Chema Prado: «No tener jefes es extraordinario»

El ex director de la Filmoteca Nacional repasa su trayectoria y desvela la pasión con la que John Malkovich o Bernardo Bertolucci acogían los pimientos de Padrón


Chema Prado (Rábade, 1952) se presenta de riguroso blanco (el pelo) y negro (la ropa). En su atuendo solo destaca un oso verde en la solapa, que lo identifica como miembro del jurado del Festival de Berlín. ¿Postureo? Seguramente no. Chema se revuelve contra ese concepto, pero si eres amigo personal de Willem Dafoe, John Malkovich, Almodóvar, lo fuiste de Bertolucci... ¿cómo no citarlos?

-¿Contento con el homenaje que le están haciendo en A Coruña?

-Evidentemente. Yo estoy muy ligado a esta ciudad. Pasaba con mi madre y mis hermanos los veraneos aquí en A Coruña. Tengo buenos recuerdos.

-¿Cuándo se fue de Rábade?.

-A los 8 o 9 años me llevaron interno a Vigo, a los jesuitas. Estuve allí hasta el 68. Pero soy más de A Coruña, del Dépor. No soy ni del Madrid, ni del Barça; soy del Dépor. Tampoco voy al campo, pero veo algún partido de vez en cuando.

-De Vigo a Madrid...

-Mis padres se instalaron en Madrid sobre el 70. Estudié arquitectura de interiores, pero ya me interesaba mucho el cine. Montamos un estudio que nos iba muy bien al tiempo que colaboraba con alguna revista de cine. Como empecé a ganar dinero pronto, viajaba mucho a festivales de cine internacionales. Luego me contactaron desde la que entonces se llamaba Filmoteca Nacional para formar parte del equipo. Durante seis meses intenté compatibilizar mi trabajo con la filmoteca, pero era imposible. Así que me quedé con lo que de verdad me gusta: el cine. Dejé de ingresar dinero, claro, pero nunca me he arrepentido de esa decisión.

-¿Dónde descubrió el cine? ¿Recuerda la primera película que vio?

-No, pero recuerdo el cine Man de Rábade. Allí recuerdo ver Yuma, de Sam Fuller. También me llevaban a Lugo, a ver Ben-Hur, La vuelta al mundo en 80 días...

-Y ahora que está jubilado, ¿sigue viendo tanto cine?

-Sí, claro. Tengo una actividad enorme. Colaboro con colegas, festivales... Me paso casi todo el año viajando. Hace poco estuve en México invitado por un gran amigo que es Guillermo del Toro, que acaba de crear una beca para jóvenes directores. El jurado éramos Guillermo del Toro, Diego Luna, Daniela Mitchel y yo. La verdad es que a veces me siento como un tenista, que empiezan en enero en Australia y completan un circuito por todo el mundo. Cuando estoy en Madrid dedico mi tiempo a organizar mis archivos: tengo miles de fotos que digitalizar, correspondencia... La memoria de cuarenta años. Me jubilé hace tres y soy un hombre feliz, controlo mi tiempo. Lo de no tener jefes es extraordinario. Tengo otra vida nueva.

-¿Cómo ve eso de las plataformas?

-Dan la posibilidad de acceder al cine a cientos de millones de personas. Yo no estoy abonado. Me da rabia que películas como Roma sean juzgadas en un formato que no es el que requiere la película. Yo no veo cine en el móvil.

-¿Nunca sintió la pulsión de saltar al otro lado de la pantalla?

-Yo empecé con la pintura y enseguida viré hacia la fotografía. También utilicé el recurso del 8 milímetros y el vídeo. Siempre he tenido curiosidad por grabar, documentar, pero siempre me he resistido a mostrar eso públicamente. Exceptuando en la fotografía.

-Supongo que ya está vacunado contra la fascinación que provocan las estrellas de cine.

-Digamos que llevo muchos años conociendo a gente a la que admiro y respeto mucho. Gente como Arthur Penn, que traje aquí al CGAI; Manoel de Oliveira, Stanley Donen. El tema es que haya afinidad, porque hay gente a la que también admiro mucho pero que, en lo personal, mantengo distancia. No me pida nombres.

-Bertolucci era uno de sus grandes amigos.

-Sí. Estuve en casi todos sus rodajes. En uno de ellos conocí a Malkovich y trabamos una relación que se ha mantenido en el tiempo. Su hija es mi ahijada. Ha venido a pasar vacaciones a Galicia. Y se llevó pimientos de Padrón para plantarlos en una finca que tiene en Francia.

-¿Es verdad que Almodóvar le presentó a Marisa Paredes, su compañera?

-Sí claro. Acababa de rodar Entre tinieblas y yo le pedí que me la presentara. Fue en Venecia.

-Se me acaba la entrevista. Defínase en pocas palabras.

-Soy gallego. Me ha gustado conocer mundo, inquieto e interesado por todos los aspectos del mundo de la cultura.

-¿Sabría hacer una tortilla de patatas?

-Sí. De hecho, Marisa y yo hemos hecho varias para gente como Malkovich o Bertolucci, adictos a los pimientos de Padrón. Es el producto que más transporto, gusta mucho.

-¿Y ese pelazo, cómo lo consigue?

-Genético. No aplico ningún tratamiento. Empieza a ser un tema recurrente, la verdad.

-Dígame una canción.

-Cualquiera de la ópera Berlín, de Lou Reed.

-¿Qué es lo más importante en la vida?

-La libertad.

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