Marisa Paredes: «La elegancia es sensibilidad»

La actriz, que participa en A Coruña del homenaje a su pareja, Chema Prado, recuerda sus inicios y recela de la influencia de las plataformas en el futuro del cine


Ni siquiera bajo las secuelas de un accidente doméstico pierde prestancia Marisa Paredes (Madrid, 1946) que me priva de su mirada de leyenda oculta tras unas gafas oscuras, pero sí me permite disfrutar de su evocadora voz y, por supuesto, de sus opiniones y sus recuerdos. Hablamos en un hotel de A Coruña donde la actriz participa en el homenaje a su pareja desde hace más de 30 años, Chema Prado.

-A usted se la ve con cierta frecuencia por esta ciudad.

-Tengo familia a través de mi compañero. Él es gallego y a través de él he amado a Galicia.

-¿Qué le gusta más de la ciudad?

-Me gusta todo: la comida, los Cantones, la gente... tiene magia esta ciudad.

-¿La lluvia?

-La lluvia no tanto, pero prefiero el tiempo gris que el calor, que me agobia.

-Si hay un concepto que se asocia en primer lugar a Marisa Paredes es... [no me deja terminar la frase]

-Elegancia.

-¿Cómo lo consigue?

-Es algo que se lleva dentro. A los 12 años trabajé en una casa de modas como aprendiza. Ya era alta y delgada y mostraba un cierto aire de orgullo que siempre tuve. Porque al ser hija de una portera pensaba que me miraban por encima del hombro. Yo decía «se van a enterar». Y bajaba por aquella escalera como una reina. Las vecinas le decían a mi madre: «Señora Petra, pero su hija pequeña ¿qué se ha creído? Baja por la escalera como si fuera la princesa de Éboli».

-Y cuánto más se lo decían...

-Más me estiraba. La elegancia es sensibilidad. Se tiene o no se tiene.

-¿Es verdad que tuvo que hacer una huelga de hambre en su casa para poder ser actriz?

-Sí. La primera vez que me contrataron en un teatro fue porque perseveré y perseveré a la puerta hasta que una actriz que me veía todos los días me preguntó y le dije que quería dedicarme al teatro. A mi madre siempre la tuve al lado, era muy moderna. Pero mi padre era la autoridad y se negó. Decidí meterme en un cuarto y no comer. Le dije a mi padre: «En cuanto cumpla los 21 años me iré de esta casa y tú habrás perdido una hija para siempre». Y después de tres días mi padre me dejó probar.

-Y empezó en el teatro.

-Me preguntaron si lo había hecho antes y mentí, dije que sí. No lo había hecho pero sabía que podía hacerlo. Yo al teatro se lo debo todo. En la primera gira conocí el mar.

-También hizo mucho teatro en televisión, Estudio 1.

-Es que entonces la televisión era culta. Me convertí en especialista en rusos por mi alma torturada. Hacía Chejov, Ibsen, Tolstoi, Dostoievski...

-¿Ya tenía el alma torturada?

-¡Hombre, claro! Desde bien pequeña, desde los 5 años. Yo no recuerdo una infancia feliz. En casa había dramas, mi padre y mi madre se llevaban fatal. La trataba muy mal.

-Y el teatro fue una liberación.

-Naturalmente. Aunque la vida en el país era terrible. Todo el mundo tenía miedo. Y el teatro era la libertad.

-Año después vino la democracia y Almodóvar.

-Vino la democracia, la libertad y Almodóvar. La Movida fue un caldo de cultivo en el que recibíamos la libertad y la gozábamos a tope.

-¿Tenía que haber ganado Roma el Oscar?

-Yo creo que sí.

-Una película que casi todos hemos visto en la televisión.

-¡Qué pena! Es un horror. Almodóvar decía el otro día que las plataformas se están cargando el futuro del cine.

-¿Con quién le habría gustado trabajar que no trabajó?

-Con Buñuel. Y con Berlanga. Con Saura también. Y con Víctor Erice.

-¿Qué detesta de un rodaje?

-Lo que menos me gusta es la promoción. Recuerdo cuando Robert de Niro dijo que él ya no iba a participar en la promoción de sus películas. Y yo deseaba ser Robert de Niro para poder hacer lo mismo.

-¿De qué personaje se ha enamorado?

-De muchos. De casi todos. Hay que defender todos los personajes y muchos me han dejado algo. Tacones Lejanos fue mi apertura al mundo. Almodóvar ha sido la puerta de entrada al nuevo cine español. En Francia me convertí en la gran dama del cine; me cruzaba con gente que me cantaba bajito el Piensa en mí.

-Defínase en cuatro palabras.

-Uf, qué difícil. Soy impaciente e impulsiva. Tengo poca constancia pero gran fuerza interior.

-¿Cómo está viviendo el impulso feminista de estos últimos años?

-Es importantísimo. Las mujeres estamos avanzando a gran velocidad. Somos el elemento claro de una sociedad que está en efervescencia. Las mujeres han salvado este país y muchos más. Y ahora veo a muchas chicas jóvenes reivindicando sus derechos. Es una hermosura.

-Dígame una canción.

-Una de Camarón. Como el agua, por ejemplo.

-¿Qué es lo más importante en la vida?

-La honestidad.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
1 votos
Comentarios

Marisa Paredes: «La elegancia es sensibilidad»