Un cineasta de Foz graba en Venezuela una película sobre la crisis del país

Álvaro Fernández-Pulpeiro presentará este sábado en los Codex de Lugo «Nocturno», largometraje sobre un barco gallego que descarga en Montevideo


foz / la voz

Las motivaciones y los «silenciosos» conflictos emocionales de la tripulación del Ilha Brava, un barco gallego con bandera portuguesa que pesca tiburón en las profundidades del Atlántico Sur y cada 55 días atraca 5 en el puerto de Montevideo para descargar antes de volver a partir «en un ciclo eterno de idas y venidas», dan vida a Nocturno. Fantasmas de mar en puerto. Se trata del último largometraje del director Álvaro Fernández-Pulpeiro (Foz, 1990), y que este sábado, 18 de mayo, a las 20.00 horas, iniciará en los cines Codex de Lugo una gira de proyecciones en Galicia tras haber sido estrenado en festivales de Gijón, Edimburgo, Nueva York, Miami, Melbourne y México.

-Su trabajo llega «a casa»...

-Sí, por fin. Y va a ser interesante verlo aquí porque al ser una película independiente estamos apostando por funciones especiales en las que se busca crear un evento alrededor, con un foro en el que voy a estar para cualquier pregunta, observación...

-¿Podría avanzar las fechas de esta gira por Galicia?

-Después de Lugo, el 19 de mayo la película estará en los multicines Norte de Vigo, el 21 en Ourense, el 24 en Ferrol y el 25 en los Numax de Santiago. En junio la llevaremos a Barcelona y Madrid, y después a Singapur.

-Para quien no lo conoce, ¿quién es Álvaro Fernández-Pulpeiro?

-Estudié Arquitectura, pero soy cineasta y realizador, y toda mi familia es de Foz, aunque desde joven vivo fuera. He vivido en Canadá, Brasil y Australia, y tras graduarme en Londres me fui para Sudamérica. Actualmente estoy asentado en Bogotá y rodando una película en Venezuela.

-¿De dónde surgió la idea de «Nocturno»?

-Surgió de forma casual durante una investigación sobre un antepasado mío que falleció a principios del siglo pasado en un atentado anarquista en el puerto de Montevideo. Y a partir de ahí me encontré con el puerto contemporáneo, y sobre todo con la contemporaneidad de los sujetos que lo habitan. Especialmente de los del barco que sale en la película.

-¿Utilizó actores en el rodaje?

-En el barco todos menos uno son gente real. Y es interesante expresar que no son personajes sino personas a las que no puedes domesticar. Sus motivaciones y sus emociones están mucho más allá del deseo que puede tener una audiencia occidental y hasta cierto punto burguesa porque la mayor parte de la tripulación es senegalesa e indonesia. Los gallegos realmente están en posiciones de mando. Es interesante la mezcla de culturas y jerarquías en el barco, pero sobre todo cómo lidia el marino y la persona con la cercanía de lo distante. La melancolía de llegar a una tierra que huele a tierra, huele a mujer, huele a campo..., pero a la vez no es la tuya. Es un simulacro de lo que fuiste y de lo que quieres, de cómo te llegan al teléfono fotos de niños y mujeres que ya son dos meses más viejos de lo que eran la vez anterior que los viste, y que puedes pasar siete u ocho años sin ver. Son conflictos silenciosos que aparecen como fantasmas que navegan pero nunca son explícitos.

-Marineros gallegos que faenan con senegaleses e indonesios, pescado que va a parar a lugares insospechados... Lo local y lo global se tocan...

-El torso del tiburón que pescan estos barcos va para hacer palitos de pescado para países del Tercer Mundo, sobre todo de África. Y la aleta, que es lo más cotizado, va a los mercados asiáticos. Es un monopolio global muy opaco, y creo que esta película es un cine diferente por el que también hay que apostar. Necesitamos imágenes adecuadas al siglo XXI, más profundas y sangrantes que nos lleven a entender qué significa vivir hoy.

-En julio presentará en Madrid «La jovencita no envejece, se descompone», y rueda otro largo en Venezuela. ¿De qué trata?

-Sobre el contrabando de gasolina en las fronteras y el área petrolera. Es difícil imaginar lo que está sucediendo allí. Filmar imágenes en Venezuela hoy es peor que andar con una ametralladora por la calle. Es muy interesante la relación entre Venezuela y la imagen hoy. Es un país que está en guerra civil y va a ir a peor.

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