«Como la vida misma», cumbre de la analepsis soporífera

La película de Dan Fogelham resulta blanda, solemne y aburrida

Álex Monner y Antonio Banderas, en una escena del filme
Álex Monner y Antonio Banderas, en una escena del filme

Casi siempre, las peores películas suelen ser las más pretenciosas. Estamos ante una de esas que, además, para colmo, también es blanda, solemne y aburrida. El estrambote final, ofrecido para explicar el cruce de las dos historias paralelas que se nos cuentan, puede indignar a cualquier espectador que no sea un guionista en busca del truco perfecto para justificar sus ocurrencias sin sentido. O sea, Como la vida misma enfadará a casi todos.

La cosa comienza en Nueva York, con la historia de una joven pareja -guapos, sanos, Oscar Isaac y Olivia Wilde- que se conoce, enamora y retoza. Pero, ¡ay!, todo lo bueno dura poco: van a tener un bebé y, ya, sin muchas explicaciones, la tragedia llega de repente. La tragedia siempre tiene sus caprichos. Y esta los tiene todos. En fin, por medio de unos artríticos flashbacks y fast forwards, retrocedemos y aceleramos, hacia atrás y hacia adelante -mareante cumbre de la analepsis y lo futurible- en la historia de los enamorados. Aparece una psiquiatra -ocurrente Annette Bening- que trata a nuestro protagonista, ya ajado y barbado. E irrumpe una jovencita punk -maravillosa, pero perdida, Olivia Cooke, la tísica de Bates Motel-, retoña de la antaño feliz pareja que nos canta una deliciosa versión del Make You Feel My Love de Bob Dylan. Sí, porque la chica se llama Dylan y la banda sonora lleva casi una decena de temas del bardo de Minnesota. Se nos disculpará que no contemos la segunda parte de este delirio, ambientado en Sevilla y Carmona, con Antonio Banderas, Sergio Peris-Mencheta, Laia Costa y Álex Monner, rizando el rizo de los paralelismos cósmicos.

Aún no sabemos exactamente que se quería contar. ¿Que la vida es paradójica? ¿Que hay que vivir el momento de felicidad, mientras se pueda? Sí, algo así tiene ser, porque el personaje de Wilde nos ha dicho que la vida misma es el narrador definitivo. Debe ser cierto, aunque ese narrador omnisciente, con tantas agotadoras voces en off obsequiadas, nos ha dejado fuera de juego nada más empezar. Una ladina verborrea que no hacía más que explicarnos lo que las imágenes ofrecían, cansinamente. A eso se le llama reiteración.

Y ya, cuando la tortura ha acabado, pensamos: ¡qué desperdicio de actores!

«COMO LA VIDA MISMA» [«LIFE ITSELF»]

EE. UU.-España, 2018.

Director: Dan Fogelman.

Intérpretes: Oscar Isaac, Olivia Wilde, Olivia Cooke, Antonio Banderas, Mandy Patinkin, Annette Bening, Jean Smart, Samuel L. Jackson, Sergio Peris-Mencheta.

Drama.

117 minutos.

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