Antonio Banderas: «Amar a tu país no es portar la bandera, sino tener espíritu crítico»

El actor malagueño se mete en la piel del propio Almodóvar en la nueva película del director, «Dolor y gloria»


Madrid / Colpisa

Nadie para hacerlo mejor que él. Juntos quemaron las noches en el Madrid de los 80 y gracias al cineasta manchego Banderas inició una carrera internacional que hoy le ha llevado a repartir su vida entre Londres y su Málaga natal. En Dolor y gloria se mete en la piel de un director de cine hastiado por las dolencias que busca ajustar las cuentas con el pasado. Banderas hasta luce el mismo corte de pelo que Almodóvar, que estrena su película más personal el próximo 22 de marzo.

-Dice Almodóvar que usted ha sufrido tres operaciones a corazón abierto y que eso se le nota, que no es el mismo de antes.

-No fueron a corazón abierto, se hicieron con catéter. Sufrí un ataque al corazón y, desde luego, eso añade algo a tu vida. Vi la muerte de cerca. ¿Esto se va acabar así? Qué estúpido, pensé. La recuperación fue larga, pero sí, he podido usar algo de aquello para el personaje. Tampoco he querido pensar mucho. Para un actor, lo peor es tener una conciencia absoluta de lo que se está haciendo continuamente, como un ojo que te está mirando.

-Almodóvar es un director duro.

-Lo es. Pero no porque se quiera imponer o sea egoísta, sino porque quiere lo mejor de ti, en un estado puro, no permite que le engañes, que utilices trucos, tics, que tú sabes que te funcionan. Y eso es muy doloroso, porque no te puedes agarrar a nada. He visto un Almodóvar feliz que se iba aliviando según transcurría el rodaje porque había un montón de cosas que necesitaba sacárselas del pecho. Cosas que nunca había dicho.

-¿Y hablaron durante el rodaje de esos temas personales?

-Me advirtió de que el guion estaba lleno de referencias, de que iba a reconocer muchas cosas, pero no estaban depositadas en una sola persona.

-Es usted su «alter ego» en el filme, hasta lleva su ropa.

-Esa era la propuesta formal, pero me dijo que no utilizara manierismos suyos. He interpretado personajes reales, pero nunca he tenido a uno frente a mí mientras lo hacía. Muy fuerte.

-¿Usted ha vivido el sueño americano?

-Tal y como lo entendemos acabó con el asesinato de Kennedy. EE.UU. ahora mismo está viviendo una pesadilla. Trump no representa al pueblo americano. Para mí, el sueño americano se llama Stella del Carmen, mi hija, que es americana. Ella es la mejor obra que yo he hecho.

-¿Qué es para usted la marca España?

-Bueno, acepté ser embajador de ella, como otra gente con reconocimiento internacional. No sé si sirve para algo. Yo siempre he hablado de mi país con mucho cariño, pero también con sentido crítico. Amarlo no es portar la bandera y decir que todo está muy bien, sino tener un sentido crítico. También pasa con la amistad, el mejor amigo no es el que te pega palmadas en la espalda, sino el que te dice la verdad. En muchos momentos nuestro país comete errores y no somos tan buenos como creemos.

-¿Qué necesidad tiene de meterse en líos como el teatro que tiene entre manos en Málaga?

-Soy una persona hiperactiva, no lo puedo evitar. Después del ataque al corazón me dije que iba a parar, pero no puedo. Mejor morirse antes que vivir muerto.

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