Patricio Pron: «La experiencia amorosa se ha convertido en un producto de consumo»

El autor argentino afincado en Madrid reflexiona sobre la relación amorosa en tiempos de incertidumbre en su última novela, premio Alfaguara

Patricio Pron, ganador del premio Alfaguara
Patricio Pron, ganador del premio Alfaguara

Con Mañana tendremos otros nombres, una novela sobre las relaciones amorosas en tiempos de cambio e incertidumbre, Patricio Pron (Rosario, 1975), ha ganado el Premio Alfaguara. «Uno de los temas centrales del libro es pensar lo amoroso como un ámbito de batalla, un sitio en el que se dirimen ya no solo nuestras identidades presentes sino también las futuras, las libertades, los derechos y también las limitaciones que padeceremos o disfrutaremos en los próximos años, de ahí que para mí era tan importante escribir esta novela», explica este argentino afincado en Madrid, autor de seis libros de relatos y ocho novelas.

-El jurado dijo que su libro es «la fascinante autopsia de una ruptura amorosa».

-No voy a ser yo quien los contradiga, pero sí, el libro se articula en torno a una ruptura amorosa, para a partir de la misma pensar acerca de la forma en que concebimos el ideal amoroso en este momento histórico y cuáles son los condicionantes económicos y políticos. El ideal que era la regla, el de la pareja monógama que en un momento u otro acaba reproduciéndose, ahora es la excepción. Creo que la literatura debe abordar estos momentos en los cuales no hay certezas. Esta no es una novela moral que pretende imponer en el lector un juicio definitivo acerca de cómo se debe amar a una persona o romper con ella, propone más bien, a través de un puñado de personajes, reflexionar sobre la forma en que pensamos la experiencia amorosa, que se ha convertido en un objeto de mercancía, de consumo, en nuestra sociedad.

-¿En qué sentido?

-Se pone de manifiesto en productos de consumo como la pornografía, pero también en las redes sociales y las aplicaciones para ligar, en las que las personas son consumidas o descartadas como productos. Determinadas prácticas que se dan en ese ámbito, por ejemplo no responder los mensajes de otras personas, humillarlas, enviar fotos de penes, suponen la negación de un aspecto fundamental del otro. Hay una importante labor de investigación detrás de este libro, aunque no se haga explícita, pero varios personajes hablan de estudios y estadísticas, que dicen que si bien nunca antes en la historia las personas contaron con tantas herramientas para conocer a otras e incluso intimar con ellas, nunca antes había habido tanta soledad y precariedad de los afectos. A su vez, de acuerdo con los datos que proveen las propias aplicaciones para ligar, el índice de acierto, es decir establecer una relación, es exactamente igual en el ámbito digital y en el real, que es muy bajo. Esto muestra que estas aplicaciones son utilizadas por otra razón que no es la eficacia, sino que se debe a que vivimos en un momento en el cual muchas personas están temerosas de las otras.

-¿Por qué existe ese temor?

-En la medida en que cuestiones como el consentimiento o la falta de propiedad de ciertos acercamientos se ponen en cuestión, muchas personas recurren a estas aplicaciones donde es posible establecer de antemano una especie de contrato sobre lo que se va a hacer y no se va a hacer. Lo que está motivado por el temor al otro y a que la experiencia de conocer produzca una transformación en la forma en que pensamos en nosotros mismos. De hecho, el título de la novela, que puede parecer muy enigmático, responde a esta cuestión, los nombres con los que nos sentimos interpelados y también los que nos dan los otros.

-Es una paradoja que en una época en la que se reivindica el individualismo y al libertad sexual los que deciden en estas aplicaciones son los algoritmos.

-Hay una confusión esencial, las personas creen estar eligiendo a sus eventuales parejas, pero en realidad solo escogen sobre un menú predeterminado, además por un algoritmo del que no sabemos nada, que es propiedad de alguien del que tampoco sabemos nada y cuyos intereses desconocemos. Esto supone la penetración de un criterio económico, clientelar, en un ámbito tan sensible e íntimo como son las relaciones amorosas y una cesión de lo que hasta ahora constituía una de las principales prebendas del sujeto, que era decidir con quién deseaba estar. Lo que hace interesantes y transformadoras las experiencias amorosas es lo no racional, lo no previsto. Sin embargo, en el nuevo tipo de ideal de las relaciones amorosas que se está imponiendo ahora todo lo que se supone que vas a descubrir ya ha sido dado de antemano.

«Quito de mis libros todo lo que considero superfluo»

El autor de Lo que está y no se usa nos fulminará y No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles se muestra contento, expectante y abrumado tras obtener el premio Alfaguara.

-Todo escritor tiene una responsabilidad para los libros que escribe, que consiste en obtener para ellos la caja de resonancia más importante posible, y la que proporciona este premio es extraordinaria. Estoy muy contento y a la vez intrigado por saber qué harán los lectores con el libro, ya que son ellos quienes se los apropian de una manera u otra. Y preocupado por la larga gira que tengo que afrontar por 11 países, que es una burrada. Hay una cierta asimetría entre la soledad absoluta cuando escribimos y la visibilidad brutal a la que nos exponemos al ganar un premio como este, que es un poco desconcertante.

-¿Escribir sobre el amor en estos tiempos es arriesgado?

-Sí, es un riesgo que corría como escritor. Primero, porque solo había abordado este tema de forma muy tangencial, pero también porque hay algo en la experiencia amorosa que hace que sea irreductible a la literatura. Mucho más en un momento como el presente en el que esto está cambiando radicalmente. Pero precisamente porque era dificultoso me pareció interesante.

-¿Por qué llama a los protagonistas Él y Ella y a los demás personajes con una sola letra?

-Lo que yo hago es quitar de los libros lo que es innecesario o no es sustancial. Someto a mis libros a un proceso de extracción y adelgazamiento que consiste en eliminar todo lo que considero superfluo. En ese sentido, me parecía que no hacía falta incluir los nombres, en buena medida porque las experiencias que atraviesan los personajes, que están condicionadas por el sitio en el que viven, la forma en que se relacionan con otros, las profesiones que ejercen, el condicionamiento de género y de clase, los singularizan y, a la vez, los hacen partícipes de una experiencia colectiva. Tendemos a establecer una diferencia radical entre el ámbito privado y el público pero tienden a confundirse y se condicionan el uno al otro. Al no ponerles nombre creo que existe un posibilidad mayor de que los personajes se conviertan en un espejo el lector.

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