«Bel canto»: ¡Disparen sobre el pianista!

La película de Paul Weitz protagonizada por Julianne Moore destaca por su mensaje simplón y su tono árido y soporífero

Julianne Moore interpreta a una cantante de ópera norteamericana
Julianne Moore interpreta a una cantante de ópera norteamericana

Quizá por su aura de musa elevada, por encima del bien y del mal, la divina Julianne Moore suele meterse en berenjenales pretenciosos como Bel canto. A ella, que se le perdona casi todo, cuesta creérsela en este papel de famosa cantante de ópera americana que aterriza en la fiesta de una ignota y bananera dictadura sudamericana para cantar la Rusalka de Dvorak en honor de un invitado especial, un industrial japonés multimillonario enamorado de la casta diva. Al asalto llega la guerrilla, buscando al corrupto presidente del país -que es japonés, así que el Perú de Fujimori no debe andar lejos- con la intención de utilizarlo como moneda de cambio de los rebeldes encarcelados. Pero el presidente se ha quedado en casa para ver su telenovela favorita y así, la cantante pelirroja y el empresario oriental se convierten en las estrellas de la función.

Entre los guiris anda media ONU, comandados por un negociador alemán de la Cruz Roja -Sebastian Koch- y un diplomático francés que toca el piano -ridículo Christopher Lambert-. Mientras que por la guerrilla sobresale una guerrillera enamoradiza interpretada por María Mercedes Coroy que es pura ternura partisana y que ya encarnó con indudable magnetismo de otro mundo a la intérprete y amante de Hernán Cortés en la excelente serie Malinche.

«Es ópera, así que, al final, todo el mundo muere», bromea la artista del bel canto. Y ese es el único momento inteligente de la película, junto quizá a un chiste surrealista que asocia al grupo de secuestrados y secuestradores con los burgueses encerrados de El ángel exterminador buñueliano. El resto es ramplón, adornado de inaguantable corrección y movimientos previsibles.

«¿Seguro que no dispararán?, no a todo el mundo le gusta la ópera», insiste la soprano, ganándose un puesto en el club de la comedia, justo antes de cantar -con la voz de Renée Fleming- para los militares que rodean la mansión, para los asediados y para el mundo mundial. Y todos aplauden, en una secuencia execrable. Pues hay un simplón mensaje de concordia, de oda a la belleza y a la música elevada, que resulta especialmente aberrante por el manoseo de la lucha de clases que lo acompaña. En fin, resumiendo, que la cosa es insultante, soporífera y árida de tragar.

«BEL CANTO»

EE.UU., 2018.

Director: Paul Weitz.

Intérpretes: Julianne Moore, Ken Watanabe, Sebastian Koch, María Mercedes Coroy, C. Lambert.

Drama. 101 minutos.

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