Eugenio Fuentes: «La novela negra sirve para hablar de la realidad pero no puede ser solo eso»

El autor habla este jueves 31 en A Coruña de «Piedras negras», en la que huye de una prosa rápida y descuidada


La narrativa de Eugenio Fuentes (Montehermoso, Cáceres, 1958) está salpicada de pequeñas sorpresas. Unas veces son los nombres de los personajes: Alkalino «ese azotacalles»; Hisopo, el avaricioso y menudo archivero. Otras la ironía: «Jinete de caballos siempre demasiado tímidos para entrar en meta los primeros» o «su nariz encofrada por la cocaína». La melancolía: «Podrían haber sido lágrimas, pero solo era vejez». El misterio: «La palabra ‘hijo’ era la última que deseaba oír, estaba llena de espinas...».

Son pasajes de su última novela, Piedras Negras (Tusquets), la séptima que protagoniza su detective Ricardo Cupido, un personaje que rompe con el típico investigador encanallado por la vida tan habitual en el género: «No parecía uno de esos detectives sagacísimos de los libros que hacían preguntas como si ya conocieran las respuestas», reflexiona Marthe, una de las protagonistas de la novela sobre la que hablará este jueves 31 de enero Fuentes en A Coruña. Será en el ciclo de Las tertulias literarias del Sky Bar (Hotel Plaza) en conversación con Javier Pintor y Fernando Ontañón. Traducido a doce idiomas, Fuentes no distingue entre los géneros literarios a la hora de escribir y considera que siempre debe primar la calidad.

-Escribe novela negra tranquila...

-No soy uno de esos escritores velocistas que solo utilizan verbos a la hora de escribir porque lo que quieren es acción por encima de cualquier otra cosa.

-¿Por qué esos curiosos nombres a los personajes?

-Siempre he trabajado los nombres en todas mis novelas. El Alkalino viene ya de viejo y decía de él Cupido que no callaba ni bajo el agua, es como aquellas pilas alcalinas. He buscado siempre un cierto simbolismo en los nombres y que concuerden con la propia proximidad.

-Arranca el libro con una búsqueda por los archivos de la documentación de un niño que no es muy de novela negra...

-Tenía miedo de que la búsqueda administrativa no resultara muy literaria. Lo habitual en el género es que en la primera página aparece un muerto y en la segunda el policía. Quería romper esa estructura que a veces cansa hasta al escritor.

-Cupido es un detective muy diferente a lo que es habitual...

-Nació tranquilo, no va repartiendo mandobles. Tiene una condición desde el principio, de la que yo me he dado cuenta después, muy galdosiana. Galdós tenía una mirada compasiva sobre la realidad, no critica los personajes, de alguna manera comprende, es tolerante con las debilidades. Y Cupido yo creo que tiene esa mirada compasiva, no juzga. Investiga la verdad pero luego que sean los jueces los que atribuyan la culpa. Nació así, diferente al tópico del detective

-¿Está cambiando la novela negra con su forma de escribir?

-Creo que sí, por lo menos lo intentado. Pero yo no puedo presumir de eso. Son los lectores los que lo tienen que decir, pero lo he intentado en todas las novelas: asumir algún riesgo, innovar un poco. Me he batido el cobre por dotarlas de una cierta calidad literaria. He intentado huir de una prosa demasiado rápida y descuidada. El género negro necesita calidad literaria para ponerse a la misma altura de cualquier otro.

-¿La maldad intoxica al escritor de novelas negras?

-No, al contrario: las novelas negras actúan como una catarsis, una purificación al ver que el mal, el daño les ha pasado a otros y tú mismo no sientes que las desgracias son solo las tuyas.

-En la trama están los atentados del Atocha del 2004. ¿Este género necesita realidad?

-Está ambientada en ese año que fue paradigmático en esta década [la de 1998 al 2008] en la que nos volvimos todos locos, toda la sociedad: pedíamos créditos, creíamos que íbamos a poder tener tres coches.... En esa locura fueron los atentados de Atocha, apareció la red social Facebook, aparecieron los GPS y el TomTom... Eso ahora parece de la Edad Media pero es del 2004. La novela negra sirve para hablar de la realidad pero no puede ser solo realidad y esto es una cosa en la que discrepo también del tópico... Ya que estamos en Galicia: igual que un mejillón no se puede describir solo describiendo la concha, que sería la realidad, sino que también tenemos que entrar en su interior, en la carne, en lo nacarado. La novela negra no puede ser solo el realismo y hablar del realismo: tiene que entrar en el yo de los personajes, que quizá es un aspecto que ha dejado un poco descuidado en la tradición de la novela negra.

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