«En los inicios con las 'performance' me agredieron más de una vez»

Fue pionera en España en los años sesenta realizando acciones, con las que «vives experiencias que ni imaginas»


Santiago / la voz

A mediados de la década de los años sesenta, Esther Ferrer (San Sebastián, 1937) comenzó a realizar performance, aunque ella se refiere mayoritariamente a ellas como acciones, convirtiéndose en una de las pioneras, y todo un referente, en España en este tipo de expresión artística. En el festival Escenas do Cambio, en la Cidade da Cultura, representó dos.

-Sigue llamándoles acciones.

-Me gusta más porque cuando yo empecé a hacer acciones no se llamaban performance. En realidad, cuando comenzamos con ZAJ, muchos le llamaban teatro musical, porque un gran número de los que empezaron con este tipo de acciones eran músicos.

-¿Por qué las «performance»?

-Participé en la primera acción en la Asociación Artística de Guipúzcoa organizada por José Antonio Sistiaga. Viviendo en San Sebastián, nosotros teníamos idea más o menos de lo que se hacía en el mundo, pero muy poquito porque la España de Franco era lo que era. Un día me dijo que venían unos amigos suyos de Madrid que hacían unas cosas muy raras y necesitaban una mujer, y pensaba que la única persona que lo podía hacer era yo. Contesté que sí. Después de terminar ese primer día, al ir a cenar, me preguntaron si quería seguir colaborando con ellos. Les respondí que sí siempre que pudiese hacer mis propias obras. Entonces, ya me lancé a inventar acciones, porque lo interesante del arte es poder inventar algo.

-¿Cómo recuerda esos inicios?

-Eso fue en San Sebastián, y unos meses después estuvimos en Bilbao. La gente decía: «¿Pero esto qué es? ¿Cómo se come esto?». Ahora, todo el mundo sabe lo que son las acciones. Hay algunas reacciones negativas de vez en cuando, pero son muy limitadas y siempre muy controladas, pero en la época inicial alguna gente se indignaba, chillaba, gritaba, se iba, te agredía; me agredieron más de una vez y de dos.

-Y con esas reacciones iniciales, ¿nunca pensó en dejarlo?

-No, no era todos los días. Me acuerdo perfectamente en Estados Unidos, en Alemania... La gente cree que nosotros somos más agresivos que nadie, pero no es verdad; las agresiones peores las he tenido fuera de España. Pero nunca pensé en dejarlo. El mundo de la acción me interesa, me interesa muchísimo, porque siempre hay un riesgo y me interesa vivir esa situación de riesgo. Además, llegas, haces, te vas, no quedan restos, nada más que en la mente de los que lo han visto. Bueno, ahora quedan vídeos y fotos, pero en aquella época no quedaban porque, sobre todo en España, el vídeo no existía y con una máquina de fotos había cinco personas y, por supuesto, no iban a un espectáculo con la cámara. Eso segurísimo, no entraba en la cabeza. Ahora no van si no es con una cámara de fotos. El mundo cambia y es así.

-Enterró una «performance» en Salamanca.

-Fue una de las experiencias más maravillosas que he tenido. El mundo de la acción es eso, vivir experiencias que ni tú mismo imaginabas que podían ser así. Entonces, cuando me propusieron la idea de enterrar una obra de arte, rápidamente pensé en enterrar la Performance a varias velocidades, en esa época yo ya era vieja -aunque no tanto como ahora [ríe], pero suficiente-. En ella, tenía que correr mucho y no podía hacerla como yo quería. La última vez que la hice ya tuve que parar un rato porque tenía el corazón que yo creía que me iba dar un ataque. Entonces, pensé que no la iba a hacer más. Ya la había adaptado un poco a mi edad, pero no la podía adaptar más sin cambiar el concepto y el sentido. Entonces, cuando recibí la propuesta de Salamanca, decidí hacerla por última vez. Fue genial. Había una puesta de sol maravillosa, los músicos tocando a mi lado, y luego, al enterrarla, había un ataúd y metí todo lo que usaba para la performance, y la partitura. Después, había que clavar una parte del ataúd. Un chavalito de unos 14 años me dijo si me podía ayudar. «Síííí», respondí. En un rato, estaba el ataúd rodeado de gente amartillando. Es una experiencia que siempre recordaré.

 -Más de cinco décadas creando. ¿Qué le anima a continuar?

-Es mi vida. Me gusta hacerlo y lo hago como puedo. Evidentemente, a los 81 años que tengo ahora, no lo puedo hacer exactamente igual que cuando tenía 30. Muchas performance ya no las hago o las he modificado. Pero es mi vida y lo haré hasta que pueda.

«Pararse es la muerte, y de momento no quiero»

La artista explica su concepción de la relación obra-público: «No busco la implicación del espectador. Participa si quiere, si no, no. Yo hago lo que quiero... así que los demás hagan también lo que quieran», matiza.

-Aludía a que lo interesante del arte es poder inventar algo. ¿Queda mucho margen para seguir haciéndolo?

-Creo que queda mucho margen para inventar en el arte, sobre todo, con las nuevas tecnologías. Ahí hay un campo enorme para investigar.

-¿Son el camino las nuevas tecnologías?

-Es uno de ellos. Yo soy nula para la tecnología y la empleo lo mínimo posible porque me gusta controlar todo lo que yo hago y la tecnología no puedo controlarla porque me falta conocimiento. Pero si fuera joven, seguramente, sí lo haría. Yo no me veo dentro de la tecnología hoy por hoy.

-Ha expuesto en museos, porque en su obra también hay instalaciones, fotografía... ¿Qué transfiere de unas artes a las otras?

-Cuando tengo una idea, pienso: «Cómo se declinará mejor: como una instalación, como una performance, como una foto, como una maqueta....». Hago muchísimas maquetas. Lo que pasa es que me gusta, si puedo, declinar una misma idea sobre muchas formas diferentes. El soporte cambia muchas veces la lectura de la obra. A veces descubres cosas que no habías pensado en absoluto.

-Ahora es más fácil innovar que cuando usted empezaba.

-Creo que siempre es fácil innovar en tu trabajo, encontrar tu camino. No es siempre innovar todo el día, sino que es seguir adelante. «Caminante, no hay camino, se hace camino al andar». Este poema de Machado, a mí, me influye mucho en mi vida personal. Si te paras, no hay camino; el camino lo haces tú. En arte es lo mismo. Si yo me paro, no hay camino. Entonces, como no me quiero parar -porque pararse es la muerte, y de momento no quiero-, pues sigo andando.

¿Lo de Rosalía es para tanto?

Javier Becerra
ROSALÍA ACTUANDO EN LA GALA DE LOS GOYA
ROSALÍA ACTUANDO EN LA GALA DE LOS GOYA

La cantante despierta reacciones contrapuestas. Músicos, críticos, publicistas, promotores y especialistas en moda opinan sobre el fenómeno pop del momento en España

Volvió a ocurrir. La semana pasada cuando la cantante Rosalía actuó en la gala de los premios Goya atrapó a miles y miles de persona con su particular magnetismo. No existe ninguna artista española en la actualidad que despierte tanta atención, tantos elogios y tantos rechazos. Desde varios puntos de vista, especialistas en distintos ámbitos opinan de un fenómeno.

ADRIAN VOGEL (ejecutivo discográfico y escritor): «Su actuación en los Goya fue una pretenciosa versión de Los Chunguitos. Por si teníamos dudas de a quién no representaba Rosalía, el otro día nos lo dejó claro. Tomó una canción callejera, de arrabal, y pretendió elevarla al gusto de las mentes bien pensantes de toda la vida. Lo suyo es un mal márketing. Porque el márketing se marca unos objetivos. Si el objetivo era crear un falso clima de éxito lo han logrado. Pero el buen márketing busca la rentabilidad. Y el humo es deficitario. A corto y largo plazo. El tiempo dictaminará sentencia».

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