La magia de la Ana Frank portuguesa

Hércules de Ediciones publica en gallego y castellano «El mundo en que viví», un libro clásico que la judía Ilse Losa escribió tras huir a Oporto desde la Alemania nazi

Ilse Lieblich Losa (Melle-Buer, Baja Sajonia, 1913-Oporto, 2006)
Ilse Lieblich Losa (Melle-Buer, Baja Sajonia, 1913-Oporto, 2006)

«Entre Ilse Losa y Ana Frank existe en común una misma ascendencia y un destino al que, felizmente, Ilse consiguió eludir por tener el cabello rubio y aspecto de alemana». Esto sostiene Ana Cristina Vasconcelos de Macedo, experta en la obra de Losa y que acaba de traducir al castellano O mundo em que vivi. Fue su primera novela, publicada en 1949 y que lleva 39 ediciones en portugués. Este mes llegará a las librerías la traducción al castellano y al gallego (esta a cargo de Anxo Tarrío). Las publica Hércules de Ediciones, que ha adquirido los derechos «para todo el mundo» de un texto que, explican desde el sello, «rompe barreras generacionales, enmarcándose en la tendencia de la literatura crossover, seduciendo por igual a jóvenes y adultos».

Para el crítico Américo Oliveira Santos, esta primera obra va más allá del relato autobiográfico y «trasciende su dimensión referencial para construir un mundo poderosamente mágico». La novela narra la vida de la niña judía Rose Frankfurter, desde la infancia con sus abuelos durante la Primera Guerra Mundial hasta la llegada de Hitler al poder, la persecución de la Gestapo y el exilio.

Ilse Lieblich Losa (Melle-Buer, Baja Sajonia, 1913-Oporto, 2006) tuvo que abandonar Alemania en 1934 por ser judía y después de que la Gestapo descubriera una carta que envió a una amiga en la que decía que Hitler era un asesino. Entre las razones por las que eligió Portugal, anota la traductora, hay que señalar que su hermano Ernst ya estaba afincado en Oporto como profesor de cultura judaica. Además (hasta 1936), Portugal «no exigía un visado de empleo a los extranjeros que quisieran trabajar por cuenta propia» y por lo tanto Ilse podía hacerlo sin ser considerada una refugiada o una exiliada. A ello se unía que un tío suyo, médico, también estaba en Portugal, tras haber huido de Hamburgo por «haber cometido el crimen de casarse con una mujer aria pura», contaba Ilse en una entrevista.

Losa [apellido de su marido, el arquitecto Arménio Losa] se convierte en escritora con un texto que, subraya Ana Cristina Vasconcelos, surgió, en parte, de «un conjunto de notas que Ilse escribe a petición de su médico, que la trataba de un estado de depresión y angustia».

Magisterio para ficcionar lo real

El doctor, viendo aquellos apuntes, la animó a escribir un libro. «Fue una especie de terapia. Ilse Losa se dedicó a escribir durante siete u ocho horas al día», señala esta experta, pero dejando claro que esa novela no es solo el fruto de un impulso terapéutico sino que la autora «ficciona lo real con un magisterio que hacen de este libro un romance de ‘‘características únicas en la literatura portuguesa’’, como lo clasificó, y bien clasificado, Óscar Lopes, profesor, crítico, historiador y primer lector (atento) de esta obra, cuya escritura comenzó en 1946».

La novedad de la temática sería, según Lopes, una de las claves del éxito de esta novela. Y Vasconcelos lo explica: «Habían pasado apenas cuatro años desde el final de la Segunda Guerra Mundial y seguíamos viviendo en un régimen fascista lleno de posicionamientos contradictorios o poco definidos sobre los judíos». A ello se sumaba que los portugueses llevaban más de una década «viendo pasar a millares de judíos procedentes de la Alemania nazi, muchos de ellos destacadas personalidades de las ciencias y de la cultura». Entre estos últimos, algunos se quedaron en el país como fue el caso de la pintora Gretchen Wohlwill, «que diseñó el retrato de la joven que está en la portada de las primeras ediciones de O mundo em que vivi».

Si para los lectores, el libro fue una sorpresa, según el escritor Mario Dionísio, para la historia de la literatura portuguesa, ensalza Ana Cristina Vasconcelos, supuso «una ruptura en la separación que se acostumbra a hacer entre la literatura dirigida a los adultos y la infantil. Publicado inicialmente para mayores, fue apropiado rápidamente por un público lector más joven y acabó siendo lectura obligatoria en el programa de portugués de la enseñanza básica».

Destaca asimismo que esta novela -y otras obras de la autora como Rio sem ponte y Sob céus estranhos y algunos de sus cuentos con la misma temática- «tienen algo particularmente interesante y formador: Ilse Losa intenta siempre no posicionarse ciegamente del lado de los judíos condenando a los alemanes. Al contrario, sus personajes se esfuerzan en comprender los motivos que llevan a unos y a otros a actuar de determinada forma».

Losa sentía tanta predilección por El diario de Ana Frank, que tradujo al portugués, que, revela Vasconcelos, incluso contactó con el padre de la autora para conocer algunos detalles. La Ana Frank portuguesa estaba segura de que a los jóvenes lusos les interesaría mucho su historia.

Premio Gulbenkian a toda su obra y viajes por Galicia

«‘‘El papel es más paciente que los seres humanos’’, pensaba a menudo, cuando apoyaba melancólicamente la cabeza en mis manos ciertos días en que no sabía qué hacer. Primero deseaba quedarme en casa, enseguida salir a la calle, y casi siempre seguía sentada empollando mis tribulaciones». Esto escribió Ana Frank en su diario. También Ilse Losa encontró apoyo en el papel, primero en las notas que escribía para su médico y luego en sus obras de literatura infantil, por las que recibió, en 1984, el premio Gulbenkian. Libros como Histórias quase esquecidas (1950), Rio sem ponte (1952), Aquí havia uma casa y A flor azul e outras histórias (ambos de 1955), O príncipe Nabo (1962), Na quinta das cerejeiras (1981) y Silka (1984) la convirtieron en «una de las escritoras más importantes de la literatura infantil y juvenil portuguesa», destaca Hércules de Ediciones. Ana Cristina Vasconcelos dice que además de la amistad con Eugénio de Andrade Sophia de Mello, Losa «fue la responsable de dar a conocer nombres de escritores que hoy representan un lugar relevante en la literatura infantil portuguesa», además de traducir al alemán a Fernando Lopes-Graça, Mario Dionísio o Miguel Torga.

Explica la traductora que el marido de Ilse, Arménio Losa, diseñó la casa que ambos tenían en Esposende, «donde pasaban temporadas con la familia y amigos. Era frecuente que viajaran por toda Galicia». La hija mayor del matrimonio, Alexandra, los acompañaba y recuerda esos viajes. Además, añade Vasconcelos, en algún que otro texto de la escritora «hay referencias a España, como ocurre, por ejemplo, en el cuento infantil O señor Roberto. O burro de barbas, en el que la acción se desarrolla entre España y Portugal, en la raia».

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