El filme retrata el flechazo entre las mujeres en su primer día de escuela

Coixet pone el acento en la necesidad de vivir en la tolerancia

Las actrices Natalia de Molina y Greta Fernández en una escena de «Elisa y Marcela», película de Coixet que se presentó en la pasada Berlinale
Las actrices Natalia de Molina y Greta Fernández en una escena de «Elisa y Marcela», película de Coixet que se presentó en la pasada Berlinale

Redacción / La Voz

Con la historia de Elisa y Marcela, la cineasta Isabel Coixet pone el acento en la necesidad de vivir en la tolerancia. «Muchas de las cosas que damos por sentadas en el primer mundo pues no lo son tanto y creo que la tolerancia, que uno se pueda casar con una mujer, con un hombre o con una planta, con un pulpo, es fundamental», dijo estos días en la Berlinale, donde presentó el filme en competición por el Oso de Oro.

Este mismo argumento la llevó a afirmar que «la religión organizada en corporaciones es -a su entender- una de las grandes lacras de la humanidad», aunque concedió que aquel matrimonio celebrado en 1901 en la coruñesa iglesia de San Jorge, como expone al final del largometraje, nunca fue anulado por la Iglesia católica. Eso no significa que ambas pioneras de la defensa de la libertad sexual no pagaran sobradamente su audacia.

Quizá por eso insistió la realizadora barcelonesa en que el mundo es sumamente complejo, que no existen fórmulas mágicas, que no hay estándares y que la espiritualidad no es algo que tenga que estar supervisado por una organización: «Creo que la tolerancia haría la vida de la gente mucho más fácil, al menos un problema menos, que ya hay bastantes». Y dejó en el aire una advertencia: «Ciertas cosas conquistadas con mucho esfuerzo en algunos países están volviendo hacia atrás», lamentó para asegurar que «en Brasil, por ejemplo, se va a prohibir el matrimonio entre personas del mismo sexo».

La cinta -interpretada en sus roles principales por Greta Fernández (Marcela) y Natalia de Molina (Elisa)- narra cómo surge el flechazo entre ambas mujeres en su primer día de escuela y cómo se enfrentan al mundo opresivo en el que viven en aquella Galicia de inicios del siglo XX.

En todo caso, hace más de diez años que Coixet trabaja en este proyecto, cuyas dificultades de financiación casi le hacen tirar la toalla y cuya conclusión no estuvo garantizada hasta que apareció Netflix en escena. Precisamente, ella salió en defensa de la plataforma de Internet y recordó que le dieron una libertad total, que ni siquiera se pararon a valorar que la rodara en blanco y negro y que le permiten estrenarla -más allá del obligado streaming- en los cines españoles.

En coproducción con el Centro Dramático Galego, la compañía teatral A Panadaría llevó con gran éxito a escena en el 2017 la historia de Elisa e Marcela.

Las historias de mujeres fuertes, de heroínas, son consustanciales al cine de Coixet

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