César Manrique, cien años del arte que nació entre el malpaís y los volcanes

Canarias celebra desde este miércoles el centenario de uno de sus creadores más universales

César Manrique, en la piscina de Los Jameos del Agua, en 1982
César Manrique, en la piscina de Los Jameos del Agua, en 1982

Madrid / Colpisa

El haber nacido en la isla de Lanzarote a principios del siglo XX marcó la vida de César Manrique que supo unir arte y sostenibilidad. La creación de este canario universal va de la mano de un medio ambiente, hostil por la dura orografía de la isla conejera, donde la vida y el color nacen bajo el sol, entre el malpaís -las duras costras dejadas por la lava- y los volcanes que la originaron. Este miércoles comienzan los actos que conmemoran el centenario de nacimiento de Manrique bajo el lema El desafío inmediato del presente: una humanidad contemporánea del futuro.

Corría el año 1919 en el que la humanidad trataba de olvidar la Gran Guerra, cuando un 24 de abril nacía en la capital de la isla, Arrecife, César Manrique. Cuando no había cumplido los 20 años se alistó en las filas de los militares que se alzaron contra la república y combatió como miembro del arma de Artillería a lo largo de toda la Guerra Civil.

Su inquietud por el arte le llevó a buscarse los medios para ingresar como becado en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid. En 1950 fundó la galería Fernando Fé. En esta década participa activamente en la renovación de la pintura abstracta española. Tras una primera etapa de figuración moderna y colorista, seguida de una abstracción lírica que incorpora rasgos de raíz constructiva, se adentra a, partir de 1959, en el informalismo matérico. Su pintura se desarrollará como una metonimia del paisaje volcánico de su isla natal, fundada en alusiones a la orografía de Lanzarote.

Los años 60 comienza con la proyección internacional de este artista canario, con exposiciones en distintos países. Sin embargo, César Manrique añoraba sus orígenes, por lo que se trasladada a Lanzarote y junto al arquitecto Fernando Higueras emprende el desarrollo de ideas dirigidas a la creación de espacios tanto en su isla como en el resto de las Canarias, entre los que destacan Los Jameos del Agua o el horno del Timanfaya. Especial interés tiene su casa en Taro Tahíche, construida en el interior de cinco burbujas de lava. Hoy es centro de la fundación que lleva su nombre. Murió en un accidente de tráfico el 25 de septiembre de 1992.

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