El español Rodrigo Sorogoyen podría vivir su gran noche si su cortometraje Madre se llevase finalmente la estatuilla, aunque la competencia -Detainment, Fauve, Marguerite y Skin- es fuerte y, de hecho, no aparece entre las favoritas. No obstante, este es un formato que tradicionalmente ha gozado de una notable presencia del cine español, ya que en los últimos quince años hasta otros siete cortos han conseguido nominaciones. Nacho Vigalondo, Javier Fesser, Borja Cobeaga, Javier Recio, Esteban Crespo y Juanjo Giménez han conseguido llevar sus cintas breves hasta el mismo corazón de la industria.

Hay algunos factores coyunturales que explican cómo, paradójicamente, la crisis económica ha acabado por beneficiar al corto: hay menos dinero para financiar largometrajes -el formato casi exclusivo para las cadenas televisivas-, por lo que las historias con menos minutos tienen mayores oportunidades. Además, si antes el corto se consideraba la antesala del largo -el caso del ourensano Rodrigo Cortés es paradigmático, con el éxito de cortos como Yul y 15 días antes de rodar sus largometrajes-, cada vez hay más directores que lo usan como un medio más adecuado para la experimentación. Sorogoyen, por ejemplo, se acaba de llevar siete goyas -incluido mejor director- hace apenas unos días por su largo El reino, pero en Madre se ha permitido apostar por un único plano secuencia que sigue en todo momento a una actriz preocupada por su hijo.

En este panorama, hay una asignatura pendiente: poder exhibir los cortos.

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«Madre» o el empuje del corto español