Lucio Fontana, en la galaxia de Frank Gehry

El Guggenheim de Bilbao inaugura «En el umbral», una inmersión en la obra del artista argentino

Dos visitantes observan el cuadro «Concepto espacial, La luna de Venecia 1961»
Dos visitantes observan el cuadro «Concepto espacial, La luna de Venecia 1961»

bilbao / enviado especial

«Mis pinturas no son, son conceptos de arte», advirtió Lucio Fontana (Rosario, provincia de Santa Fe, 1899-Lombardía, 1968). La máxima, mínima en su expresión como el arte del italoargentino, es una nave para entrar en sus galaxias creativas, diáfanas, radicales e intensas, y desde este viernes, en diálogo con la pulsión barroca de Frank Gehry.

Este jueves se presentó en el Guggenheim Lucio Fontana. En el umbral, que nos sumerge en un viaje a las raíces de uno de los creadores que mejor han plasmado la angustia y los hitos tecnológicos del XX, en la que es la primera colaboración del museo de Bilbao con el Metropolitan de Nueva York. «Lucio Fontana ha llegado a Bilbao de forma sobrecogedora, especialmente ambiciosa; de una forma que quiere responder a las propias ambiciones espaciales que proyecta y desea Fontana», señaló ayer en la presentación Manuel Cirauqui, comisario del Guggenheim.

Entre la desazón y la sorpresa, deambulando perdido entre agujeros, cortes, figuras emergidas de los fondos marinos, con un sentido lúdico del espacio que encierra gran comezón existencial, se mueve el espectador de este centenar de piezas que ha reunido la comisaria compostelana Iria Candela, del Met, «en un trabajo de dos años, con esfuerzo para convencer a diversos galeristas privados», y que desde hoy y hasta el próximo 29 de septiembre puede visitarse en Bilbao eligiendo libremente el orden del recorrido, algo que sugieren para ampliar las posibilidades los comisarios de la muestra.

Iria Candela, con el cuadro de Fontana «Concepto espacial 1955»
Iria Candela, con el cuadro de Fontana «Concepto espacial 1955»

«Vengo de muy lejos, pero soy de muy cerca -manifestó en un gesto de complicidad Iria Candela-. La trayectoria de Fontana es más conocida en Europa que en Estados Unidos, donde ha estado un poco desatendido desde el 77, año el que el Guggenheim de Nueva York ofreció la última gran exposición sobre el artista. Pero Lucio Fontana es un pionero en muchas cosas, más allá de sus Cortes (Tagli) en pintura, que yo entiendo más como un gesto escultórico que pictórico».

Impactan esos icónicos Cortes, especialmente uno sobre lienzo rojo (el favorito de Iria Candela, revela la curadora de arte latinoamericano) y los huevos astrales que bajo el título Fin de Dios se prestan a la especulación más juguetona en su significado. Son dos piezas abismales que podrían representar el impacto de la salida del ser humano al espacio exterior, «la constatación de que el cosmos es un espacio dispuesto a destruirle», en palabras de Manuel Cirauqui. 

Fusión de lenguajes

La exposición ofrecerá en septiembre un simposio y un conjunto de actividades didácticas que pretenden expandir el eco de Fontana en el Guggenheim, esos gestos demiúrgicos suyos que nos abren al medio con estilete, y sugieren la íntima conexión del cosmos con el espacio interior, rajan la concreción de las cosas y los nombres, difuminan límites, fusionan lenguajes creativos y desgarran las certezas con que se mueve la razón.

Lucio Fontana acaba de consumar un viaje entre museos que pone a dialogar Estados Unidos con Europa, y ofrece a su espectador otro viaje, este otro de regreso a través del arte al renacer económico italiano de la posguerra, la carrera espacial y la amenaza de la guerra fría.

Ya en los 20 comenzó Fontana a trabajar la materia que dinamitaría con los años la evolución de su arte. Los inicios del que no quiso dejarse enjaular por el sustantivo de pintor ni el de escultor, sino moverse libremente en la expresión de «artista singular» está en el taller de su padre, Lucio. Ahí está el germen de un artista que alumbró su gesto artístico más importante a finales de los cincuenta, que conecta con el existencialismo postraumático de la segunda guerra mundial.

Lucio Fontana nos arroja grandes preguntas existenciales, interpela nuestra parte primitiva e intuitiva, para conseguir eso que define su acción artística: que el espectador sea parte de la obra, y la obra sea el espectador.

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