François Ozon denuncia la pederastia en la Iglesia católica en «Por la gracia de Dios»

La china «Öndög» es un estimable cruce de «La vaquilla» y el cine de Kaurismaki trasladado a Mongolia

«Por la gracia de Dios»: un Ozon irreconocible
«Por la gracia de Dios»: un Ozon irreconocible

Berlín / E. La Voz

De lo más esperado de esta Berlinale era el filme de François Ozon, quien cada año coloca su película en uno de los tres grandes, pero que no ha rascado hasta ahora Oso, Palma ni León alguno. Podría ser que le dé por fin una alegría su denuncia de la pederastia en la Iglesia católica, un caso real en la diócesis de Lyon, en donde un sacerdote abusador en serie, vestido de boy-scout, sórdido lobo feroz en pantalón corto, ejerció su malmeter durante décadas ante el laissez faire, laissez passer del obispo. Por la gracia de Dios es una aplicada reconstrucción de la toma de conciencia de una generación de hombres traumatizados que conforman su mural de reclamación de verdad y justicia cuando ya han pasado los cuarenta. De tan impoluta, explicativa y buenrollista, a mí me parece un manual de autoayuda. Echo de menos aquella energía arrolladora y declaración de amor al periodismo de Spotlight, donde Michael Keaton y su banda ajustaban cuentas con el clero de Boston. Esto de ayer es como un Ken Loach de buen humor -todo un oxímoron- y, en ese sentido, un Ozon irreconocible. En Por la gracia de Dios, tan sin sangre, todas las señas de identidad del autor francés -el voyerismo barroco, las pasiones esquizoides o especulares, la perversión sabia de la mirada- se han quedado fuera de lo que es relato casi notarial, muy voluntarista, correcto, hasta cursi. Como con mucho miedo de haberse topado con la lglesia. Quizás por todo eso, Por la gracia de Dios tiene boletos para premio, si es que Juliette Binoche le perdona alguna vez a Ozon el agravio de haberla excluido del casting all star de divas del cine galo de sus Ocho mujeres, donde danzaban Deneuve, Huppert, Béart o Ardant pero a ella no se la invitó a la fiesta.

Posee bastante interés la china Öndög. Su premisa argumental es poderosa: el hallazgo del cadáver de una mujer asesinada en el medio de una pradera de Mongolia da lugar a una serie de situaciones entre el Berlanga de La vaquilla y un Kaurismaki de la tundra. Ese soldado sin garita que hace de retén en la inmensidad oscura, y su relación con una amazona a lo Ulan Bator, nos deparan momentos de humor saludable y una secuencia de sexo y caza de lobo -todo a la vez- magnífica. Es lástima que el filme se agote a la hora de metraje, justo cuando el cuerpo muertito llega a la morgue y la pantalla se funde. Y que Öndög se desperdigue en media hora más, innecesaria, ya desposeída de la magia de la primera parte de esta Mongolia absurda de horizontes de altiplano.

Nora Fingscheidt, en el centro, con el elenco de «System Crasher»
Nora Fingscheidt, en el centro, con el elenco de «System Crasher»

La tercera película a concurso, la alemana System Crasher, de Nora Fingscheidt, se centra en la figura de una niña de 9 años con dramático desorden mental que le provoca ataques de ira y violencia incontrolables. Me carga desde su arranque, aunque asumo que comienza tratando esta situación extrema con honestidad. Pronto deriva hacia el exceso, la tentación de varios aparentes finales tremebundos que se prolongan dos horas. Y no crean que no son sufridos estos 120 minutos porque en cada uno de ellos la protagonista, en constante griterío altisonante, convertiría por emulación a la endemoniada Linda Blair de El exorcista en Buster Keaton.

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