

-¿Es la recompensa a resistir en la vanguardia?

-Precisamente es por eso por lo que estoy más contenta. Siendo un teatro que se nos ha catalogado como de vanguardia, contemporáneo, experimental..., quizás por eso es más sorpresivo que en unos premios Max se reconozca ese trabajo. Tal vez si hiciéramos otro tipo de teatro más convencional igual era más fácil.

-No le gusta poner etiquetas a su propuesta teatral.

-Me gusta dignificar la palabra teatro. No me gusta decir que hago teatro posdramático u otras definiciones. Nos pusieron miles de nombres desde que empezamos y ahora se está utilizando también mucho el término artes vivas, pero a mí me da igual la etiqueta que ponga, yo y Matarile hacemos teatro, no otra cosa. ¿Qué tiene de particular? Que es de creación, no es basado en la literatura, que mezcla distintos lenguajes escénicos... Me parece incluso cansado tener que hablar de ello a estas alturas porque la evolución del teatro a lo largo del siglo XX hace que nuestra propuesta tampoco sea rara. Para mí lo raro es que se siga haciendo en muchos casos un teatro como decimonónico, basado en un texto literario, en una historia narrativa y en una ilustración de un texto.

-Cuando estrenaron «Circo de pulgas» me decía que todos somos un poco pulgas amaestradas. ¿En el teatro hay muchas pulgas amaestradas?

-En el teatro como en la vida en general, estamos amaestrados para cumplir unas determinadas tareas, unos determinados comportamientos.

-¿Es difícil salirse en el teatro de ese comportamiento previsto?

-Sí, pero para mí no tiene sentido hacer teatro que no sea salirse de él. Si hiciéramos algo trillado o que ya supiéramos cómo se hace, ya no tendría mucho sentido. Por eso a mí me resulta difícil hablar de lo que vamos a hacer porque siempre nos vamos a meter en caminos que desconocemos. Eso para mí es lo atractivo de la creación. Como espectadora es lo que reclamo, lo que me gusta ver, lo que me satisface y lo que me reconcilia con el mundo. No me gusta sentarme en el teatro en el que ya sepa lo que me voy a encontrar. La capacidad de sorpresa no debemos de perderla ni de esperarla.

«Nos gustaría poder mostrar más nuestro trabajo en Galicia»

A Ana Vallés no le gusta hablar del pasado porque «el teatro que hacemos ahora mismo no tiene sentido sino es en el presente absoluto». En este sentido recuerda que su último trabajo, Los limones, la nieve y todo lo demás, está programado el Circuito Nacional de Danza Escena, «lo que da idea de lo ecléctico de nuestra propuesta».

-A principios de década durante tres años cerraron la compañía.

-Parar nos vino muy bien porque a partir de entonces fue como un revulsivo para plantearnos las cosas de otra manera, estar más convencidos a la hora de vivir más el momento en cuanto a la creación, los equipos de trabajo... De hecho, para la próxima producción hemos hecho unas convocatorias abiertas en Zaragoza y en Bilbao para completar el elenco. Va a ser una producción grande, se va a llamar Daymon y la jodida lógica. Con esto pretendemos contactar con personas que no conocemos, gente que está trabajando en otros ámbitos, en otros lugares... A partir de la parada fue un momento muy intenso de creación, de trabajo, muy satisfactorio a nivel de repercusión, de invitaciones para trabajar. Aún no lo puedo adelantar, pero el nuevo montaje se hace a partir de una invitación de un festival importante español y se ha buscado colaboración de otras instituciones.

-¿Se mira cada vez más desde fuera al teatro gallego? ¿Cómo ve su situación?

-En Matarile siempre hemos tenido más trabajo fuera que dentro de Galicia, para nosotros es una asignatura pendiente porque nos gustaría muchísimo poder mostrar nuestro trabajo en Galicia como lo hacemos en otras comunidades. Por ejemplo, Circo de pulgas tuvo poca distribución en Galicia, pero quizás con la nominación al Max haya un interés renovado.

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