Ahora que festivales como el Primavera Sound ondean la bandera de la paridad, es de justicia recordar que el primer evento musical de gran formato que aplicó esa política en España fue el Noroeste. Ocurrió el año pasado. Sin montar mucho ruido y convirtiendo en una realidad lo que en otros casos se queda en meros eslóganes comerciales, se logró que las mujeres tuvieran más peso en un cartel de aplastante mayoría masculina en sus 31 años anteriores. También que muchas de ellas fuesen referentes históricos. Y que no se resintiese para nada la calidad del evento, algo que temían algunos agoreros.

Entonces se buscaba una figura definitiva. Apareció Chrissie Hynde con sus Pretenders. Un acierto artístico, que salió muy caro por las prisas de última hora. Se habían intentado otras. Una era Patti Smith, obsesión particular de la organización que ahora, al final, se subirá al escenario de la playa de Riazor. Se trata de la guinda a esa filosofía de poner a la mujer en primer plano, visibilizándola en el mundo del rock. Porque si existe alguien que rompió esquemas en un mundo regido por códigos masculinos es ella cuando lanzó el seminal Horses en 1975. Su rugido permanece intacto. Y en este momento de cambio social resulta de lo más oportuno.

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Un rugido de lo más oportuno