El concierto «fin de vida» del saxofonista Carlos Barruso

Diagnosticado de cáncer terminal, organiza su propio homenaje


a estrada / la voz

El 27 de diciembre a Carlos Barruso le diagnosticaron un cáncer de páncreas con metástasis que le afectaba el hígado y el pulmón. Cuando el médico le dio la noticia con voz apagada, él reaccionó con decisión: «Habrá que organizarse la vida», espetó.

Para cuadrar mejor sus planes necesitaba saber cuánto le quedaba. ¿Unos meses o un par de años? Sospechaba que lo primero, pero nadie quería decírselo. Hasta que con su pasmosa entereza y un apasionante proyecto en mano convenció a una doctora, que le dio el veredicto. Después de muchos rodeos y explicaciones sobre la imprecisión de los cálculos, vino a decirle que, en sus circunstancias, la esperanza de vida media suele ser de entre ocho y diez meses. Le recomendó, además, que, si quería que su proyecto llegase a buen puerto, lo llevase a cabo en marzo mejor que en abril. Carlos Barruso le quedó sinceramente agradecido.

¿Y cuál era ese proyecto que tocó a la doctora la fibra sensible? ¿Esa idea que ha hecho que hasta que las sesiones de quimioterapia se programen para que Carlos Barruso pueda dar esta noche lo mejor de sí? Pues nada más y nada menos que un concierto de «fin de vida».

Crudo título

Con este muy crudo título se presenta la actuación que el saxofonista protagonizará esta noche en el Teatro Principal de A Estrada, acompañado sobre el escenario de una treintena de músicos amigos.

Él mismo eligió el leitmotiv y se empeñó en no dulcificarlo. Los coorganizadores le sugerían algo más del tipo «fin de etapa». Pero eso no era lo que Barruso quería. No buscaba medias tintas, eufemismos ni frases confusas. Lo que quería era llamar la atención sobre su circunstancia y aprovechar para lanzar una exhortación de ánimo a las personas que puedan encontrase en una situación parecida. «Quiero lanzar un mensaje positivo, de tirar para delante y hasta que dure», corrobora.

Carlos Barruso está decidido a contagiar su optimismo. No quiere que nadie llore por él, sino que le acompañen disfrutando lo que todavía le queda de vida. «Ahora tengo 57 años y estoy en un momento bueno de mi vida, pero, si lo pienso bien, siempre he estado en un momento bueno», cuenta. «Mi madre murió, también de cáncer, cuando yo tenía 11 años. Ese sí que fue un golpe duro. Pienso en ella aún todos los días. Pero aparte de ese, no tuve más golpes serios en la vida. He trabajado como un animal, pero siempre me ha ido bien. Si echo la vista atrás siento que soy un privilegiado», explica.

Pero el mérito de Barruso no está en echar la vista atrás, sino en mirar a la muerte de frente con valentía. Esta noche tocará The Chicken como si fuera la última vez. Después, será lo que tenga que ser.

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