Edurne Portela: «El ideal del amor romántico es perverso y dañino para las mujeres»

Publica su segunda novela, «Formas de estar lejos», en la que reflexiona sobre la violencia machista y el silencio

Edurne Portela
Edurne Portela

En el ensayo El eco de los disparos: cultura y memoria de la violencia y la novela Mejor la ausencia, Edurne Portela reflexionaba sobre la violencia en el País Vasco. Su segunda novela, Formas de estar lejos, está protagonizada por Alicia, una joven vasca que emigra a Estados Unidos para desarrollar su carrera universitaria, y Matty, su pareja, que la somete a un maltrato progresivo.

-Al principio Alicia no es realmente consciente de lo que está pasando, no es capaz de percibir como agresiones o control abusivo lo que le está haciendo su pareja. En ese momento de supuesto enamoramiento del principio de la relación no es capaz de identificar las señales que están ahí. A pesar de que es una mujer muy inteligente, su educación sentimental no le ha dado las herramientas para entender que algo muy negativo está pasando.

-Ser una universitaria brillante no la protege de caer en la trampa del maltratador.

-Tenemos una idea muy estereotipada de la víctima y del maltratador. Siempre los situamos en la vida real o en la ficción en una clase social y un nivel educativo muy bajos. Eso es un estereotipo y un prejuicio de clase. Por eso me interesaba situar a Alicia en el mundo universitario, que yo conozco bien, para indagar en cómo una mujer con la cabeza muy bien amueblada, recursos y una visión del mundo compleja puede caer en esa trampa. Tiene mucho que ver con los complejos de culpa y de responsabilidad y todas esas fantasías que nos crea el amor romántico, que me parece un ideal perverso porque coloca tanto al hombre como a la mujer en unos patrones de comportamiento que llevan a buscar ideales de relación imposibles y dañinos para la mujer, porque la obliga a una serie de sacrificios para alcanzarlo, entre ellos la monogamia pero también la maternidad.

-Alicia normaliza esas situaciones e incluso se siente culpable.

-Es muy común en mujeres de cualquier formación, clase social o inteligencia, porque es la educación que hemos recibido, nos hemos educado en esa responsabilidad de hacer feliz al otro, a base de sacrificio personal, rendirse al otro completamente y normalizar actitudes que no deberían serlo. Pero no es que las normalice solo Alicia, sino la sociedad, porque nuestras formas de afectividad se aprenden desde la escuela hasta en los productos culturales que consumimos.

-La conexión entre sus dos novelas podría ser la violencia, machista o de ETA, y el silencio que se crea en torno a ella.

-Es un tema que siempre me ha preocupado. Yo escribo sobre lo que me incomoda y crea malestar. La conexión tiene que ver con el silencio individual y colectivo, el aislamiento y la incomunicación que crea, y nos lleva a encerrarnos en nosotros mismos y no encontrar las herramientas para nombrar lo que nos está pasando.

-Alicia no se lo cuenta a nadie.

-A mí me interesa mucho cómo la violencia, cualquier tipo de violencia, nos aboca al silencio. Las víctimas de maltrato, ya sea físico o psicológico, sobre todo mujeres fuertes e independientes como Alicia, sienten una profunda vergüenza, incluso consigo mismas. Reconocer que eres débil, vulnerable, que te has sometido a ese tipo de humillaciones es terrible y contarlo significa hacerlo tangible. Dar ese paso es muy complicado. A veces es una persona que tienes cerca la que te lo hace ver y te puede cambiar la vida.

-A la mujer que, como Alicia, no quiere tener hijos, se la sigue mirando como a un bicho raro.

-La explicación que se da ante una mujer que no es madre es que o bien no ha podido biológicamente, y en ese caso debería adoptar para satisfacer su supuesto instinto, o no ha podido por motivos económicos. No se concibe que simplemente no desee la maternidad, te conviertes en un engendro de la naturaleza, en un bicho raro, en una egoísta.

-¿Qué le parece la gestación subrogada?

-Yo lo llamo vientre de alquiler o, más bien, mujer de alquiler. Es explotar el cuerpo de la mujer.

-Matty no se considera como un maltratador, se siente víctima.

-Sí, concibe al maltratador como alguien que pega a su mujer. Tiene una imagen de lo que debería ser Alicia, pero se va dando cuenta de que ella no coincide con esa visión. Para forzar que ese deseo se haga realidad, las únicas herramientas que encuentra son el control, la sumisión, empequeñecer a Alicia, que es un poco rarita pero ya cederá. Es consciente de que no puede traspasar la línea roja del maltrato físico. Pero el desamparo que crea el maltrato psicológico, el desprecio y la desvalorización del otro, es tremendo. Algunos lectores me han dicho que lo han pasado muy mal porque se han visto reflejados en las actitudes de Matty.

«Van a intentar parar el impulso feminista sea como sea»

Como Alicia, Portela se fue a EE.UU. a dar clases en una universidad norteamericana con 23 años. Es doctora en Literaturas Hispánicas por la Universidad North Carolina-Chapel Hill y fue profesora de literatura en Lehigh University (Pensilvania).

-En la novela cuenta casos de violaciones en la universidad estadounidense que se silencian.

-Es un problema endémico. Durante años ha estado muy silenciado, las administraciones no han querido hacerlo público por el escándalo y porque donde ocurren la mayoría de las violaciones es en las fraternidades, que son estructuras de poder tremendas. Muchos de sus alumnos ocupan puestos importantes en el mundo político y financiero y vuelven a la universidad como parte de las juntas directivas, que lo silencian y no permiten investigaciones policiales externas. Una de las cosas buenas del Me Too es que hizo más visibles las denuncias y potenció las investigaciones en

estos casos en la universidad.

-Pero los estadounidenses eligieron a un presidente machista.

-Es que Trump viene de ese mundo, yo he tenido estudiantes que podían haber sido Trump.

-Y en todo el mundo crecen la ultraderecha y el nacional-populismo, incluida España.

-Es la reacción de la gente de ultraderecha, ultraconservadora, machista, misógina, racista, elitista, a este nuevo impulso feminista, que en España es imparable por mucho que pataleen. Pero lo van a intentar parar sea como sea.

-¿Qué piensa de que haya partidos que hablen de violencia doméstica y no de género?

-Es inaceptable, porque además usan cifras falsas, manipulan la información, van a lo peor de la afectividad masculina, diciendo a los hombres no podéis permitir que os traten así estas locas feministas. Están manipulando una realidad que no se puede negar y hacerlo crea más víctimas. Al final se convierten en corresponsables de la violencia machista.

-En la novela aparece el aborto. ¿Es un derecho?

-Es un derecho fundamental de la mujer decidir sobre su propio cuerpo. Lo defiendo por cualquier motivo. Supone un dolor y un trauma tremendos, siempre tiene consecuencias físicas y psicológicas, pero es un derecho.

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Xacobe Pato

Xacobe Pato Gigirey, librero en Cronopios, escribe sobre «Formas de estar lejos», la nueva novela de Edurne Portela, que visitará Galicia este abril

Conocí a Edurne Portela con sus dos primeros libros, El eco de los disparos y Mejor la ausencia, un ensayo y una novela que indagan sobre la violencia terrorista en Euskadi. Son dos libros diferentes y deslumbrantes que parece que dialogan entre sí. Desde la publicación de ambos, su autora se ha convertido en una escritora y columnista de referencia, en una voz fresca, firme y singular que vino para quedarse. Pero también, y no menos importante, en una escritora a la que los lectores esperamos y celebramos.

Con Formas de estar lejos sigue construyendo una sólida carrera literaria explorando la violencia y las distintas maneras que tiene de expresarse y representarse. En esta novela habla de violencia de género. Sí, pero no solo, porque la violencia nunca tiene una sola cara.

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