La arena es buena gente, el legado vital de la «ética de la tierra» de Aldo Leopold

Publican en castellano «Un año en Sand County», último testamento literario del autor estadounidense que fue uno de los padres del ecologismo contemporáneo

Aldo Leopold fue ingeniero forestal, silvicultor, profesor de biología, escritor y uno de los padres del conservacionismo
Aldo Leopold fue ingeniero forestal, silvicultor, profesor de biología, escritor y uno de los padres del conservacionismo

Redacción / La Voz

Concluida unas semanas antes de su muerte, esta reunión de ensayos -Un año en Sand County- puede considerarse el gran testamento vital de Aldo Leopold (Burlington, Iowa, 1887-Madison, Wisconsin, 1948), una guía espiritual de eso que el autor llamaba su «ética de la tierra», y que, él mismo explicaba, «simplemente extiende las fronteras de la comunidad incluyendo también el suelo, el agua, las plantas y los animales, o, colectivamente, la Tierra».

Una muestra maravillosa de esta filosofía es cómo atribuye cualidades humanas a animales, plantas y ríos, un conejo epicúreo, un arbusto versado en leyes, un riachuelo holgazán... Recuerda un poco la sabiduría del cazador de la taiga de aquel bellísimo e imprescindible filme de Akira Kurosawa Dersu Uzala (1975) -resulta incomprensible que no se proyecte a los niños en todos los colegios- y que decía algo así: el sol es gente, gente muy importante, que si se muere nosotros también moriremos; la luna es gente; el fuego, el agua, la piedra y el viento son gente.

Ingeniero forestal, silvicultor, profesor de biología, escritor y uno de los padres del ecologismo y el conservacionismo contemporáneos, Leopold perfectamente podría encabezar aquella expedición del Ejército ruso para cartografiar el yermo siberiano que lideraba el capitán Vladimir Arseniev, que se rindió seducido a la asombrosa e intuitiva mirada que Dersu tendía sobre la vida salvaje y la naturaleza.

Recuerdan los editores de Errata Naturae que Leopold comprendió enseguida su lugar en el mundo, y así vivió, desde que, siendo muy joven, una loba murió en sus brazos hasta que él mismo pereció cuando trataba de apagar un incendio en el bosque. Un documental realizado en el 2011, Green Fire. Aldo Leopold and a Land Ethic for Our Time, explora su forma ver el mundo.

«Hay quien puede vivir sin lo salvaje y quien no puede», advierte en el prólogo el autor del libro, que se compone, dice, de «los deleites y dilemas de uno que no puede». Son unos textos, admite, dirigidos a quienes prefieren ver volar una bandada de gansos silvestres a sentarse frente al televisor. Cierto. Y aunque puede bien ser el lector de los primeros -de los que quieren vivir sin lo salvaje-, bastará con que tenga una mente lo suficientemente abierta para que comprenda y disfrute de esta cosmovisión tan enriquecedora y, diríase, necesaria, tal y como viajan los tiempos modernos hacia una sordera total ante el lenguaje de la naturaleza y hacia el cataclismo ecológico.

Poesía, honestidad, amor y humor, que son el alma de la excelente prosa de Leopold, convierten en muy relevantes las razones por las que las agachadizas prefieren anidar en las regiones arenosas.

Esta antología de ensayos llegó a finales de enero a las librerías de la mano del sello Errata Naturae y su imprescindible colección Libros Salvajes.

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