El poderoso drama chino «So Long, My son» recibe la mayor ovación de una pobre sección competitiva

Nadav Lapid vuelve a convulsionar los cimientos del stablishment de Israel en la brillante «Synonymes»

Wang Xiaoshuai, entre la actriz Young Mei y el intérprete Wang Jingchun
Wang Xiaoshuai, entre la actriz Young Mei y el intérprete Wang Jingchun

Berlín / E. La Voz

Llegaba la película del chino Wang Xiaoshuai con rumores de que estábamos ante la gran película del concurso esta pobre Berlinale. Tal vez no sea esto exacto -a mí me estimula más el film marciano del canadiense Denis Côté- pero sí es verdad que en So Long, My Son construye Xiaoshuai una medida y aparentemente sencilla -y de ahí su mérito, porque articula hasta cuatro tiempos dramáticos y va administrando sus complejas claves narrativas entrelazándolas con una tersura de cine de gran orfebrería- estructura de melodrama de vuelo alto que arranca de la laguna de una tragedia de dolor insondable y va reflotando ante nosotros los elementos sumergidos por los seísmos históricos que van de la Revolución Cultural maoísta hasta el presente y por los prudentes ocultamientos de tabúes universales como la muerte, la infidelidad o la culpa.

En otras manos, los elementos argumentales que maneja So Long, My Son derivarían seguramente hacia el prontuario de navegaciones de pequeño cabotaje del folletín. Pero las esclusas que el filme va abriendo con precisión muy sabia permiten que a lo que asistamos sea al afluir de un melodrama donde las aguas van subiendo calmas. Y generan así un crecimiento de la intensidad de las emociones que llega por la acumulación de fuerzas que van componiendo el precioso mural sobre las pasiones, sus remansos, sus resacas y paradojas con las que Wang Xiaoshuai dibuja los meandros de su coral y preciso andamiaje sentimental, que se respira como obra en torno a las oportunidades de amortiguar el dolor y de reconducir el daño inferido en acto de generosidad. Con ecos en tono menor de alguna de las últimas obras de Jia Zhang Ke, hay motivos para pensar que So Long, My Son -comprensiblemente celebrada con la mayor ovación escuchada en el Palast de Potsdamer- sería una digna ganadora de un Oso de Oro que tan pocos novias o novios con corazón artístico a la altura ha recibido en estos diez días de hambruna, cuando no de indigestiones de cine de maldad perversa como el perpetrado por la polaca oportunista Agnieszka Holland o por el alemán Fatih Akin y su desespero por llamar la atención sin escrúpulo ético de especie alguna.

 

Lapid, a la izquierda, con los actores Quentin Dolmaire y Louise Chevillotte
Lapid, a la izquierda, con los actores Quentin Dolmaire y Louise Chevillotte

La otra incorporación relevante en el tramo final de la sección oficial es la de Nadav Lapid, quien con solo tres películas -la presentada en esta Berlinale y sus anteriores Policía en Israel y The Kindergarten Teacher- se ha labrado una merecida fama de agitador con razones de peso creativo. En Synonymes -que es su primer film rodado fuera de su país, en Francia-, Lapid vuelve a poner en marcha esa coctelera que en su cine es como un dispositivo que remueve y vuelve trémulos los cimientos sobre los que se construye de manera pétrea el actual estado de Israel. Al igual que en The Kindergarten Teacher, hay un personaje disruptivo, que viene a revolucionar todos los elementos del status quo hasta ese momento racionales. Aquí es un furibundo apátrida, un israelí que aterriza en París, desnudo frente al mundo y con toda la rabia y la inquina descriptibles hacia lo que representa su país de origen. La articulación de ese protagonista hiperactivo actúa como una centrifugadora o un taladro del sionismo que él detesta. Y de ahí la dialéctica que el filme establece entre los valores de la laica Francia republicana y el cada día más teocrático y autoritario estado de Israel.Irradia Synonymes genuina provocación política y momentos de innegable brillantez en su voracidad semántica o sarcástica. Su fuerza no termina de fluir con toda aquella perturbadora naturalidad de su obra maestra The Kindergaten Teacher. Pero Lapid sigue dando razones para considerarlo altamente estimulante , mucho más en un certamen en estado casi de rigor mortis como este al que hemos sobrevivido.

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