Del pop al bolero: 19 emprendedores musicales gallegos buscan su hueco

Finaliza el programa «Go2Work» de la Fundación Paideia, que reunió a un variado elenco de propuestas sonoras

Presentación del proyecto Inversión en la Fundación Paideia
Presentación del proyecto Inversión en la Fundación Paideia

redacción / la voz

Emoción y vida. Esos dos vocablos fueron los más grandes de la nube de palabras que cerró la presentación de los 19 proyectos del programa Go2work de la Fundación Paidea. A través del teléfono móvil se pedía, a ellos y a todos los asistentes al acto, que resumieran qué es la música. El resultado indicaba que, en efecto, estos proyectos no son como los de otros emprendedores. Ahí se juega con algo mucho más abstracto que los balances, las cuentas de resultados, las estadísticas y los planes de márketing.

Aplicar esos conceptos de empresa a la música tiene sus dificultades. ¿Análisis de la competencia? «Hay más gente haciendo cosas parecidas a la nuestra, pero es que la mayoría estamos mezclados unos músicos con otros», indicaba Andrés Rivero de Latexo, formación inspirado en la música de percusión africana. ¿Qué decir de la financiación? El cantautor Luga no pudo contener la risa cuando la presentadora de la gala, Natalia Ferviú, le preguntó. «Esto es un yo me lo guiso y yo me lo como», resumía.

En su exposición, Luga apuntaba una característica que se repetía en muchas de los otras propuestas: la posibilidad de ampliar o reducir la formación en función del evento: «Puedo tocar solo o hacerlo con chelo, piano y percusión». Lo mismo indicaba Bea A De Estrela, otra cantautora mucho más enamorada de las emociones que desprende el son cubano y la música tradicional que de la frialdad de los números.

Considerar el público objetivo de los proyectos de los 30 años en adelante se reveló como otro de los curiosos rasgos comunes. No se pusieron sobre la mesa sonidos para adolescentes o veinteañeros. Allova, grupo de la rusa All Mikhaylova, tira hacia el pop electrónico y el trip-hop y se fija en la gente de 30 en adelante. Andhrea & The Black Cats intuían que a partir de los 35 año se encuentra el público interesado en sus aires Nueva Orleans.

En una onda stoner-rock se presentaron Radio Zapa!, con una confianza ciega en sí mismos. «La gente nos considera un oasis», decía uno de sus componentes. «Nos agradecen que existamos», añadía ufano. Igualmente abrazado al rock se encuentra Gruzz, misterioso dúo solo con bajo, batería y dos integrantes que no desvelan su rostro; Denki, donde Maritxu Alonso revisa sola el rock oscuro de los ochenta en la onda Parálisis Permanente; y Battosai, que pretende recuperar el sonido grunge e indie de los noventa.

Emoción rusa por Rosalía

Algunas de las propuestas procedían del ámbito de la música clásica. Especialmente emocionante resultó la presentación de Son Trío. La rusa Katerina Link leyó el poema de Rosalía que le hizo enamorarse de su literatura. El flechazo fue tal que ahora esos poemas renacen en un contexto neoclásico-jazz con influencias del folk y la bossanova.

Del mundo clásico proceden igualmente Inversión y Marés Sonoras. Las primeras son dos chicas de Vigo, chelista y violinista. Funden el clasicismo con la música moderna. En el caso de Marés Sonoras se «explora la musicalidad ibérica» con el cruce de una saxofonista y un percusionista especializado en el vibráfono jazz. Y, más allá de clasificaciones, se encuentra Ensamble Verxel un encuentro de música, danza y teatro que crea espectáculos específicos para el espacio en los que se van a desarrollar.

Completaron la mañana A Companhia do Ruído, de world music «sin fronteiras nin prexuízos»; el dúo Antonio Barros, que desea recuperar la esencia del bolero con composiciones en gallego; Arantxa Pérez, dueña de una frágil voz al servicio de su pop romántico; El Flop, poseedores de una mirada surrealista de la música Nítido, que expusieron efluvios psicodélicos; y Tincho Fernán, un uruguayo discípulo Jorge Drexler.

Como en un fin de máster todos expusieron lo que son y lo que pueden hacer. Con esa emoción con la se crea la música y con las ganas de que eso no solo sea su vida, sino que se pueda vivir de ello. Ahí es cuando los conceptos empresariales, que suelen repeler a los artistas, entran en juego. Para eso nació Go2Work.

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