Vargas Llosa: «El gran problema de hoy es la mentira disfrazada de verdad»

El Nobel participa en la Universidade da Coruña en un seminario sobre su obra


a coruña / la voz

La próxima semana cumplirá 83 años y lleva más de 60 escribiendo. «Trabajo todos los días, sí. Trabajo siete días por semana, doce meses al año, pero gozo mucho», aseguró ayer Mario Vargas Llosa en el Rectorado de la Universidade da Coruña, donde hoy participará en un seminario internacional sobre su obra. «Asisto con mucho temor porque los investigadores, los críticos, generalmente saben mucho más de mis libros que yo mismo, y me siento un poco intimidado», bromeó.

En apenas un cuarto de hora, el Nobel despachó sobre literatura, de ayer, hoy y mañana, pero también sobre política, e incluso sobre televisión y los nuevos modos y modelos de comunicación, información y entretenimiento. «El gran problema de nuestro tiempo no es la censura, es la mentira disfrazada de verdad», reflexionó en voz alta el escritor, para quien «la gran revolución audiovisual de nuestra época ha hecho que la censura prácticamente sea imposible».

Insistió en el impacto de las «posverdades, las mentiras que tienen apariencia de verdades, que se difunden y tienen un efecto sobre el conjunto de la sociedad». Y lo hizo a renglón seguido de rememorar sus inicios en el mundo editorial. Ahora, que está ya trabajando en una nueva novela situada en Centroamérica, «que tiene raíces históricas, pero también mucho de fantasía e imaginación», recordó que para publicar su primera ficción, La ciudad y los perros, llamó a distintas puertas, pero fue el crítico Claude Couffon -el mismo que «me cambió un final y mejoró considerablemente ese capítulo»- quien le habló de un español, Carlos Barral. «Él cambió mi historia como escritor», valoró Vargas Llosa. Agonizaban los años 50 y Barral «se entusiasmó con el libro». Tras una batalla de casi un año contra un sistema de censura que pretendía «prácticamente masacrar la novela con los cortes», su primer título salió al mercado «con solo siete frases cambiadas que en la segunda edición, Carlos Barral, que era capaz de hacer esas cosas, restauró», explicó el autor.

«La gran revolución audiovisual ha hecho que la censura sea prácticamente imposible»

Hizo pues una encendida defensa de la libertad creativa: «La censura es venenosa no solo para la literatura, sino para el arte, para la cultura en general y sobre todo para la política», dijo el narrador, para quien «existen unas leyes, unos códigos, y si algún libro delinque contra esas leyes que eso se resuelva ante el poder judicial», señaló antes de tachar de «absolutamente inaceptable» el control del pensamiento y de la cultura. «Eso envenena la cultura, la desnaturaliza profundamente. Entonces -añadió- los escritores empiezan a escribir contra la censura y eso también es una forma de desnaturalización de la libertad». Él, que se afincó en Madrid tras perder las presidenciales peruanas contra Fujimori en 1990, habló también de la situación política española hoy, que calificó de «complicada». «De todas maneras, yo soy optimista», reconsideró al recordar su primera visita al país, en 1958, cuando se encontró «una España muy distinta a la de ahora, mucho más pobre, mucho menos democrática, mucho menos abierta, mucho menos próspera, una España que no estaba integrada a Europa, sino que parecía defenderse de Europa con una serie de murallas, de fronteras muy estrictas». A su juicio, la transformación de los últimos 40 años, con la democracia «ha sido realmente extraordinaria». «Las nuevas generaciones no saben lo que tienen, no saben lo que España ha progresado desde entonces, las oportunidades que se les han abierto», concluyó.

Entusiasta de «The Wire», pero más de Malraux

La vida y la obra de Vargas Llosa, al igual que la de Gabriel García Márquez, será pronto el guion de una ficción televisiva, algo que no parece desagradarle al Nobel peruano. «Yo soy un entusiasta de las series, yo veo series y no tengo ninguna vergüenza en decir que me divierto mucho... con algunas, con las buenas», confesó ayer. Opina que son una especie de resucitación de un género antiguo, ya que «retoman una vieja tradición, que es la tradición de las novelas por entregas, las novelas del siglo XIX que escribieron grandes escritores, como Víctor Hugo o Dumas».

Aunque incluso detalló Vargas Llosa las que más le gustan, The Wire y la española La casa de papel, el escritor quiso puntualizar: «Si me dan a elegir, yo me quedo con los libros de todas maneras. Yo creo que las series, incluso siendo algunas de ellas muy buenas, muy originales, están por debajo de lo que significan los grandes libros».

Por eso, en la actualidad sobre la mesilla tiene un par de obras. «Estoy leyendo dos libros a la vez, antes no lo hacía, no era capaz», dijo. Uno de Guillermo Carnero Hoke, periodista peruano que vivió en el exilio. Se trata de una historia de Centroamérica, «un libro de fantasía del horror» en palabras de Vargas Llosa, formado por crónicas sobre los dictadores: «Fueron muchos, y siguen siendo algunos de ellos bastante feroces todavía», apuntó. Además, «releo mucho», añadió para reivindicar La condición humana. «Me deslumbró desde la primera vez que la leí. Malraux es uno de los grandes escritores del siglo XX, injustamente relegado, injustamente olvidado, yo creo que por razones políticas», opinó Vargas Llosa. Con cierta similitud con su propia biografía, recordó que el autor galo mostró en su juventud una marcada tendencia izquierdista y acabó siendo ministro de Charles de Gaulle. «Esa decisión política que caracterizó lo que hacía, lo que escribía en los últimos años, ha hecho que lo marginen mucho. Yo creo que entre las mejores novelas del siglo XX debe figurar La condición humana», insistió.

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