Eliahu Inbal, entre la partitura y la emoción

El veterano director vuelve a colaborar con la OSG para interpretar a dos autores a los que ha dedicado su vida, Mahler y Bruckner

Inbal asume su papel como una representación del compositor ante los músicos
Inbal asume su papel como una representación del compositor ante los músicos

redacción / la voz

Eliahu Inbal (Jerusalén, 1936) vuelve a ponerse de nuevo al frente de la Orquesta Sinfónica de Galicia -«Nos gustamos mutuamente», bromea- para interpretar un programa con obras de dos compositores, Mahler y Bruckner, a los que ha consagrado su vida. «No es una exageración verlo así», confirma. «Son muy importantes para mí. Tenemos a autores muy buenos, pero creo que son los mayores sinfonistas de todos los tiempos», añade. Las citas son este jueves en Santiago (Auditorio de Galicia, 20.30 horas) y el viernes en A Coruña (Palacio de la Ópera, 20.30 horas).

De Bruckner han elegido esta vez su Séptima, uno de sus mayores éxitos, pero Mahler no está presente con ninguna de sus nueve sinfonías completas, sino con el ciclo Kindertotenlieder. Es decir: «Niños», «muerte», «canciones». El compositor escogió cinco de los varios centenares de poemas que escribió Rückert tras fallecer sus dos hijos. «La pregunta es por qué Mahler eligió este tema», formula Inbal. Hay dos teorías: la primera relaciona la composición con la muerte de su hermano menor con 13 años, por lo que estaría «expresando un sufrimiento de su infancia, además del de sus padres». «Pero también podría ser que Mahler pensase que la música podía ser profética. Cuando la estaba escribiendo su mujer, Alma, estaba embarazada de María, y ella le reprochaba que estaba tentando al destino», recuerda el director. La profecía, si es que existió, resultó ser cierta, ya que María falleció a los cuatro años.

Para Inbal, otra forma de entender el carácter profético de la música de Mahler es desde el conocimiento colectivo. «Le pongo un ejemplo: su Sexta sinfonía, con ese movimiento final, colosal. En su tiempo no se entendió [se estrenó en 1906], pero ahora, tras los horrores de las guerras mundiales, captamos mucho mejor lo que Mahler quería decir».

 

Diálogo en el tiempo

Es un diálogo el tiempo que el director lee en la partitura para transmitírselo a la orquesta, y esta al público. «Mi interpretación del compositor se canaliza a través de mí, y yo debo ofrecer una visión clara a los músicos. En mi caso, tengo un entendimiento muy preciso de la música y cómo debe interpretarse», describe. La clave de la química entre Inbal y la Sinfónica radica en ese respeto mutuo, en el que el director requiere de los intérpretes lo que precisa en cada momento y estos responden con «conocimiento y entusiasmo». Tiene, además, un buen motivo: «Con Mahler es fácil dejarse tentar por los atajos, porque muchas cosas son incómodas para los intérpretes. Pero, cómodas o no, debes hacerlas».

Una autoridad que no es gratuita, sino que emana directamente del compositor y su partitura, a quienes representa el director. «Tenemos testimonios de músicos que trabajaron con Mahler en Nueva York y sus relatos coinciden con lo que escribió en las partituras», relata Inbal para ejemplificar la precisión del compositor. Una precisión que no excluye lecturas personales que, a la postre, son inevitables: «Interpretamos desde nuestra sensibilidad, nuestras emociones. Yo he hecho a Mahler hace treinta años, lo volveré a hacer mañana y será distinto. La partitura es la misma, pero yo no».

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