«Esa tendencia a mirar por encima del hombro al mundo hispánico es absurda»

«Galicia es uno de los polos culturales dentro de España, tiene actividad por sí misma», dice el presidente de ACE


santiago / la voz

«El concepto está bien para usarlo precisamente en Santiago», dice con una carcajada Ibán García del Blanco (León, 1977) cuando se le pregunta por la labor de apostolado que ha estado haciendo sobre la entidad que dirige, Acción Cultural Española, más conocida fuera que en el propio país y que sin embargo trabaja en la creación de una red de residencias artísticas que potencian su programa de internacionalización, al que ya han acudido 155 artistas de Galicia.

-ACE es la fusión de tres entidades. ¿Este país tiene demasiados organismos culturales y además desconectados?

-No necesariamente. No se trata tanto de que haya muchos organismos, sino de que no doblemos esfuerzos, de que nos repartamos el espacio.

-¿Pero es difícil hacer una política cultural conjunta?

-Desde la perspectiva de una sociedad como la nuestra, que tiene una marca todavía no demasiado asentada, en ocasiones hay que saltar para que se te vea la cabeza [sonríe]. El reconocimiento de nuestra marca en Latinoamérica o en el exterior es mucho mayor de los que tenemos en España. Y somos los únicos que hacemos labor en el exterior pero también en España.

-Hablando de Iberoamérica, ¿es incluso más difícil poner de acuerdo a la cultura en español?

-España tiene que promocionar la cultura española y saber cuál es su papel en la promoción de la cultura en español. El papel de España en ese gran universo de 500 millones de hispanoparlantes tiene que traducirse con inteligencia. Nos equivocaríamos, y en algún momento en el pasado ha habido una tentación, si revivimos ciertas apetencias neoimperialistas. Somos la casa madre y que tenemos que hacer es de puente, no tratar de imponer nuestra propia agenda.

-¿Y la lusofonía?

-Tenemos tanta historia, tantos espacios compartidos, e incluso un espacio lingüístico no solo en Galicia, también con el astur-leonés, que somos, si se me apura, el mismo pueblo y desde luego tiene sentido que vayamos de la mano. Eso se hace tratando de poner bases que se queden en el tiempo, que no desaparezcan.

-¿Pero hay una desconexión?

-Me da la sensación de que no hemos tenido esa relación tan fluida que deberíamos tener y probablemente tiene algo que ver con algunos prejuicios españoles. Pero bueno, trabajamos de espaldas a Portugal o a Marruecos, que es nuestro vecino también y con el que nos unen, por más que a algunos no les guste, vínculos históricos, familiares, sociológicos, e incluso estratégicos. España ha estado de espaldas a sus vecinos y tiene que estar con ellos.

-¿La cultura española se ha creado a base de prejuicios?

-No, yo no lo creo. Creo que todos tienen sus prejuicios y sus mitos históricos, negativos y positivos. Hay que potenciar la parte más positiva de nuestras relaciones, precisamente porque lo demás es casi paralizante, en el fondo no hace más que aislarnos cada vez más. Antes hemos estado hablando de Latinoamérica, también esa tendencia que tenemos en ocasiones a mirar por encima del hombro al mundo hispánico es absurda.

Trabajamos de espaldas a Portugal o a Marruecos. España ha estado de espaldas a sus vecinos y tiene que estar con ellos

-Siguiendo por esta senda de los prejuicios. ¿No es hora de proyectar las otras culturas de España, de ir mas allá del tópico?

-Me da la sensación de que hay mucho terreno por hacer, pero quizá esto provenga más de prejuicio que de una reflexión con datos [ríe]. Las comunidades con lengua cooficial tienen sus propios institutos de promoción. Eso es lo natural en un estado descentralizado. También las administraciones de gestión estatal y de proyección internacional deben tener un espacio, y en la práctica lo tenemos. Vamos a colaborar en el año Xacobeo y en la promoción del Camino del Norte.

-¿Qué hacen en Galicia?

-Estamos preparando con la Fundación Seoane una retrospectiva de Víctor Moscoso, un diseñador gallego poco conocido en España que sin embargo es una referencia casi cultural en la costa oeste norteamericana. Como siempre todo es poco, pero no es una de las comunidades donde menos cosas hacemos. También es verdad que Galicia es uno de los polos culturales de España, tiene actividad por sí misma.

-¿La cultura española tiene disforia? En el sentido de que cree menos en sí misma de lo que está considerada fuera.

-[Ríe] Hablando de prejuicios, creo que este es uno de los grandes problemas que tenemos, casi intrínsecos. Es verdad, tenemos gente muy reconocible en el exterior en todos los órdenes, además. Somos una potencia en todos los terrenos, pero es cierto que desde el punto de vista del arte contemporáneo lo que no se acaba de crear en España es un gran mercado. Ese es el principal problema. Nos salimos de los grandes eventos que se producen cada cierto tiempo, Arco o similares, y no existe mucho movimiento. Lo que tratamos es de crear esas redes que atraigan al de fuera y que vea a España como un lugar atractivo para poder interactuar.

-Igual que se habla de un gran pacto por la educación. ¿Habría que plantearse un gran pacto por la cultura que la deje al margen de los vaivenes políticos?

-Si, yo espero que sea posible. También es cierto que a veces cuando hablamos de esto damos por sentado que todos estamos de acuerdo en todo. Y tenemos que ponernos de acuerdo primero en qué estamos de acuerdo, que ha sido el gran problema que ha tenido por ejemplo la educación. Creo que esta legislatura, en los dos estadios que ha tenido, ha sido una buena oportunidad, hemos caminado en el recorrido correcto. Y luego tiene que haber otro espacio en el que tiene que funcionar la discrepancia ideológica y política. No todos tenemos que gestionar igual y hacer lo mismo. Pero es verdad que determinadas bases que tienen que ver incluso con la proyección del país deberían estar fuera del vaivén político, del pim, pam, pum.

-Es que ese pim, pam, pum había borrado el Ministerio de Cultura.

-Creo que ese es un punto básico en cualquier pacto de estado, que exista un Ministerio de Cultura. Un país que quiere ser potencia cultural, ser una referencia en el mundo, como mínimo tiene que tener un ministerio que gestione esa realidad, aunque solo sea desde el punto de vista simbólico, de cara al exterior. A mí me parece que ese es uno de los asuntos que hay que tener en cuenta en el pacto de estado por la cultura.

El 'brexit' es una oportunidad para que el papel del español en la UE sea más potente

-Hablando de vaivenes políticos. Es candidato al Parlamento Europeo menos de un año después de haber asumido la presidencia de Acción Cultural Española. 

-Tengo que decir que tengo sentimientos encontrados con respecto a si estoy contento o no con la solución. Evidentemente tengo mucha ilusión por irme al Parlamento Europeo, pero es cierto que estaba muy a gusto donde estoy, estaba haciendo lo que me gustaba y que creo que habíamos comenzado muchas cosas que estaban muy bien. Lo que espero es que, independientemente del color político, algunas de las cosas que hemos empezado a hacer de una manera un poco diferente durante este tiempo tengan continuidad, porque he tratado de ser lo más aséptico posible en la gestión de la sociedad. El cambio de color político no tiene necesariamente que comportar un giro de 180 grados. No tiene porqué. Pero tiene que haber necesariamente matices, porque si no no estaríamos eligiendo entre nada.

-Hablábamos de Latinoamérica. ¿Cuál debe ser la relación con Europa?

-El brexit es un problemón y además simbólicamente es desmoralizador, pero también es una buena oportunidad para recuperar las esencias de por qué nace Europa y para tratar de que el papel de España en las instituciones europeas sea mucho más potente. Ahora que no va a estar el Reino Unido, creo que el español necesariamente tendrá que tener mucho más peso en las instituciones europeas, en la gestión directa de la UE, y desde luego la cultura española también.

-¿Se refiere a la lengua?

-Me refiero a los españoles y a las españolas pero también a la lengua. Creo que tiene que ser una lengua mucho más habitual en la gestión europea y de las instituciones europeas. Tiene todo el sentido del mundo. Somos una lengua latina, que tiene raíces familiares con muchas grandes lenguas en Europa, con grandes partes de la población, y que además proyecta Europa a un lugar estratégicamente muy potente, que es el área hispanohablante. Parece lógico que el español tenga mucho más protagonismo.

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